Ramfis y Alofoke: dos fenómenos políticos ante lo imposible

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Por Elvin Dominici

La República Dominicana ha demostrado muchas veces que los grandes cambios nacen cuando alguien se atreve a desafiar lo que parece imposible. Hoy, nuestro país vuelve a encontrarse frente a una oportunidad histórica.

Durante décadas, los partidos tradicionales han tenido la responsabilidad de conducir la nación, pero problemas como el agua potable, la educación, el empleo, la energía, el transporte, la seguridad y el alto costo de la vida siguen golpeando al pueblo dominicano.

Y hay una señal que la clase política no puede ignorar: cada vez más dominicanos se están alejando de las urnas.

La abstención en las elecciones presidenciales pasó de aproximadamente 30.4 % en 2016 a 44.7 % en 2020 y alrededor de 45.6 % en 2024. Es decir, en las últimas elecciones presidenciales casi la mitad de los ciudadanos inscritos en el padrón electoral no acudió a votar.

Ese enorme grupo no pertenece necesariamente a ningún partido ni puede considerarse automáticamente parte de una corriente política determinada. Pero su existencia plantea una pregunta que la política dominicana no puede seguir ignorando:

¿Qué tendría que ocurrir para que ese dominicano que perdió la confianza vuelva a creer y vuelva a votar?

Alofoke: una conexión directa con el pueblo

De cara a 2028 aparece Santiago Matías, conocido como Alofoke, una figura construida completamente fuera de las estructuras políticas tradicionales.

Matías desarrolló su influencia a través de la comunicación, la radio, las plataformas digitales y las redes sociales. Su lenguaje es directo, popular, controversial y, para algunos sectores, incómodo.

Pero su capacidad de convocatoria y su presencia dentro de la conversación pública dominicana son difíciles de ignorar.

Ahora ha decidido dar un paso adicional. En julio de 2026 anunció el inicio del proceso para construir su propia organización política con miras a las elecciones de 2028, rechazando incorporarse como candidato de organizaciones políticas ya existentes.

Su gran desafío será demostrar si esa enorme influencia comunicacional puede convertirse en organización política, estructura territorial y, finalmente, votos.

Ramfis: un proyecto político fuera de lo tradicional

Ramfis Domínguez Trujillo carga con un apellido vinculado a uno de los capítulos más controversiales de nuestra historia. Sin embargo, durante años ha desarrollado su propio proyecto político y ha buscado presentarse como una alternativa nacionalista frente a las estructuras tradicionales.

Uno de sus principales logros políticos ha sido la creación del Partido Esperanza Democrática (PED), reconocido oficialmente por la Junta Central Electoral mediante la Resolución 24-2023, después de cumplir los requisitos establecidos por la legislación dominicana.

Esto convirtió un proyecto nacido fuera de los principales partidos tradicionales en una organización formalmente reconocida dentro del sistema electoral dominicano.

Dos hombres diferentes, una posibilidad diferente

Alofoke y Ramfis vienen de mundos completamente distintos.

Uno posee una poderosa plataforma de comunicación y una considerable capacidad de convocatoria. El otro ha recorrido durante años el camino de construir una organización política reconocida electoralmente.

No tienen que ser iguales para trabajar por un mismo propósito.

Ese propósito debe ser la República Dominicana.

Una eventual unión entre ambos podría convertirse en algo mucho más grande que una alianza entre dos figuras. Podría representar un experimento político dirigido precisamente hacia quienes han perdido confianza en las organizaciones tradicionales.

Pero tampoco debemos engañarnos: popularidad, seguidores en las redes sociales y capacidad de convocatoria no equivalen automáticamente a votos.

Las elecciones se ganan con organización, propuestas, estructura territorial, candidatos, delegados, recursos, capacidad de movilización y, fundamentalmente, con ciudadanos dispuestos a acudir a las urnas.

Ahí estaría la verdadera prueba.

La unión que necesita el país

Dos personas tampoco pueden transformar solas una nación.

Si existe una verdadera voluntad de construir una alternativa para 2028, esta tendría que abrir las puertas a partidos minoritarios, líderes independientes y sectores de oposición dispuestos a colocar a la República Dominicana por encima de sus intereses particulares.

No se trata necesariamente de pensar igual. Se trata de encontrar coincidencias sobre los grandes problemas nacionales y presentar soluciones concretas.

Porque 2028 no debería convertirse solamente en una lucha por llegar al Palacio Nacional. También puede representar una oportunidad para recuperar la confianza de ciudadanos que han decidido permanecer fuera del proceso electoral.

La República Dominicana no necesita solamente cambiar de gobierno.

Necesita discutir hacia dónde quiere ir.

Y quizás el verdadero desafío de 2028 sea convertir lo que hoy parece imposible en una posibilidad: movilizar al ciudadano que dejó de votar, construir una alternativa política competitiva y devolverle al dominicano la convicción de que su voto todavía puede influir en el futuro de su país.

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