Por Frank Hernández
El artista español que encontró en República Dominicana un escenario para desarrollar una de las obras murales más importantes del siglo XX en el Caribe.
Hay artistas que pasan por un país y dejan cuadros. Otros dejan escuelas, discípulos y una manera diferente de mirar la realidad. José Vela Zanetti pertenece a esa segunda categoría.
Su nombre está profundamente ligado a la historia del muralismo dominicano del siglo XX. Llegó a República Dominicana en 1939, huyendo de las consecuencias de la Guerra Civil Española, y durante los años siguientes convirtió paredes de iglesias, instituciones públicas, universidades, hospitales y edificios oficiales en grandes superficies destinadas a contar historias.

Su obra quedó vinculada inevitablemente a la época de Rafael Leónidas Trujillo, pero reducir a Vela Zanetti a esa relación sería insuficiente. Sus murales contienen religión, historia, trabajo, campesinado, ciencia, educación, libertad, identidad nacional y una permanente preocupación por la condición humana.
El resultado fue una producción artística de extraordinaria dimensión. Estudios especializados han documentado decenas de murales realizados por el artista en el país, mientras que instituciones culturales dominicanas señalan que su producción durante la Era de Trujillo superó el centenar de obras.
Un exiliado que encontró aquí su segunda patria
José Vela Zanetti nació en Milagros, Burgos, España, en 1913. La Guerra Civil Española alteró profundamente su vida y en 1939 emprendió el camino del exilio.
Ese mismo año llegó a República Dominicana.
El joven artista encontró un país gobernado por Trujillo, pero también un escenario en el que existían grandes proyectos de construcción institucional y una demanda creciente de obras monumentales.
En 1940 fue nombrado director de la Escuela Nacional de Bellas Artes, institución desde la cual tuvo contacto con una generación de artistas dominicanos y contribuyó al desarrollo de la enseñanza artística.
Su permanencia dominicana se prolongó durante aproximadamente dos décadas, aunque algunas fuentes sitúan su salida definitiva en 1957. Posteriormente continuaría su trayectoria internacional y regresaría a España.
Pintar la historia sobre las paredes
Vela Zanetti entendió el mural como algo mucho más grande que una pintura de gran formato.
Para él, la pared podía convertirse en un libro abierto.
En sus obras dominicanas aparecen acontecimientos históricos, escenas bíblicas, trabajadores, campesinos, estudiantes, científicos y personajes vinculados a la construcción de la sociedad.
Entre sus primeros grandes trabajos estuvo La construcción y destrucción del templo de Salomón, realizado en 1941 para la Logia Masónica Cuna de América.
Posteriormente desarrolló Historia de la Ciudad de Santo Domingo, obra realizada en 1944; y en 1945 pintó escenas como La concertación de la paz con el cacique Enriquillo y La creación de la Real Audiencia, vinculadas al Palacio de Justicia.
También trabajó temas relacionados con las artes escénicas, como Arlequín y máscara y Bailarina y máscara, además de escenas relacionadas con el campesinado y la producción agrícola.
Su producción fue adquiriendo así una característica fundamental: Vela Zanetti podía pasar de la Biblia a la historia dominicana, de la ciencia al trabajo agrícola, sin abandonar su lenguaje mural.
San Cristóbal: una obra monumental
Pero si existe un lugar que permite comprender la dimensión de Vela Zanetti en República Dominicana, ese lugar es San Cristóbal.
En la iglesia Nuestra Señora de la Consolación, el artista realizó un extraordinario conjunto de 26 murales, ejecutados entre finales de la década de 1940 y comienzos de la década de 1950.
Una investigación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo estudió precisamente esos 26 murales y concluyó que constituyen uno de los conjuntos más importantes de la producción dominicana del artista.
Las pinturas recorren episodios del Antiguo y el Nuevo Testamento.
Entre ellas se encuentran El entierro de San Agustín, La dormición de la Virgen, Jesús en Getsemaní, El descanso de la cruz, Jesús rescata de las aguas a Pedro, San Cristóbal, María visita a su prima Isabel, San Rafael, Jesús en la columna, La corona de la Virgen, El beso de Judas y El nacimiento.
