Por: Nicolás Arroyo Ramos
Alcaldes de ciudades importantes de la República Dominicana lograron ganar sus respectivas posiciones en distintos lugares del país, especialmente en la región del Cibao, al construir una retórica de mentiras en contra de quienes dirigían los gobiernos locales, muchos de estos con capacidad probada, imagen de eficiencia y con respeto ganado, y recursos de engaños, prometiendo que serían capaces, eficientes y visionarios para gestionar el desarrollo social, económico, cultural y turístico de sus respectivas demarcaciones.
En cada conversación cotidiana, reunión partidaria, encuentro con comunitarios, intervención en los medios de comunicación —programas de radio, programas de televisión, visitas a periódicos, escritos en redes sociales—, entre otros, sacaban a relucir de forma recurrente su supuesta “capacidad, liderazgo y transparencia” para gerenciar el desarrollo integral de esas ciudades y su transformación, modernización y organización en los diversos órdenes.
Desde la oposición, vendieron la idea y prometieron organizar el tránsito en las calles y avenidas del casco urbano, las urbanizaciones y los barrios periféricos para convertirlas en ciudades modelos, organizadas y organizadas, alegando una supuesta capacidad gerencial, visión de progreso que no han logrado demostrar a lo largo de tres años, donde el avance nadie lo ha visto en ningún sector, con calles llenas de basura, hoyos y totalmente descuidadas.
El tema de que serían cercanos al pueblo, discurso que utilizaban con frecuencia para descalificar a quienes dirigían y supuestamente eran altaneros y estaban lejos de los comunitarios, hace tiempo que lo llevaron a descansar al cementerio. Igual ocurre con aquella promesa de que encabezarían gestiones transparentes y rindiendo cuentas permanentes a las instituciones y al pueblo; penosamente, nadie lo ha visto.
Aunque algunos crean que el pueblo es tonto, especialmente en la región del Cibao y ciudades como Santiago, Moca, La Vega, San Francisco de Macorís, entre otras, podrán darse cuenta de que no, solo al analizar que los votantes de estas demarcaciones cambian con facilidad y no le deben fidelidad electoral a nadie. Los datos de los más recientes procesos están a la vista y podrán consultarlos.
Cuando los moradores de estas comunidades del Cibao notan que quienes dirigen o han dirigido las alcaldías nada cumplieron con las expectativas creadas, terminan dándole un voto de castigo y sacándole del poder, tras considerarse timados, engañados o estafados. Es que, penosamente, han estado haciendo todo lo contrario a lo que prometieron.
Todo fue una retórica de engaños y mentiras para sacar a los que estaban, muchos haciéndolo bien, otros regular y también muchos malísimo, para confundir al pueblo… Deben saber quienes dirigen las alcaldías en distintos pueblos de la región del Cibao que los votantes de estas localidades cambian con frecuencia y resuelven. Lo que prometieron, algo les espera.

