Por: Nicolás Arroyo Ramos
El río Moca dejó de ser hace tiempo la principal fuente de abastecimiento de agua potable de la comunidad para convertirse en un gran foco de contaminación urbana.
La crueldad humana, la contaminación por basura, los desechos de aguas negras e industriales provocaron la destrucción de la vida del que fuera un especial pulmón ecológico de la comunidad.
El deterioro progresivo, abusivo, inhumano y cruel del río Moca ha dejado como consecuencia que por su cauce ya no corra el agua abundante y cristalina de antes.
Los abundantes charcos y frondosos árboles desaparecieron y solo quedaron en los recuerdos y en la memoria de generaciones que vivieron una niñez y juventud de una época dorada.
Duele mucho que el tema del río Moca, ante su inminente desaparición física, llame poco la atención de las autoridades y de instituciones representativas de la comunidad.
Es un compromiso de las autoridades del Gobierno, legisladores, alcaldes, instituciones que promueven el desarrollo provincial, ambientalistas y ecologistas, periodistas y comunicadores, y de la población en general.
Salvar el río Moca es un gran desafío. Corresponde a todos trabajar para que vuelva a tener la vida de antes.