No se trata simplemente de pinturas religiosas colocadas en las paredes de un templo.
Vela Zanetti convirtió el interior de la iglesia en una narración visual.
Las escenas bíblicas aparecen integradas en un espacio arquitectónico donde los personajes adquieren monumentalidad y donde la composición, el movimiento y la expresión humana producen una experiencia que trasciende la decoración.
Por esa razón, el conjunto ha sido denominado por estudiosos y escritores como la “Capilla Sixtina del Caribe”.
Santiago: la historia, el trabajo y la libertad
Otro capítulo fundamental de su trayectoria dominicana se encuentra en Santiago de los Caballeros.
En el actual Monumento a los Héroes de la Restauración, Vela Zanetti realizó una importante serie de murales durante la década de 1950.
La documentación oficial del Ministerio de Cultura señala que fueron 18 murales, aunque algunas publicaciones y estudios históricos han contabilizado de manera distinta determinadas piezas y conjuntos.
Las pinturas convierten el interior del monumento en una narración sobre el pueblo dominicano, el trabajo, la historia y las aspiraciones colectivas.
Uno de los murales más conocidos representa a un hombre musculoso que rompe unas cadenas.
La imagen tiene una enorme fuerza simbólica.
Aunque fue realizada dentro del contexto político de la época, posteriormente distintos estudiosos han interpretado esa figura como una representación de la libertad y de la aspiración de romper las ataduras que limitan al ser humano.
La propia restauración de los murales ha permitido conservar esa lectura histórica. En 2024, el Ministerio de Cultura y la Dirección General de Museos informaron sobre trabajos de restauración de ocho de estas obras.
Vela Zanetti y la sombra de Trujillo
Aquí aparece uno de los aspectos más complejos de su trayectoria.
Vela Zanetti trabajó durante la Era de Trujillo y recibió encargos vinculados a instituciones y proyectos impulsados por el régimen.
La documentación conservada por la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña muestra, incluso, cómo las pinturas murales de la iglesia de San Cristóbal fueron presentadas oficialmente en publicaciones de la época como parte de una obra patrocinada por Trujillo.
Sin embargo, la relación entre el artista y el poder político no puede analizarse solamente desde la perspectiva de los encargos oficiales.
Su obra desarrolló una dimensión propia.
En diferentes murales aparecen imágenes de trabajadores, campesinos, figuras religiosas, acontecimientos históricos y representaciones de libertad y dignidad humana.
El arte, en otras palabras, terminó adquiriendo significados que podían superar el propósito inmediato para el cual una obra había sido encargada.
Ese contraste forma parte precisamente de la riqueza histórica de Vela Zanetti.
El campesino, el trabajador y la sociedad
Uno de los rasgos más importantes de su pintura fue la presencia del ser humano común.
El campesino ocupa un lugar importante en su producción dominicana.
También aparecen trabajadores, agricultores, estudiantes y científicos.
En una sociedad esencialmente agrícola como la República Dominicana de mediados del siglo XX, aquellas figuras tenían una enorme carga social.
Vela Zanetti no necesitaba pintar únicamente a grandes personajes históricos para hablar de la historia.
Su muralismo construía así una especie de memoria colectiva sobre las paredes.
La ciencia también tuvo su mural
Su interés por representar la construcción de la sociedad lo llevó también hacia la ciencia.
En la Universidad de Santo Domingo realizó obras vinculadas con la Historia de la Medicina, la Historia de la Odontología y la Historia de las Ciencias, todas pertenecientes a la década de 1940.
Esto revela otra característica fundamental de su pensamiento artístico.
Para Vela Zanetti, la historia no estaba únicamente en las batallas y los gobiernos.
También estaba en los descubrimientos científicos, en la educación, en el trabajo y en los avances de la humanidad.
Una obra que sobrevivió al régimen
El régimen de Trujillo desapareció en 1961.
Pero las pinturas de Vela Zanetti permanecieron.
Y allí aparece una de las grandes paradojas de su legado.
Obras realizadas en un determinado contexto político sobrevivieron a ese contexto y comenzaron a ser contempladas desde nuevas generaciones y nuevas interpretaciones.
