VISIÓN GLOBAL
Por Nelson Encarnación
En torno a la polémica que ha desatado el costo de un viaje realizado a Europa por titulares de la Junta Central Electoral se está perdiendo de vista el verdadero fondo de la cuestión, que en esencia tiene que ver con el voto de los dominicanos en el exterior en su conjunto.
Es probable que los boletos aéreos, viáticos y dietas de los funcionarios electorales que se desplazaron representen un gasto más o menos excesivo, tomando en cuenta ciertos parámetros.
Sin embargo, donde deberíamos enfocarnos es en determinar si vale la pena mantener la “conquista” del voto en el exterior, concebido como un reconocimiento a la vinculación permanente de nuestros compatriotas allende los mares.
Digo de forma tajante —y a riesgo de recibir una andanada— que, al establecer la relación costo-beneficio, el voto en el exterior representa un dispendio que valdría la pena analizar para determinar si conviene mantenerlo.
Y, a partir de lo sucedido en las pasadas elecciones de 2024, resulta más que evidente que mantener el voto en el exterior solo se justifica a partir de un populismo que, precisamente por tratarse de eso, no admitiría ningún análisis razonable.
Veamos lo que significó el voto dominicano en el exterior:
—En la Circunscripción 1, que abarca desde Orlando, en Estados Unidos, hasta Canadá, de un total de 549,553 inscritos, solo votaron 96,027, para una participación de apenas 17.47 %.
—En la Circunscripción 2, compuesta por Miami, Puerto Rico y el resto del continente americano, estaban registrados 164,795 electores, de los cuales sufragaron 31,183, equivalente al 18.92 %.
—En la Circunscripción 3, integrada por España y el resto de Europa, estaban empadronados 149,436 electores, y acudieron a las urnas 37,250, para un 24.93 %, la participación más elevada de las tres circunscripciones, pero igualmente baja.
Es decir, de manera conjunta, los dominicanos en el exterior representaban en 2024 un padrón de aproximadamente 864 mil electores, una cantidad que, si se considerara como una demarcación territorial, solo sería superada por la provincia Santo Domingo dentro del país.
La propia Junta Central Electoral informó antes de los comicios que el padrón del exterior estaba compuesto por 863,785 dominicanos habilitados para votar, frente a 7,281,763 registrados en territorio nacional.
La evidente falta de motivación para acudir a las urnas se produce a pesar del aliciente particular de las siete diputaciones de ultramar, otro sinsentido hijo también del populismo y cuya existencia, desde mi punto de vista, carece de toda lógica razonable.
Porque al final la discusión no debería limitarse a cuánto costaron unos boletos aéreos, los hoteles o los viáticos de determinados funcionarios.
La verdadera pregunta es mucho más profunda:
¿Cuánto le cuesta al Estado dominicano mantener toda la estructura electoral en el exterior y cuál es el resultado efectivo de esa inversión cuando alrededor de ocho de cada diez electores empadronados fuera del país no acuden a votar?
Ese es el debate que deberíamos estar teniendo.
No el viaje.
Analicemos…
Nelson Encarnación
VISIÓN GLOBAL
Nelsonencar10@gmail.com

