Vivo de noche, sueño de día

Fecha de publicación

Por María Beatriz Muñoz Ruiz

Que el tiempo se detenga cada noche; que las horas sean elegantes y lentas ondas que avanzan, sin apenas ser vistas, en el lago, fruto del amor de dos cisnes enamorados que pasean invisibles bajo un techo estrellado. No deseo dormir; mi vida comienza cuando las calles descansan libres de los pasos agitados de aquellos que viven presos en el día, atados, enredados en un ciclo infinito de sueños desechados.

De día… una simple mortal, invisible, vulgar… sin desear ser más.

De noche… un alma que vuela en la oscuridad, acariciada sensualmente por Percy Shelley y atrapada entre los brazos de Lord Byron, acogiendo con agrado sus besos robados, sus labios, su mentira anunciada que me permito creer sin cuestionar nada. El villano de la historia, si la inocencia no hubiera sido borrada de mi cuerpo o simplemente deseara guardar la honra que en aquellos tiempos exigían los hipócritas.

John Keats pasea sus melancólicas palabras y recorre cada centímetro de mi cuerpo con su calma, pero Ibn Hazm me ama con su desgarradora pasión, me posee con cada declaración y me persigue con su mirada como el atributo al nombre, como alguien que nunca abandonará la batalla.

Y después de disfrutar entre las sábanas de versos y eternos ritmos de baladas, converso con Nietzsche sobre la prisión de los hombres, sobre su seguridad construida sobre una idea manipulada. A nuestra conversación se une Charles Baudelaire: cómplice, amigo, camarada… tan parecido a mí, que sus versos con mis opiniones se solapan.

Entonces paseo en la noche; Thomas Hardy me acompaña, pero es demasiado lento y no siempre estoy preparada, así que con una mirada me comprende y corro hacia la nada, hacia la mujer que me entiende como si fuera mi hermana: Emily Dickinson, aquella que apartó el mundo de su puerta creando una hermosa esencia entre aquellas paredes encerrada. Y con los dedos manchados de tinta, en pijama y algo extrañada, me pregunta: ¿Cómo puedes vivir en un mundo que no amas? ¿Cómo puedes ser dos personas tan distintas sin ser juzgada?

Yo me levanto de la cama, miro a través de su ventana y contesto: Cada día y cada noche libré mil batallas, suspiraba por un mundo inexistente, por un mar en calma; soñaba con vivir en un poema, en una de las historias narradas. Ansiaba que el mundo dejara de ser gris, que mi vida cambiara y la gente dejara de disparar a las almas. Pero comprendí que mi felicidad estaba atada a sus actos, y aquello hizo que reflexionara. Depender de seres ajenos a mi causa es estar presa sin haber deseado entrar en la batalla. Solo yo consigo darme paz; solo yo sé que mi placer acaricia mi piel sin despreciar las cicatrices que de día me dañan. Soy la misma moneda, pero con diferentes caras: sol y luna, hielo y fuego, dulce y amarga. Soy Jane Austen de día y Virginia Woolf de noche, en su habitación propia. Soy complicada, un poco loca; amo la vida, pero detesto el mundo donde se aloja. Ingratas personas…

Vivo de noche, sueño de día, sonrío aunque el mundo no me sonría; porque no espero nada, tengo todo lo que necesito bajo la luna plateada.

Populares

Podría interesarle
Relacionadas

Siempre el amor

Una reflexión de Ana Anka sobre el amor, el deseo, la pérdida y la imposibilidad de poseer completamente al otro, a partir de Cumbres Borrascosas y La agonía del Eros.

¿Por qué cada vez es más difícil comprar una vivienda en la República Dominicana?

El aumento de los costos de construcción, los terrenos, el financiamiento y la brecha entre ingresos y precios plantea nuevos desafíos para quienes buscan adquirir una vivienda.

La traición que mató al presidente

Por: Frank Hernández La historia política dominicana está marcada por...

Día de la Restauración

A propósito del 163 aniversario de la Restauración, María Hernández recuerda a sus protagonistas y reflexiona sobre la vigencia de la defensa de la soberanía nacional.

¿Es Trump el hombre correcto para gobernar a Estados Unidos? (2 de 3)

En la segunda entrega de su serie, Miguel Espaillat Grullón aborda la gestión de Donald Trump desde la perspectiva crítica del senador estadounidense Bernie Sanders.

Cuando muere un diputado, ¿a quién pertenece la curul?

El fallecimiento de un diputado abre un debate sobre quién debe ocupar su curul. Pablo Vicente cuestiona que el parentesco pueda convertirse en criterio de sustitución y propone fortalecer la legitimidad democrática del mecanismo.