La pared dejó de pertenecer a la coyuntura.
La obra comenzó a formar parte del patrimonio.
Ese proceso explica por qué hoy Vela Zanetti puede ser estudiado simultáneamente desde la historia del arte, la historia dominicana, la memoria política y la conservación patrimonial.
El problema de la conservación
Pero el tiempo también ha sido un enemigo.
La humedad, las filtraciones, el abandono y las modificaciones arquitectónicas han puesto en riesgo algunas de sus pinturas.
En San Cristóbal, los 26 murales de Nuestra Señora de la Consolación han requerido importantes procesos de restauración. En 2012 se informó de la culminación de un amplio proceso de recuperación de las obras, después de meses de intervención especializada.
Una investigación académica realizada entre 2020 y 2022 encontró que, de los 26 murales estudiados, 10 estaban en buen estado, 14 en estado regular y 2 en mal estado de conservación.
Y el problema continúa siendo actual.
En agosto de 2026, por ejemplo, se informó sobre el riesgo que enfrentaba un mural de Vela Zanetti ubicado en el hospital Salvador B. Gautier, debido a trabajos de remozamiento del centro sanitario.
Esto demuestra que el legado del artista no está únicamente en los libros.
Está en paredes reales que necesitan protección.
El mural como memoria nacional
Vela Zanetti murió en 1999, pero su obra dominicana continúa hablando.
Habla desde las paredes de San Cristóbal, el Monumento de Santiago, edificios públicos, instituciones educativas, espacios religiosos y otros lugares donde todavía sobreviven sus pinturas.
Su obra permite mirar la República Dominicana.
Por eso, estudiar a Vela Zanetti es también estudiar una parte de la historia cultural dominicana.
Una línea de tiempo sobre Vela Zanetti en República Dominicana
1913
Nace José Vela Zanetti en Milagros, Burgos, España.
1939
Llega a República Dominicana como exiliado después de la Guerra Civil Española.
1940
Es nombrado director de la Escuela Nacional de Bellas Artes.
1941
Realiza La construcción y destrucción del templo de Salomón.
1944
Realiza Historia de la Ciudad de Santo Domingo.
1945
Desarrolla obras relacionadas con la historia colonial, las artes escénicas y otros temas sociales.
1945-1946
Trabaja murales relacionados con medicina, odontología y ciencias en la Universidad de Santo Domingo.
1948
Realiza La formación de la ciudadanía dominicana, entre otros trabajos.
1949-1950
Desarrolla el monumental conjunto de 26 murales de la iglesia Nuestra Señora de la Consolación, en San Cristóbal.
Década de 1950
Realiza los murales del Monumento a los Héroes de la Restauración de Santiago y otras obras en diferentes instituciones.
1957
Abandona República Dominicana y continúa su trayectoria artística internacional.
1999
Muere José Vela Zanetti.
2012-2013
Se realizan importantes trabajos de restauración de los murales de San Cristóbal.
2024
Se anuncian trabajos de restauración de murales de Vela Zanetti en el Monumento a los Héroes de la Restauración.
2026
Persisten los esfuerzos y las preocupaciones por la conservación de sus murales, incluyendo obras ubicadas en San Cristóbal y Santo Domingo.
Un patrimonio que no puede desaparecer
José Vela Zanetti llegó a República Dominicana como un hombre obligado por la historia a abandonar su tierra.
Aquí encontró un espacio para desarrollar su talento y terminó dejando una de las producciones murales más importantes de la historia artística dominicana.
Su obra sobrevivió al tiempo, al cambio político y a la transformación de las ciudades.
Pero sobrevivir no significa estar a salvo.
Cada mural que se deteriora, cada pintura que desaparece y cada edificio que se transforma sin tomar en cuenta su valor artístico representa una pérdida de memoria.
Vela Zanetti pintó sobre paredes, pero en realidad estaba pintando sobre el tiempo.
Y esas paredes hoy cuentan una historia que pertenece a todos los dominicanos.
Conservarlas no es solamente proteger pinturas antiguas.
Es preservar una parte de la memoria cultural de la República Dominicana.

