Los secretarios de Estado estadounidenses llevan mucho tiempo visitando otros países entregando y recibiendo regalos en nombre del pueblo estadounidense.
Aunque otros países han hecho regalos extravagantes a Estados Unidos, como la Estatua de la Libertad, obsequiada por Francia en 1886, o los 3000 cerezos, regalados por Japón en 1912, la tradición de intercambiar regalos no se formalizó hasta el siglo pasado.

Después de que el presidente Martin Van Buren rechazara dos caballos árabes del imán de Mascate en 1840, el presidente James Polk colaboró con el fiscal general de Estados Unidos para formalizar la entrega de obsequios por parte de los presidentes estadounidenses. Durante el siglo siguiente, los obsequios se intercambiaron principalmente entre jefes de Estado. Sin embargo, hubo ocasiones en las que un secretario de Estado de Estados Unidos conmemoró un acontecimiento con la entrega de un obsequio.
La apertura de las relaciones comerciales con Japón se conmemoró en 1860 con la entrega por parte del secretario de Estado Lewis Cass de medallas con la imagen del entonces presidente James Buchanan a los diplomáticos japoneses. Las medallas, presentadas en una elaborada caja, eran de oro, plata o bronce y se distribuyeron en función del rango oficial del destinatario.
Dean Acheson fue el primer secretario de Estado en llevar un regalo en una visita oficial, cuando en 1952 visitó Brasil para subrayar la importancia de América del Sur para Estados Unidos. Tras entregar ese primer regalo “oficial” de un alto diplomático estadounidense, Acheson dijo: “Regreso a Estados Unidos con un ánimo que no había tenido desde que asumí el cargo de Secretario de Estado”.
Cómo funciona
Cada año, el Congreso de Estados Unidos destina fondos para regalos diplomáticos. La Oficina del Jefe de Protocolo asesora al Presidente, al Vicepresidente y al Secretario de Estado sobre la selección de regalos apropiados para visitas y reuniones con líderes de países extranjeros, de conformidad con las regulaciones federales.
Cuando un ministro de Asuntos Exteriores o el jefe de Estado de otro país entrega un obsequio al Secretario de Estado, la oficina de protocolo lo somete a tasación. El Secretario de Estado solo puede conservar un obsequio si su valor es inferior a una cantidad monetaria determinada. Si supera dicha cantidad, el funcionario puede adquirir el obsequio al Gobierno de Estados Unidos por su valor de tasación.
El destino final de muchos regalos diplomáticos es el Museo Nacional de la Diplomacia Estadounidense (en inglés). Situado en el Departamento de Estado, el museo cuenta con objetos como una pluma estilográfica de oro (en inglés) que el secretario de Estado Frank B. Kellogg recibió en 1928 del alcalde de Le Havre (Francia).

La pluma estilográfica de oro se utilizó para firmar el Pacto Kellogg-Briand, que pretendía ilegalizar la guerra tras la Primera Guerra Mundial. Lleva inscrita una frase en latín que se traduce al español como “Si quiere la paz, prepárese para la paz”, un recordatorio de la importancia de la diplomacia.
También forma parte de la colección una colcha que se regaló a la secretaria de Estado Condoleezza Rice durante su visita a Liberia en 2006 con motivo de la toma de posesión de Ellen Johnson Sirleaf. Los inicios de Liberia en 1847 se inspiraron directamente en la Declaración de Independencia de Estados Unidos, y la colcha es un homenaje al papel de los Estados Unidos en la fundación de Liberia y a la tradición estadounidense de confeccionar colchas.
Lo que significa
Keith Lipert, propietario de una galería que se dedica a adquirir regalos para líderes mundiales, cree que no es su valor lo que causa mayor impresión.
Afirma que los regalos “fomentan la confianza entre las personas y les permiten contar sus historias”. “Fijan un recuerdo a un acontecimiento”, dijo.

La diplomacia estadounidense podría depender de regalos que muestren aspectos únicos de Estados Unidos. El fútbol americano, un deporte cada vez más popular en todo el mundo, inspira al secretario de Estado Marco Rubio (en inglés), gran aficionado a este deporte, a regalar a los funcionarios de otros países un balón de fútbol americano de cristal realizado por Tiffany & Co. con el Gran Sello de los Estados Unidos grabado.
Durante el primer mandato del presidente Trump, Lipert asesoró a la Casa Blanca sobre un regalo adecuado para la reina Isabel II de Gran Bretaña. Sabiendo la afición de la reina por los caballos, Lipert sugirió un caballo de peltre como forma de establecer una conexión personal.
Según Lipert, estos regalos, elegidos para decir algo sobre la cultura de un país o para ayudar a crear una relación personal, son los más diplomáticos.

