Por Araceli Aguilar Salgado
“La libertad se defiende con la vida, porque sin ella la vida no vale nada.” Antonia Nava de Catalán, “La Generala”
El 15 de septiembre de 2026, México vivió un momento que trascendió lo ceremonial para convertirse en declaración política y símbolo histórico. Por segunda vez consecutiva, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo apareció en el balcón central de Palacio Nacional para encabezar el 216º Grito de Independencia, consolidando su papel como la primera mujer en la historia del país en dirigir la ceremonia cívica más emblemática de la nación.
Vestida de negro con flores bordadas y portando la banda presidencial, Sheinbaum recibió el Lábaro Patrio de manos de una escolta integrada exclusivamente por mujeres cadetes del Heroico Colegio Militar. Aferrada a la bandera y al atril, con voz quebrada por la emoción, proclamó: “¡Viva México libre, independiente y soberano!”, en un contexto marcado por tensiones diplomáticas con Estados Unidos y la defensa de la soberanía nacional como eje de su discurso político.
Una arenga con nuevos protagonistas
La presidenta incluyó en sus arengas a figuras históricas que tradicionalmente habían sido relegadas: Josefa Ortiz Téllez-Girón, Leona Vicario, Gertrudis Bocanegra, Guadalupe Victoria, Vicente Guerrero y Antonia Nava “La Generala”, además de los pueblos indígenas, afromexicanos y migrantes. Con ello, buscó visibilizar el papel de las mujeres y comunidades marginadas en la construcción de la patria.

Este gesto no fue menor: en un país donde la historia oficial ha invisibilizado a las heroínas, la presidenta reivindicó su lugar en la memoria colectiva, enviando un mensaje de inclusión y justicia histórica.
Fiesta popular en el Zócalo
Más de 300 mil personas se congregaron en el Zócalo capitalino, atraídas por la música del grupo norteño Intocable y el espectáculo de fuegos artificiales que iluminó el cielo tras el Grito. La verbena popular se convirtió en un mosaico de banderas, sombreros y símbolos patrios, reforzando la identidad colectiva en torno a la independencia.
Soberanía en tiempos de tensión internacional
El discurso de Sheinbaum no fue ajeno a la coyuntura internacional. Desde mayo, tras la solicitud de extradición de funcionarios mexicanos por parte del Departamento de Justicia de Estados Unidos, la presidenta ha colocado la defensa de la soberanía en el centro de su narrativa política.
Incluso respondió a la provocación del presidente Donald Trump, quien difundió un mapa con la bandera estadounidense cubriendo México, reafirmando: “México no es ni será colonia ni protectorado de ningún país extranjero”.
Este énfasis en la soberanía se ha convertido en un hilo conductor de su gobierno, presente en conmemoraciones como el 5 de mayo, en su segundo informe presidencial y en celebraciones populares como el Mundial de fútbol.
La soberanía como eje de la Cuarta Transformación
Lo que en 2025 fue un hecho inédito, la primera mujer en dar el Grito desde Palacio Nacional, en 2026 se consolidó como parte de la vida institucional del país. El 216º Grito de Independencia no solo evocó la memoria de Hidalgo y los insurgentes, sino que proyectó un mensaje de igualdad, justicia y soberanía, enmarcado en la llamada Cuarta Transformación.
Para los mexicanos en el exterior, este acto fue un recordatorio de que la patria sigue viva en cada voz que grita “¡Viva México!”, y que la independencia no es únicamente un hecho histórico, sino una lucha permanente contra las presiones externas y las desigualdades internas.

La voz de Claudia Sheinbaum en el balcón de Palacio Nacional no fue un simple eco de la historia, sino la reafirmación de que la independencia es una tarea inacabada, que se renueva en cada generación frente a nuevos desafíos. Para quienes viven lejos de México, cada “¡Viva!” se convierte en un puente emocional que los conecta con su tierra, con sus raíces y con la certeza de que la patria sigue viva en la memoria, la dignidad y la esperanza de su pueblo.
El 216º Grito de Independencia, encabezado por Claudia Sheinbaum, fue más que una evocación insurgente: representó la convicción de que la soberanía mexicana permanece como principio irrenunciable frente a las presiones externas y las desigualdades internas. En cada “¡Viva México!” resonó la voz de un pueblo que, dentro y fuera de sus fronteras, se reconoce en la fuerza de su historia y en la esperanza de un futuro libre.
Para los mexicanos en el exterior, este acto reafirmó que la patria no se mide en kilómetros, sino en la identidad compartida y en la certeza de que la independencia es una lucha que nunca termina.
“La mujer mexicana está acostumbrada a los sacrificios y no se arredra ante los peligros.” Leona Vicario
Araceli Aguilar Salgado
Periodista, abogada, ingeniera, escritora, analista y comentarista mexicana, de Chilpancingo de los Bravo, estado de Guerrero.

