Por Lic. César Fragoso
Asesor inmobiliario
Comprar una propiedad constituye, para muchas personas, una de las decisiones económicas más importantes de su vida. Sin embargo, antes de comenzar a buscar apartamentos, casas o proyectos inmobiliarios, existe una pregunta que considero fundamental: ¿estoy comprando para vivir o estoy comprando para invertir?
Aunque en ambos casos estamos hablando de bienes raíces, no necesariamente debemos utilizar los mismos criterios para tomar la decisión. Una propiedad excelente para vivir puede no ser la mejor inversión, mientras que una propiedad capaz de producir una atractiva rentabilidad quizás no sea el lugar que escogeríamos para establecer nuestro hogar.
Cuando compramos para vivir intervienen elementos que van mucho más allá de los números. Pensamos en nuestra familia, la cercanía del trabajo, los colegios de nuestros hijos, la seguridad, el tránsito, los espacios disponibles y hasta en ese sentimiento difícil de medir que experimentamos cuando entramos a una vivienda y pensamos: aquí me gustaría vivir.
En ese caso, nuestras preferencias personales tienen un peso importante. Quizás deseamos una habitación adicional, una cocina más amplia, un buen balcón, tranquilidad, áreas sociales o simplemente estar cerca de familiares y amigos. Son condiciones perfectamente válidas porque nosotros seremos quienes utilizaremos diariamente esa propiedad.
Pero cuando compramos para invertir debemos cambiar la forma de analizar el inmueble. La pregunta principal deja de ser solamente “¿me gusta?” y pasa a ser “¿le gustará al mercado?”. Esa diferencia, que parece pequeña, puede determinar el éxito o el fracaso de una inversión inmobiliaria.
El inversionista debe tratar de separar sus gustos personales de los gustos y necesidades del posible comprador, huésped o inquilino. Debe analizar si existe demanda, cuánto podría generar la propiedad, cuáles serían sus gastos, qué posibilidades tiene de aumentar de valor y qué tan fácil podría resultar venderla posteriormente.
He visto personas descartar buenas oportunidades de inversión porque una propiedad no reúne determinadas características que ellas consideran indispensables para vivir. También sucede lo contrario: compradores que se enamoran de un inmueble, lo adquieren supuestamente como inversión y después descubren que aquello que tanto les gustó no necesariamente es lo que busca el mercado.
Por eso, cuando el objetivo principal es invertir, los números deben ocupar un lugar fundamental. ¿Cuánto cuesta realmente la propiedad? ¿Cuánto podría producir? ¿Cuáles serán sus gastos? ¿Qué demanda existe en esa zona? ¿Cuál es su potencial de valorización?
Comprar una inversión sin hacer estas preguntas es tomar una decisión financiera utilizando principalmente las emociones.
Sin embargo, el mercado inmobiliario también nos presenta alternativas interesantes en las cuales ambos objetivos pueden encontrarse. Existen proyectos concebidos para permitir que una persona disfrute personalmente de su propiedad y, al mismo tiempo, pueda aprovechar su potencial como activo inmobiliario cuando las condiciones y el modelo de operación lo permitan.
Un ejemplo que conozco muy bien es Cruise On Land Punta Cana, un proyecto turístico-inmobiliario que integra apartamentos tipo resort, operación hotelera, entretenimiento y más de 100 atracciones y amenidades. Su concepto permite entender perfectamente cómo una propiedad puede analizarse desde el disfrute personal y también desde la perspectiva de inversión.
En un proyecto de estas características una persona puede plantearse algo que hace algunos años parecía reservado principalmente a las vacaciones: vivir donde todos quieren vacacionar o vacacionar donde todos quieren vivir.
Esa frase resume una transformación importante que estamos observando en determinados destinos turísticos de la República Dominicana.
Punta Cana, por ejemplo, no debe analizarse únicamente como un lugar para pasar unos días de vacaciones. Su desarrollo turístico e inmobiliario ha creado oportunidades para quienes desean tener una segunda vivienda, residir parte del año, adquirir una propiedad para uso vacacional o participar en modelos destinados al alquiler turístico.
Cruise On Land ayuda a ilustrar esa combinación porque su concepto contempla apartamentos dentro de un entorno turístico con parque acuático, playa artificial, lago interactivo, instalaciones deportivas, áreas de entretenimiento, experiencias gastronómicas y otros servicios.
El propietario puede valorar esas características por el disfrute que representan, pero también debe preguntarse cuánto valor pueden aportar a la demanda futura de su propiedad.
Esto no significa que todo proyecto turístico sea automáticamente una buena inversión ni que todas las propiedades deban comprarse pensando en rentarlas. Cada caso debe analizarse individualmente.
El precio, la ubicación, el desarrollador, la estructura jurídica, los gastos, la administración, la demanda y las condiciones del mercado continúan siendo elementos fundamentales antes de tomar una decisión.
Después de más de tres décadas trabajando en bienes raíces, considero que una de las preguntas más importantes que puede hacerse cualquier comprador antes de visitar una propiedad es muy sencilla:
¿Para qué estoy comprando?
La respuesta permitirá establecer prioridades y evitar que las emociones sustituyan el análisis cuando el objetivo sea invertir, o que los números nos hagan olvidar la calidad de vida cuando buscamos un hogar.
Ahora bien, ¿qué ocurre cuando encontramos una propiedad que puede cumplir ambos propósitos?
¿Preferiría usted comprar exclusivamente para vivir, exclusivamente para invertir o buscaría una propiedad que le permita disfrutarla y también obtener beneficios de ella?
Y si pudiera vivir donde todos quieren vacacionar o vacacionar donde todos quieren vivir, ¿consideraría esa posibilidad?
Me gustaría conocer su opinión y que comparta su experiencia en los comentarios.

César Fragoso
Asesor inmobiliario
cesarfragoso75@hotmail.com

