¿Te ha ocurrido que piensas en comprar unos zapatos, cambiar de automóvil o viajar a determinado lugar y, poco después, comienzan a aparecer anuncios relacionados en tu celular? La coincidencia puede resultar tan sorprendente que surge una pregunta inevitable: ¿cómo sabe mi dispositivo lo que estoy pensando?
Aunque parezca que la tecnología tiene la capacidad de leer nuestra mente, la explicación es diferente y está relacionada con la enorme cantidad de información que dejamos mientras utilizamos Internet.
Cada búsqueda, video que observamos, publicación que visitamos o producto que consultamos puede convertirse en una señal sobre nuestros intereses. Al combinar esas señales, los sistemas publicitarios pueden realizar predicciones sorprendentemente precisas.
Tu teléfono no necesita leer tu mente
Las plataformas digitales utilizan algoritmos capaces de analizar patrones de comportamiento.
Por ejemplo, una persona que consulta precios de vehículos, mira videos sobre automóviles y visita páginas de concesionarios probablemente comenzará a recibir anuncios relacionados con ese mercado.
Lo mismo puede ocurrir con viajes, ropa, restaurantes, electrodomésticos y prácticamente cualquier producto o servicio.
Lo sorprendente es que no siempre necesitamos buscar directamente aquello que termina apareciendo en nuestras pantallas.
Los sistemas también pueden utilizar información sobre nuestra actividad anterior, intereses similares a los de otros usuarios y señales procedentes de aplicaciones y sitios web.
¿Y si solamente lo pensé?
Aquí aparece uno de los aspectos más interesantes del fenómeno.
Imaginemos que una persona piensa en comprar una computadora, pero todavía no ha realizado ninguna búsqueda. Horas después, aparece un anuncio de computadoras.
La impresión inmediata puede ser que el dispositivo descubrió ese pensamiento.
Sin embargo, existen otras explicaciones.
Es posible que esa persona haya visitado anteriormente páginas relacionadas con tecnología, observado publicaciones sobre computadoras o mostrado patrones de consumo que los algoritmos relacionan con una futura compra.
También interviene un fenómeno psicológico: prestamos mayor atención a los anuncios relacionados con algo que recientemente comenzó a interesarnos, mientras ignoramos muchos otros que aparecen durante el día.
Por eso, una coincidencia llamativa no demuestra que el dispositivo haya leído nuestros pensamientos.
¿Los celulares escuchan nuestras conversaciones?
Esta es otra de las preguntas que despierta mayor preocupación.
Los teléfonos modernos disponen de micrófonos que determinadas aplicaciones pueden utilizar cuando reciben los permisos correspondientes. Los asistentes de voz también pueden permanecer atentos a palabras de activación, dependiendo de su configuración.
Sin embargo, no existe evidencia pública sólida de que las principales plataformas publicitarias necesiten escuchar permanentemente nuestras conversaciones privadas para mostrar anuncios personalizados.
Eso no significa que debamos despreocuparnos.
Una aplicación con acceso al micrófono puede representar un riesgo para la privacidad si utiliza ese permiso de manera indebida. Por esta razón, es importante revisar qué aplicaciones tienen autorización para utilizarlo.
La publicidad personalizada puede funcionar con una cantidad considerable de información sin necesidad de escuchar una sola conversación.
Las pistas que dejamos sin darnos cuenta
Nuestra actividad digital puede revelar mucho más de lo que imaginamos.
Cuando utilizamos redes sociales, tiendas virtuales, buscadores y aplicaciones, podemos generar información sobre nuestros gustos, horarios, intereses y hábitos de consumo.
Algunas plataformas también reciben datos procedentes de otras páginas o aplicaciones mediante herramientas de medición y publicidad.
La ubicación aproximada, el tipo de dispositivo y las interacciones con determinados contenidos pueden contribuir a construir perfiles publicitarios.
De esta manera, los sistemas intentan calcular qué productos podrían interesarnos y cuándo sería más probable que prestáramos atención a una oferta.
No se trata de adivinar pensamientos, sino de identificar probabilidades a partir de nuestros comportamientos.
¿Por qué a veces aparecen anuncios demasiado precisos?
La precisión de algunas recomendaciones puede producir una sensación inquietante.
Pero debemos considerar que los sistemas publicitarios realizan enormes cantidades de predicciones. Algunas fallan y pasan inadvertidas; otras coinciden con nuestros intereses y nos sorprenden.
También puede influir que varias personas compartan una vivienda, una conexión a Internet o intereses semejantes, aunque esto no significa que todas las plataformas relacionen automáticamente a quienes utilizan la misma red.
La combinación de información y coincidencias puede hacer que una publicidad parezca mucho más personal de lo que realmente es.
Cómo reducir el seguimiento publicitario
Aunque no es posible eliminar toda la recopilación de información mediante una sola configuración, existen medidas que ayudan a limitarla.
Podemos revisar los permisos de las aplicaciones, restringir el acceso innecesario al micrófono y la ubicación, desactivar opciones de personalización publicitaria y comprobar las preferencias de privacidad de nuestras cuentas.
También conviene evitar instalar aplicaciones de procedencia desconocida y prestar atención a los permisos que solicitan.
Estas acciones no impiden necesariamente que aparezcan anuncios, pero pueden reducir parte de la información utilizada para personalizarlos.
La verdadera pregunta no es si pueden leer nuestra mente
La tecnología publicitaria ha avanzado hasta el punto de anticipar ciertos intereses mediante el análisis de nuestras actividades digitales.
Por eso, cuando aparece en pantalla algo que estábamos pensando, la explicación puede encontrarse en una combinación de datos, predicciones y coincidencias.
La cuestión más importante no es si nuestros dispositivos conocen nuestros pensamientos, sino cuánta información sobre nuestra vida cotidiana estamos compartiendo sin advertirlo y quién puede utilizarla.
En una sociedad cada vez más conectada, comprender cómo funcionan estos sistemas constituye una herramienta fundamental para proteger nuestra privacidad.
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