Por: Nutrición y Desarrollo
Durante muchos años se ha repetido la idea de que cenar engorda, pero la realidad es más compleja. Lo que determina si una persona aumenta de peso no es la hora en que come, sino el total de calorías que consume y la energía que gasta a lo largo del día.
Si una persona mantiene una alimentación equilibrada y consume las calorías que su cuerpo necesita, cenar no provocará aumento de peso por sí solo. El problema suele aparecer cuando la cena es abundante, rica en alimentos ultraprocesados, bebidas azucaradas o postres, especialmente si estos excesos se repiten con frecuencia.
De hecho, saltarse la cena tampoco es la solución. En algunas personas, llegar con demasiada hambre al día siguiente puede favorecer el consumo excesivo de alimentos y dificultar el control del peso.
Los especialistas recomiendan que la última comida del día sea ligera, equilibrada y que se realice, de ser posible, entre dos y tres horas antes de acostarse. Una cena saludable puede incluir verduras, proteínas magras como pollo o pescado, huevos, legumbres o una porción moderada de carbohidratos integrales.
También es importante recordar que el aumento de peso depende de otros factores como la actividad física, el descanso, el estrés, la edad y algunas condiciones de salud.
La mejor estrategia no consiste en eliminar la cena, sino en aprender a elegir mejor los alimentos y controlar las porciones. Una alimentación saludable se construye con buenos hábitos durante todo el día, no con decisiones aisladas.
Conclusión
La cena, por sí sola, no engorda. Lo que realmente influye en el peso corporal es el equilibrio entre lo que comemos, cuánto nos movemos y el estilo de vida que mantenemos. Elegir una cena saludable puede contribuir tanto al control del peso como a una mejor calidad del sueño y al bienestar general.

