La cruz que nos quitaron y por qué duele su ausencia en San Pedro

Fecha de publicación

Por: Víctor Manuel Grimaldi Céspedes

Duele porque estuvimos allí.

Porque bajo aquella cruz nos reunimos dominicanos que, aun viviendo lejos de su tierra, encontraron dentro de la Basílica de San Pedro una señal de su patria.

Y porque la réplica de la Cruz de la Catedral de Santo Domingo fue retirada durante la convalecencia del papa Francisco, cuando era arcipreste el cardenal Mauro Gambetti, ahora apartado de sus responsabilidades en el Vaticano y trasladado a la arquidiócesis de Chieti-Vasto.

Gambetti se fue. La pregunta por nuestra cruz permanece.

Estas fotografías conservan a la comunidad dominicana reunida en San Pedro el 12 de diciembre de 2016, durante la celebración de Nuestra Señora de Guadalupe presidida por el papa Francisco.

En una imagen desfila nuestra bandera; en la otra posamos bajo la cruz. Allí está, sobre nuestras cabezas, fijada al mármol, con su inscripción y su historia.

Como embajador de la República Dominicana ante la Santa Sede, organicé la participación de nuestros compatriotas residentes en Italia en aquella misa, celebrada a partir de las seis de la tarde en honor de la Virgen de Guadalupe, Patrona de América.

Acudieron fieles de distintas nacionalidades, comunidades latinoamericanas y representantes diplomáticos. Participé como embajador dominicano y decano del Cuerpo Diplomático de América Latina acreditado ante la Santa Sede.

Una niña y un niño dominicanos desfilaron con nuestra bandera junto a los representantes de los demás países. La fotografía conserva aquella procesión entre las columnas y los mármoles de la basílica. A la derecha aparecen nuestros colores.

Hay que haber vivido lejos de la patria para comprender lo que puede despertar una bandera. En sus pliegues caben la casa que dejamos, la voz de nuestros padres, las calles de la infancia y la mesa donde falta alguien desde que partimos. Aquella tarde, nuestros niños llevaban todo eso consigo.

Después nos reunimos bajo la cruz.

Vuelvo a mirar los rostros de la fotografía. Son compatriotas que habían construido su vida en Italia, con las exigencias del trabajo, la distancia y la adaptación a otro país. Ese día compartíamos la alegría de estar juntos y de encontrar, en el corazón del Vaticano, una referencia dominicana.

Recuerdo la cruz de caoba, su cercanía al altar de la Confesión y el texto en varios idiomas que explicaba su origen. Un peregrino podía detenerse, leer y descubrir el vínculo entre la Catedral de Santo Domingo y San Pedro.

Nosotros podíamos señalarla con orgullo: esa cruz viene de nuestra tierra.

Su presencia respondía a una voluntad expresada por san Juan Pablo II. En el Ángelus del 12 de enero de 1992, el pontífice recordó que, durante su visita a Santo Domingo, el 12 de octubre de 1984, había entregado reproducciones de la cruz de la evangelización a los presidentes de las conferencias episcopales de América. Explicó que había destinado otra al Vaticano, conservada entonces en la nave central de San Pedro.

Ese documento da a nuestra pregunta un peso que ninguna nostalgia necesita añadirle. Había una decisión pontificia, una procedencia identificada y una presencia reconocida públicamente.

¿Qué razón justificó retirarla de aquel lugar?

El retiro no puede haberse producido sin aprobación de Gambetti durante la convalecencia de Francisco. Corresponde que los responsables de la basílica expliquen y documenten las circunstancias. Una decisión sobre un símbolo de esta importancia merece algo más que el silencio.

Durante mi misión diplomática procuramos fortalecer la presencia espiritual de nuestro país en Roma.

El mosaico de Nuestra Señora de la Altagracia en los Jardines Vaticanos formó parte de ese esfuerzo. Entregué también al papa Francisco una reproducción en tela.

Cada iniciativa llevaba consigo la devoción de nuestro pueblo y el trabajo de quienes deseaban verla reconocida y preservada.

Por eso duele. Sabemos cuánto esfuerzo exige abrir un espacio para la memoria de un país. Y sabemos cuánto significa ese espacio para sus hijos cuando llegan desde lejos.

El traslado de Gambetti, anunciado oficialmente el 3 de octubre de 2026, no responde las preguntas sobre la cruz. Su salida de los cargos vaticanos deja pendiente conocer dónde se conserva, por qué fue retirada y qué autorización respaldó la decisión sobre la cruz.

Las fotografías documentan su presencia en diciembre de 2016, pero la cruz llevaba muchos años allí y permaneció durante mucho tiempo después.

Formaba parte de una memoria compartida por generaciones de dominicanos y peregrinos. Los registros de la basílica deben esclarecer cuándo, por qué y por orden de quién fue retirada.

Pedir una explicación y solicitar que vuelva a estar expuesta es un acto de respeto hacia nuestra historia, hacia la comunidad dominicana y hacia la voluntad de Juan Pablo II.

Quien administra un patrimonio religioso recibe también la responsabilidad de conservar su significado para los fieles.

Miro nuevamente las imágenes: la bandera avanza, la comunidad sonríe y la cruz está sobre nosotros. Aquella tarde quedó guardada en nuestras vidas.

Hoy falta la cruz en el lugar donde la conocimos. Queda la fotografía. Queda el documento pontificio. Queda nuestra memoria. Y queda una pregunta que seguiremos haciendo:

¿Dónde está la cruz dominicana que Juan Pablo II destinó a San Pedro?

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Víctor Manuel Grimaldi Céspedes
Víctor Manuel Grimaldi Céspedes
Víctor Manuel Grimaldi Céspedes es periodista, escritor, historiador y diplomático dominicano, con una extensa trayectoria en los medios de comunicación, la investigación histórica y el servicio público.Inició su carrera periodística a finales de la década de 1960 y ha sido columnista de importantes medios dominicanos. También ha desempeñado funciones como contralor general de la República, representante permanente de la República Dominicana ante la Organización de Estados Americanos (OEA) y embajador en distintas misiones diplomáticas.Es autor de numerosas obras sobre la historia política dominicana, entre ellas Los Estados Unidos en el Derrocamiento de Trujillo, El Diario Secreto de la Intervención Norteamericana de 1965, Tumbaron al Jefe, Golpe y Revolución y La Guerra de Pichirilo.Es columnista de El Sol de Las Américas, donde publica artículos de opinión y análisis sobre asuntos nacionales e internacionales.

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