A lo largo de la historia, la palabra guerra ha estado asociada a destrucción, ciudades arrasadas y enormes pérdidas humanas. Sin embargo, existen conflictos entre países que estuvieron muy lejos de alcanzar esas dimensiones.
Algunos movilizaron soldados y buques de guerra; otros nacieron por disputas fronterizas aparentemente insignificantes. Incluso hubo uno en el que los adversarios cambiaban banderas y se dejaban botellas de licor como cortesía.
No todas fueron guerras formalmente declaradas ni estuvieron completamente libres de víctimas. Pero comparadas con los grandes conflictos bélicos de la humanidad, pueden figurar entre las guerras más pacíficas y extrañas de la historia.
1. La Guerra del Whisky: Canadá y Dinamarca
Durante casi medio siglo, Canadá y el Reino de Dinamarca mantuvieron una disputa por la pequeña isla Hans, conocida en groenlandés como Tartupaluk, situada entre Canadá y Groenlandia.
La disputa territorial quedó pendiente cuando ambos países delimitaron su frontera marítima en 1973.
Lo extraordinario ocurrió después.
Representantes canadienses llegaban a la isla, izaban la bandera de Canadá y dejaban una botella de whisky canadiense. Posteriormente llegaban los daneses, sustituían la bandera canadiense por la de Dinamarca y dejaban una botella de schnapps.
Y así continuó durante años.
La llamada “Guerra del Whisky” nunca produjo un enfrentamiento armado. No hubo batallas ni intercambio de disparos.
Finalmente, el 14 de junio de 2022, Canadá, Dinamarca y Groenlandia alcanzaron un acuerdo para dividir la pequeña isla siguiendo una formación natural de su superficie.
El acuerdo tuvo además una consecuencia geográfica extraordinaria: Canadá y el Reino de Dinamarca pasaron a compartir una pequeña frontera terrestre.
Después de casi 50 años, la guerra de las banderas y las botellas terminó mediante diplomacia.
2. La Guerra del Cerdo: Estados Unidos y Reino Unido
En 1859, una disputa entre Estados Unidos y el Reino Unido estuvo a punto de provocar un enfrentamiento militar en las islas San Juan, situadas entre el actual estado de Washington y Canadá.
Y todo comenzó por un cerdo.
Un colono estadounidense llamado Lyman Cutlar encontró al animal, propiedad de un empleado británico, comiéndose las papas de su terreno y decidió dispararle.
El conflicto por la indemnización terminó mezclándose con una disputa mucho mayor sobre la soberanía de las islas.
Estados Unidos envió soldados. Los británicos desplegaron buques de guerra y tropas.
Durante semanas, centenares de militares de ambos países estuvieron frente a frente.
Pero los comandantes recibieron instrucciones de no disparar salvo que fueran atacados.
La batalla nunca ocurrió.
La disputa continuó diplomáticamente hasta que un arbitraje internacional concedió las islas San Juan a Estados Unidos en 1872.
La víctima más famosa de aquella denominada Guerra del Cerdo fue precisamente el cerdo que la inició.
3. La Guerra de la Langosta: Brasil y Francia
Entre 1961 y 1963, Brasil y Francia protagonizaron una peculiar crisis internacional por algo aparentemente muy distante de una guerra: langostas.
Barcos franceses pescaban estos crustáceos frente a las costas brasileñas.
Brasil consideraba que las langostas pertenecían a sus recursos de la plataforma continental y que Francia no podía explotarlas sin autorización.
Francia defendía otra interpretación.
La discusión científica y jurídica terminó escalando hasta el terreno militar.
Brasil desplegó unidades de su Armada para vigilar los barcos pesqueros y Francia llegó a enviar un destructor hacia la región.
Durante la controversia surgió incluso una discusión célebre: ¿las langostas nadaban o caminaban por el fondo marino?
La respuesta tenía implicaciones sobre el argumento jurídico utilizado para determinar quién podía explotarlas.
Pese a la tensión diplomática y al despliegue naval, Brasil y Francia no terminaron enfrentándose en una batalla.
La llamada Guerra de la Langosta concluyó mediante negociaciones.
4. La Guerra de Aroostook: una frontera sin definir
Entre 1838 y 1839, Estados Unidos y el territorio británico que posteriormente formaría parte de Canadá protagonizaron una seria disputa por la frontera entre Maine y Nuevo Brunswick.
Ambos reclamaban una extensa zona territorial.
La tensión llevó a movilizar milicias y tropas. Se construyeron fortificaciones y durante meses existió el temor de que estadounidenses y británicos terminaran enfrentándose.
Sin embargo, la llamada Guerra de Aroostook nunca se convirtió en una guerra convencional entre ambos ejércitos.
Finalmente prevaleció la negociación.
La disputa territorial terminó siendo solucionada mediante el Tratado Webster-Ashburton de 1842, que estableció gran parte de la frontera entre Estados Unidos y las posesiones británicas en Norteamérica.
Hubo incidentes y muertes indirectamente relacionadas con aquella crisis, por lo que no puede considerarse completamente incruenta, pero nunca ocurrió la gran batalla que muchos temían.
5. La Guerra del Perro Callejero
Probablemente ninguna de estas historias tenga un comienzo tan extraño como el enfrentamiento ocurrido entre Grecia y Bulgaria en 1925.
Según la versión popular que terminó dando nombre al episodio, un soldado griego cruzó accidentalmente la frontera mientras perseguía a un perro que se había escapado.
El incidente desencadenó disparos y posteriormente una incursión griega en territorio búlgaro.
A diferencia de la Guerra del Whisky o la Guerra del Cerdo, aquí sí hubo enfrentamientos y víctimas mortales.
Pero el conflicto duró apenas unos días.
La Sociedad de Naciones intervino rápidamente y exigió un alto el fuego y la retirada de las fuerzas griegas. Grecia terminó retirándose y posteriormente tuvo que pagar una indemnización.
Por eso este episodio debe entenderse como el menos “pacífico” de nuestra lista: hubo muertos, pero la intervención internacional impidió que un incidente fronterizo relativamente pequeño terminara convertido en una guerra mucho mayor.
Cuando la diplomacia pudo más que las armas
Estas historias tienen algo en común.
En diferentes momentos, dos países llegaron a considerar suficientemente importante una frontera, una isla, unas langostas o incluso un incidente provocado por un animal como para movilizar soldados o defender formalmente su soberanía.
Pero también muestran que una disputa entre Estados no necesariamente tiene que terminar en una guerra devastadora.
La historia de la isla Hans probablemente sea el ejemplo más extraordinario.
Canadá y Dinamarca estuvieron enfrentados territorialmente durante casi medio siglo.
Podían haber convertido aquella pequeña roca del Ártico en un símbolo de confrontación.
Prefirieron convertirla en otra cosa:
cada vez que uno reclamaba la isla, dejaba una botella para que se la encontrara el adversario.
Y cuando finalmente decidieron terminar la disputa, hicieron algo todavía más sencillo:
se repartieron la isla y se dieron la mano.

