La gigantesca estatua ecuestre de Trujillo

Fecha de publicación

Por Juan Cruz Triffolio
Sociólogo – Comunicador Dominicano

El compromiso formal de erigir un gran monumento en la ciudad de San Cristóbal, cuna del llamado Perínclito y Benefactor de la Patria Nueva, en honor al sátrapa sancristobalense fue asumido en Santiago de los Caballeros, en 1944, durante la celebración del Segundo Congreso de Municipios, donde se aprobó una resolución mediante la cual los ayuntamientos del país se comprometían a contribuir económicamente con el proyecto.

La iniciativa de los áulicos y alabarderos consistió en levantar una gigantesca estatua ecuestre del generalísimo Rafael Leónidas Trujillo Molina, quien unos años antes, en 1934, había desestimado el levantamiento de un monumento laudatorio y dispuesto que los recursos económicos recolectados con ese propósito fueran utilizados en la construcción del parque o plaza central de San Cristóbal.

El artículo primero de la resolución recomendaba a todas las corporaciones municipales de la República destinar un 2 % del total de sus ingresos no especificados correspondientes al ejercicio fiscal de cada año, con el objetivo de financiar la erección del monumento.

A partir de lo establecido en el Primer Santiago de América, en el lar nativo del férreo gobernante se procedió a conformar, el 28 de marzo de 1946, el Comité Pro Monumento a la Era de Trujillo, que en su primera etapa estuvo encabezado por el licenciado Mario Abreu Penzo, gobernador civil de la provincia.

Ante la alegada lentitud del proceso y algunos detalles que merecían una explicación pública, el 19 de abril de 1949, el señor Danilo Brugal Alfáu, mediante una correspondencia, provocó que el comité diera a conocer cómo marchaba realmente el proceso de erección de la estatua.

La carta se hizo pública y motivó que los representantes de la junta ordenaran un arqueo de las cuentas correspondientes a los valores destinados al proyecto. El 23 de abril de 1949, el responsable de negocios del ayuntamiento certificó que los fondos en reserva ascendían a RD$138,178.60.

Estatua ecuestre de Trujillo en su etapa de constucción en Italia, 1957

A partir de entonces, el panorama cambió favorablemente y, con el propósito de seleccionar al escultor que realizaría el Monumento Ecuestre del Generalísimo, la Embajada Dominicana en Roma, Italia, procedió a recibir propuestas de reconocidos artistas italianos y españoles.

Entre los proponentes de mayor notoriedad se destacaron el medallista de la Santa Sede, Aurelio Mistruzzi, y otro reconocido escultor, Alessandro Monteleone, quien, interesado en obtener el contrato, elaboró una miniatura de lo que consideraba apropiado conforme a los requerimientos.

Conforme a lo expuesto por el ingeniero sancristobalense Nésto Uribe Matos en la obra Memorias de San Cristóbal, recopilación de artículos realizada por el periodista José Pimentel Muñoz, terminó siendo escogido Aurelio Mistruzzi.

En esa selección habría influido el viaje que el Generalísimo realizó a España y el Vaticano en junio de 1954, con motivo de las gestiones relacionadas con la firma del llamado Concordato.

Uribe Matos señala que, de inmediato, el anciano artista italiano comenzó a trabajar y realizó una visita a San Cristóbal en enero de 1956, con la finalidad de conocer y apreciar el lugar donde sería emplazada la obra, observar la salida y el ocaso del sol y obtener fotografías del Generalísimo a caballo.

El escultor también quedó sorprendido por el clima dominicano y, según la misma fuente, maravillado por la cerveza criolla, que consumió y obsequió en grandes cantidades durante su estadía en el hotel San Cristóbal.

De regreso a Europa, Mistruzzi visitó la ciudad de Colonia, Alemania, donde estudió la anatomía del caballo de la estatua ecuestre del rey Federico Guillermo II de Prusia, obra que consideró adecuada para sus propósitos.

Su taller en Roma comenzó a recibir visitas de diplomáticos dominicanos, estudiantes de arquitectura, pintura, canto, música y otras disciplinas. Algunos se percataron de que el corcel y el jinete proyectados para la escultura serían dos cuerpos separados.

Ante aquel detalle, afirma Uribe Matos que alguien susurró, a manera de premonición:

“Mejor, así lo apearemos más rápido”.

Casi cien mil dólares por la obra

Sobre el costo de la escultura, la fuente citada señala que el contrato fue establecido por unos 90,000 dólares.

Sin embargo, debido a las constantes quejas del artista italiano, quien consideraba que había realizado un mal negocio, fue necesario agregarle incentivos económicos hasta aproximarse a los 100,000 pesos de la época.

Una vez concluida la obra, en 1957, el imponente monumento fue colocado en la entrada principal de San Cristóbal, frente al Hotel San Cristóbal.

Sin embargo, según Nésto Uribe Matos, debido a la teatralidad y la inautenticidad que, a su juicio, caracterizaban al gobernante, Trujillo nunca se interesó en contemplarla. Cuando pasaba por el lugar al entrar a San Cristóbal, lo hacía rápidamente para dirigirse a su hacienda.

La población terminó identificando aquella gigantesca escultura simplemente como “El Caballo”.

Monumento ecuestre de Trujillo

El final del monumento

La historia de aquella estatua tendría un desenlace estrechamente vinculado con el final de la dictadura.

Pocos meses después del ajusticiamiento de Trujillo, ocurrido el 30 de mayo de 1961, específicamente en diciembre de ese mismo año, la gigantesca escultura ecuestre fue derribada por una multitud de dominicanos que reclamaba el fin de la dictadura y el establecimiento de una sociedad democrática.

El monumento que había sido concebido para glorificar al dictador terminó convertido, apenas unos años después, en uno de los símbolos materiales del régimen que una multitud quiso borrar.

La historia de “El Caballo” no es solamente la historia de una estatua. Es también la historia de cómo el poder político puede intentar convertir la admiración obligatoria en memoria permanente y de cómo, cuando ese poder desaparece, los símbolos construidos para perpetuarlo pueden tener un destino muy diferente al imaginado por sus creadores.

Lo demás, habrá que analizarlo…

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