ROMA.— Ser elegido papa supone alcanzar uno de los cargos religiosos más importantes y antiguos del mundo. Algunos pontífices permanecieron décadas al frente de la Iglesia católica; otros, sin embargo, apenas tuvieron tiempo de comenzar.
A lo largo de la historia, nueve papas murieron antes de completar aproximadamente un mes de pontificado, protagonizando algunos de los períodos más breves registrados en la historia de la Santa Sede.
En varios casos llegaron al trono de San Pedro ancianos o enfermos. En otros, enfermedades infecciosas acabaron rápidamente con sus vidas. Y alrededor de algunas de esas muertes surgieron rumores que, siglos después, continúan formando parte de la historia del papado.
Las fechas antiguas pueden presentar pequeñas diferencias dependiendo de si se toma como referencia la elección, consagración o coronación. La propia relación histórica de pontífices de la Santa Sede refleja en algunos casos más de una fecha asociada al comienzo del pontificado.
Urbano VII: apenas 13 días
El récord del pontificado más breve corresponde generalmente a Urbano VII, cuyo nombre era Giambattista Castagna.
Fue elegido el 15 de septiembre de 1590 y murió el 27 de septiembre, apenas 13 días después. Las fechas están registradas oficialmente por la Santa Sede.
Enfermó de malaria poco después de su elección y ni siquiera llegó a ser coronado formalmente.
Su brevísimo pontificado dejó, sin embargo, una curiosidad histórica: se le atribuye una de las primeras medidas conocidas contra el consumo de tabaco en determinados espacios religiosos.
Bonifacio VI: alrededor de 16 días
Bonifacio VI fue elegido en abril del año 896, en uno de los períodos más turbulentos de la historia medieval del papado.
Su pontificado duró aproximadamente dos semanas.
Las fuentes históricas no permiten establecer con absoluta certeza las circunstancias de su muerte. Algunas tradiciones mencionan una enfermedad relacionada con la gota, pero no existe suficiente documentación para afirmarlo categóricamente.
Su paso por el pontificado fue tan breve que prácticamente no tuvo oportunidad de desarrollar una política propia.
Celestino IV: murió antes de ser coronado
En 1241, los cardenales eligieron a Celestino IV después de un cónclave desarrollado en condiciones extremadamente difíciles.
El nuevo papa ya se encontraba enfermo.
Su pontificado se prolongó aproximadamente dos semanas y media, dependiendo del criterio utilizado para contabilizar las fechas.
Murió antes de poder ser coronado.
Su elección ocurrió además en medio de una intensa confrontación entre el papado y el emperador Federico II, por lo que su fallecimiento volvió a dejar inmediatamente vacante la dirección de la Iglesia.
Teodoro II: unas tres semanas como papa
El pontificado de Teodoro II, en el año 897, duró aproximadamente 20 días.
Vivió durante una de las etapas más caóticas de Roma y de la historia papal.
Su breve gobierno tuvo una particular importancia porque rehabilitó la memoria del papa Formoso, cuyo cadáver había sido desenterrado y sometido a juicio durante el célebre Sínodo del Cadáver.
Teodoro II murió pocas semanas después de asumir. La causa exacta de su muerte no está establecida con seguridad.
Sisinio: llegó al pontificado gravemente enfermo
Sisinio fue elegido papa en el año 708.
Su estado de salud era extremadamente delicado. Las fuentes históricas describen que padecía una enfermedad severa que limitaba considerablemente sus movimientos.
A pesar de ello, intentó atender algunos asuntos administrativos de Roma.
No tuvo tiempo.
Murió después de aproximadamente 20 días de pontificado.
Marcelo II: 22 días
Marcelo II, nacido Marcello Cervini, fue elegido en abril de 1555.
La Santa Sede registra el comienzo de su pontificado los días 9-10 de abril y su fallecimiento el 1 de mayo de 1555.
Había llegado al cargo con problemas de salud y las intensas actividades inmediatamente posteriores a su elección contribuyeron a deteriorar aún más su condición.
Su pontificado terminó después de apenas unas tres semanas.
Marcelo II posee además una particularidad: fue uno de los últimos papas que decidió conservar prácticamente su nombre de nacimiento como nombre pontificio.
Dámaso II: 23 días
En 1048 llegó al pontificado Dámaso II.
Su permanencia fue extraordinariamente breve: aproximadamente 23 días.
Tradicionalmente se ha relacionado su muerte con la malaria, una enfermedad frecuente y peligrosa en determinadas regiones italianas durante aquella época.
También circularon posteriormente versiones sobre un posible envenenamiento, pero no existen pruebas históricas suficientes para presentar esa hipótesis como un hecho.
Pío III: menos de un mes después de Alejandro VI
La muerte de Alejandro VI, el célebre papa Borgia, abrió en 1503 una nueva elección.
El elegido fue Pío III, Francesco Todeschini Piccolomini.
Pero llegó al pontificado con una salud muy deteriorada.
La cronología oficial de la Santa Sede sitúa su elección el 22 de septiembre de 1503, con otras fechas asociadas a la toma formal del cargo, y su muerte el 18 de octubre.
Su pontificado quedó reducido a aproximadamente 26 días desde su elección.
Tras su muerte fue elegido Julio II, quien se convertiría en uno de los papas políticamente más poderosos del Renacimiento.
León XI: 27 días
El último de estos nueve casos ocurrió en 1605.
El cardenal Alessandro de' Medici fue elegido papa y adoptó el nombre de León XI.
La Santa Sede registra su elección el 1 de abril de 1605, su inicio formal también asociado al 10 de abril, y su muerte el 27 de abril.
Tenía casi 70 años.
Poco después de asumir enfermó gravemente y murió sin alcanzar siquiera un mes desde su elección.
Una época en que llegar al papado no garantizaba gobernar
Estos nueve casos muestran una realidad muy diferente de la que conocemos actualmente.
Durante buena parte de la historia, los cardenales podían elegir como papa a hombres de edad avanzada o con una salud considerablemente deteriorada. A esto se sumaban enfermedades infecciosas para las cuales todavía no existían tratamientos eficaces.
Malaria, epidemias, problemas cardiovasculares y otras enfermedades podían acabar con una vida en cuestión de días.
Las ceremonias posteriores a una elección también podían resultar físicamente agotadoras para hombres ancianos.
Por eso algunos alcanzaron la máxima autoridad de la Iglesia católica después de décadas de carrera eclesiástica, pero apenas pudieron ejercerla durante unos días.
El contraste con los pontificados más largos
La diferencia resulta extraordinaria.
Mientras Urbano VII permaneció apenas 13 días, Pío IX gobernó durante más de 31 años, convirtiéndose en el papa con el pontificado históricamente documentado más prolongado.
Juan Pablo II permaneció más de 26 años.
Entre esos extremos se encuentra buena parte de la historia del papado: hombres que dirigieron la Iglesia durante décadas y otros que murieron cuando prácticamente acababan de ser elegidos.
Los nueve protagonistas de esta historia apenas tuvieron tiempo de ocupar el trono de San Pedro.
Para algunos, ser papa fue una responsabilidad de décadas. Para estos nueve, fue un capítulo que terminó antes de completar siquiera el primer mes.

