Por: Maylene Cotto Andino
Internacionalizar sin renunciar al español: construir una universidad abierta al mundo, orgullosa de su identidad y preparada para dialogar con el conocimiento global.
En un mundo en el que la investigación, la innovación y el conocimiento atraviesan fronteras a una velocidad extraordinaria, la República Dominicana tiene ante sí un desafío estratégico: fortalecer la internacionalización de sus universidades sin renunciar al español, uno de sus principales activos culturales y de cooperación internacional. No se trata de elegir entre dos lenguas, sino de aprovechar sus posibilidades para ampliar las oportunidades académicas, científicas y profesionales del país.
El inglés constituye una herramienta esencial para acceder a publicaciones científicas, participar en congresos internacionales, desarrollar proyectos conjuntos y establecer alianzas con universidades de otros continentes. Su dominio facilita, además, la movilidad de estudiantes, docentes e investigadores y refuerza la competitividad de los profesionales dominicanos en un mercado laboral cada vez más interconectado. En consecuencia, el aprendizaje del inglés debe entenderse como una inversión estratégica en educación, ciencia, innovación y desarrollo nacional.
Sin embargo, conviene distinguir entre enseñar inglés e internacionalizar una universidad. La verdadera internacionalización no consiste únicamente en impartir asignaturas en una lengua extranjera, recibir estudiantes de otros países o traducir los contenidos de una página web. Significa incorporar una dimensión internacional a la docencia, la investigación, la transferencia del conocimiento y la gestión universitaria. Requiere establecer alianzas duraderas, impulsar proyectos científicos compartidos, facilitar la movilidad académica y construir redes de cooperación que permitan a las instituciones dominicanas participar activamente en los grandes debates científicos, tecnológicos, culturales y sociales de nuestro tiempo.
Esta aspiración encuentra un fundamento jurídico en la Ley núm. 139-01, de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, promulgada en 2001. Su artículo 3 establece que el sistema de educación superior debe responder a las transformaciones de los contextos nacional e internacional. Asimismo, los artículos 7 y 11 ofrecen un marco para comprender la educación superior como un ámbito de formación, desarrollo del conocimiento científico y tecnológico, preservación de la cultura nacional y entendimiento entre los pueblos. Estos principios constituyen una base pertinente para promover una universidad dominicana abierta al mundo, comprometida con la excelencia académica y consciente de su responsabilidad cultural y social.
Pero la internacionalización también debe ser inclusiva. Si el dominio del inglés amplía las oportunidades académicas y profesionales, las universidades y las administraciones públicas deben procurar que la formación lingüística de calidad esté al alcance de estudiantes de diferentes procedencias socioeconómicas. Las becas, los programas de idiomas, los recursos digitales y las oportunidades de movilidad deben formar parte de una política que no convierta la capacidad económica de las familias en un factor determinante del futuro académico. La internacionalización debe ser una oportunidad compartida, no un privilegio reservado a quienes pueden costear una formación adicional.
Ahora bien, defender el inglés no significa subordinar el español. La República Dominicana forma parte de una extensa comunidad internacional de hablantes de español y mantiene vínculos históricos, culturales, educativos y científicos con América Latina, el Caribe y España. Esta realidad representa una ventaja que debe aprovecharse para impulsar proyectos conjuntos, programas de intercambio, publicaciones académicas y redes de investigación capaces de fortalecer el Espacio Iberoamericano del Conocimiento.
El español no debe considerarse un obstáculo para la internacionalización, sino un instrumento de cooperación y proyección cultural. Las universidades dominicanas pueden publicar sus investigaciones en inglés para ampliar su difusión internacional y, al mismo tiempo, comunicar sus resultados en español para acercar el conocimiento a los profesionales, las administraciones públicas, las empresas y la ciudadanía. Ambas funciones son complementarias y contribuyen a fortalecer la relevancia social de la investigación universitaria.
Esta visión también es coherente con la Declaración Universal de la UNESCO sobre la Diversidad Cultural (2001), cuyo artículo 5 relaciona los derechos culturales con la diversidad cultural y cuyo artículo 6 subraya la importancia de la diversidad lingüística y del aprendizaje de varias lenguas. Desde esta perspectiva, la excelencia internacional no exige uniformidad lingüística, sino la creación de condiciones para que diferentes comunidades puedan participar en la producción, la difusión y el aprovechamiento del conocimiento.
En el ámbito europeo e internacional, las alianzas universitarias ofrecen oportunidades para compartir recursos, desarrollar programas conjuntos y conectar equipos docentes e investigadores. La República Dominicana puede fortalecer sus relaciones con universidades europeas, latinoamericanas, norteamericanas, africanas y asiáticas mediante políticas lingüísticas flexibles, adaptadas a las características de cada proyecto. El inglés puede actuar como lengua de trabajo común cuando resulte conveniente, mientras que el español y otras lenguas pueden facilitar formas de cooperación igualmente valiosas.
Para avanzar en esta dirección, las universidades dominicanas deberían reforzar la formación en inglés de estudiantes, docentes e investigadores; ofrecer oportunidades para desarrollar competencias lingüísticas antes de exigirlas en programas internacionales; promover publicaciones científicas tanto en español como en inglés; ampliar las alianzas interuniversitarias; y facilitar la participación en proyectos de investigación y movilidad académica. También resulta necesario evaluar los resultados de estas políticas mediante indicadores que permitan medir su impacto científico, educativo y social, así como su accesibilidad y continuidad.
El Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCyT), en el marco de sus competencias y de sus iniciativas de formación, puede desempeñar un papel relevante en el impulso de estas oportunidades. Para ello, es fundamental que los objetivos de internacionalización se acompañen de planificación, financiación y mecanismos de evaluación. La formación lingüística, la preparación del profesorado, el apoyo a los estudiantes internacionales y la elaboración de materiales docentes multilingües requieren recursos sostenidos y una colaboración efectiva entre las instituciones.
La República Dominicana no tiene que elegir entre su identidad lingüística y su apertura internacional. Necesita universidades capaces de investigar en español, comunicarse en inglés y construir puentes con otras lenguas y culturas. Una política universitaria inteligente debe convertir el aprendizaje de idiomas en una herramienta para ampliar las oportunidades, fortalecer la investigación y contribuir al desarrollo del país.
Porque una universidad verdaderamente internacional no es la que renuncia a su identidad para entrar en el mundo, sino la que fortalece sus capacidades para contribuir a transformarlo.

