Por Nicolás Arroyo Ramos
El Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), organización política formada por el doctor Joaquín Balaguer, en 1963, mientras estaba exiliado en los Estados Unidos de Norteamérica, y que gobernara la República Dominicana durante 22 años (1966-1978 y 1986-1996), ante la realidad histórica, social, política y económica —nacional e internacional—, se enfrenta al desafío de vivir o morir, reinventarse y transformarse para readaptarse a una nueva realidad dominicana y global.
Los principales directivos de la organización representada por el “gallo colorado”, encabezados por Quique Antún, Papito Cruz, José Balaguer, Frank Martínez, Patricio Hernández y otros, —con el objetivo de frenar el avanzado proceso de desgaste institucional que en las últimas elecciones—, deberán enfrentarse al desafío y la responsabilidad histórica de recobrar la confianza perdida y los arraigos que tuvo en los distintos estamentos sociales, resultado de los desaciertos y la desconexión social, se ha disminuido en aceptación y realidad; sacarla del declive y evitar echarle más tierra para enterrarla para siempre es la obra del momento.

La mística nacionalista del ideólogo y guía de la organización, Joaquín Balaguer, deberá ser la principal fuente de inspiración de los directivos del PRSC para sacar del hoyo en que se encuentra la organización, reconectándola con una nueva realidad y las expectativas de la población, promoviendo un proyecto de nación enfocado en el amor a la patria y la defensa de la soberanía nacional —justo en un momento en que nuestra soberanía está seriamente amenazada por la inestabilidad social, política y económica del vecino Haití—; así como en la promoción del desarrollo social, económico, turístico y cultural.
“Nadie haciendo lo mismo obtendrá resultados distintos” es una máxima popular que deberán considerar los directivos del PRSC, con la finalidad de definir una línea programática acorde a su estatus —si son oposición— o gobierno, colocando en la agenda de desarrollo nacional los temas fundamentales en la sociedad dominicana y, si por el contrario, serán un partido puente, que se conformará con recibir algunos beneficios desde el poder: jamás podrán ser indiferentes a temas como relaciones dominico-haitianas, alto costo de la vida, salud, educación, inseguridad ciudadana, desempleo, energía eléctrica, seguridad alimentaria y producción agropecuaria, protección del medio ambiente y los recursos naturales, así como atención a los jóvenes, mujeres, adultos mayores, deportes, artes y culturas.
Ante la realidad actual, el PRSC deberá ser un partido empático y conectarse con las diversas organizaciones sociales nacionales en las distintas provincias, municipios, distritos municipales y comunidades, —tales como grupos profesionales, academias, juntas de vecinos, iglesias, asociaciones empresariales, asociaciones deportivas, clubes culturales, deportivos y recreativos—, abrazado con ellos y luchando juntos en los propósitos de la construcción de una mejor sociedad, justa y equitativa, reclamando la construcción de escuelas, carreteras, viviendas, puentes, caminos vecinales, servicios de agua potable, servicio de energía eléctrica, instalaciones deportivas, presas, entre otras, o si, por el contrario, preferirán seguir siendo puente para que los demás pasen.
Los dirigentes del PRSC tienen ahora una única oportunidad de sacar del hoyo la organización formada por el doctor Joaquín Balaguer y evitar que desaparezca para siempre. Si hacen lo contrario, le estarían echando más tierra para sepultarla para siempre.

