Por José Luis Ortiz Güell
Luisa Cámere Quiroz, educadora, artista plástica autodidacta, poeta y gestora cultural, acaba de recibir en España un galardón internacional que lleva el nombre de Cervantes y que otorga la CIESART. Detrás del reconocimiento hay una historia menos épica y más interesante: la de una maestra que un día enfermó y decidió escribir.

Uvas de todos los sabores. Olor a nata y a estiércol. Árboles frutales y un campo que se confundía con la ciudad. Así recuerda Luisa Cámere Quiroz su infancia, y así lo cuenta ella misma: como un edén real, no figurado, en el que la educación y el arte formaban parte de la vida cotidiana y no del programa de mano. Nació en Lima el 30 de enero de 1951 y creció entre esos dos mundos, el del campo y el de la ciudad, sin sospechar que acabaría dedicando su vida a enseñar a leer a niños pequeños y, ya mayor, a escribir poesía.
El punto de inflexión llegó en 1994. Una crisis de salud la enfrentó a su propia fragilidad y, en lugar de callar, escribió más de cien poemas en papel de seda, a la manera antigua y sin ayuda de la virtualidad, desde su casa de campo en Mira Loma, California. Allí, el ambiente rural —con su olor a establo y los aromas de aquel edén de su infancia— despertó un especial efecto de reminiscencia.
Cuando su madre llegó para cuidarla, entre ambas se estableció una comunión de almas. Ese espacio y ese tiempo fueron también la génesis de dos obras: Mutilada de mil maneras (poesía), publicada en Amazon en 2021, y Mujer de Roble, escrita en prosa y publicada en 2009. Este último fue el tributo que le ofrendó a su madre y que esta publicaría diez años después de su partida. Ambas obras germinaron en el mismo tiempo y espacio.
Sobre la publicación de ambos libros, explicó en una entrevista, con una frase que mezcla italiano y español —como suelen salir las cosas cuando se dicen con verdad—: “Poder expresar aquel dolor, aquellas mutilaciones: fue cuando fluyó en mí la poesía, que fue mi catarsis y mi liberación”.
Pero reducirla a la poeta del dolor sería un error. Cámere es, sobre todo, maestra. Se formó como profesora de Educación Primaria en el Instituto Nacional de Educación (INIDE), con segunda especialidad en artes visuales, y obtuvo su bachillerato en Educación en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Su vocación la llevó a cruzar fronteras: en Estados Unidos dirigió seis centros educativos en California, en los condados de Orange, Ventura y San Luis Obispo, y obtuvo una credencial como Directora de Programas de Educación Inicial. Después de esa trayectoria, regresó al Perú y desde entonces funciona como puente cultural entre los dos países.
A la poesía y a la docencia se suma el arte plástico, que cultiva de forma autodidacta. “Para mí, el arte es una catarsis vital, un talento que considero heredado de mis ancestros italianos”, explica. Ha creado un pequeño museo en su casa, pensado como legado para sus hijos, y ha expuesto en certámenes como Panorama Art. En julio de 2024, la Academia Peruana de la Lengua le otorgó el título de Crítica Literaria, y desde entonces ha actuado como jurado en varios concursos internacionales.
En diciembre de 2025 recibió en España un galardón con nombre ilustre y alcance acotado: el “Premio Cervantes” que entrega la CIESART (Cámara Internacional de Escritores & Artistas) en el marco de su Cumbre Internacional, celebrada en el Centro Cultural Miguel de Cervantes de Castilla-La Mancha, con representantes de 33 países. No es el Premio Cervantes oficial que concede el Ministerio de Cultura español; es otro, de una institución privada, y conviene decirlo para no confundir al lector. El acto fue real y la emoción también: Cámere lo dedicó a su hija Milly Miletich, a quien llamó “mi hada informática, mi ángel terrenal, mi mano derecha”.
Su obra camina hacia una difusión multilingüe y funciona, según quienes la han leído fuera del Perú, como un espacio de diálogo entre culturas. Puede que sea cierto. Pero lo que de verdad sostiene su trayectoria es más simple: una maestra que enseñó durante décadas, que un día enfermó, que escribió más de cien poemas en una habitación de hospital y que, a los 70 años, publicó su primer poemario. Desde Lima hasta California, pasando por el quirófano. No hace falta añadirle épica: la historia ya estaba ahí.
Entre otros libros publicados de Luisa Cámere se encuentran Cargaditos de Amor (en coautoría con Margarita Salirrosas Sánchez, Arteidea, 2023) y Gacela en Filigrana de Plata (Carpe Diem, Perú, 2025). La editora fue Marita Troiano. Este último es un poemario escrito en verso y en prosa: la primera parte tiene un carácter lírico, mientras que la segunda reúne ensayos, crítica literaria, un artículo científico y prólogos.

