Novela referencial de Canto Planetario

Fecha de publicación

Por Hámer Salazar

Hay libros que llegan como un eco; otros, en cambio, se alzan como una sinfonía completa. Viaje de ensueño por el mundo pertenece a esta segunda estirpe: la del canto orquestado que, tras resonar en un primer movimiento coral, se convierte en novela para sostener la nota más tiempo, con más hondura y con nuevos timbres. El lector avisado reconocerá la melodía: nace de Canto Planetario – Hermandad en la Tierra, aquella antología en dos volúmenes que HC EDITORES llevó a imprenta bajo el cuidado de su compilador, Carlos Javier Jarquín. Allí, casi trescientos poetas y narradores de los cinco continentes unieron sus voces en favor de «nuestra casa común», exigiendo atención para los desgarros que la humanidad provoca al planeta. Aquí, por obra del colombiano Wilson Rogelio Enciso, ese coro se vuelve relato y aventura, con el pulso narrativo de quien sabe convertir la denuncia en arte y la utopía en ruta de viaje.

Usted, que ya tiene este libro abierto en sus manos, descubrirá que la brújula argumental se alimenta de la misma savia que irrigó Canto Planetario: la convicción de que la palabra —cuando enlaza continentes, culturas e idiomas— es un puente capaz de sostenernos por encima del abismo ecológico que hemos cavado. Enciso toma esa certeza y la encarna en dos personajes entrañables: Icardo Ardila Jardín, un centroamericano enjuto y testarudo, y Mirka Epifanía Vilicic, políglota eslovena de verbo reluciente y mirada crítica. Su periplo —de Wainui a la Gran Barrera de Coral y del Círculo Polar Ártico a la Avenida Segunda de San José— es la cartografía novelesca de aquel sueño coral: entrevistar a creadores, recoger sus piezas y tejer, con ellas, un libro-denuncia que ponga al planeta en la primera fila de la conversación global. ¿Sabrá la gente lo que es un planeta como el nuestro?

Pero no estamos ante un mero trasvase. Si la antología fue el lienzo colectivo, la novela es el negativo fotográfico revelado a la luz: nos permite ver las costuras, las contradicciones y, sobre todo, la fragilidad humana que late detrás de cada verso comprometido. En el universo de Rogelio nada es idílico: abundan detractores, campañas de difamación, editoriales que anteponen la ganancia a la ética; la misma pugna que, en el mundo real, amenaza a cualquier iniciativa ambiental ambiciosa. Allí donde Canto Planetario tendía puentes, Viaje de ensueño… muestra los peajes; donde la antología proclamaba hermandad, la novela explora las zancadillas que esa hermandad debe sortear para no naufragar.

Wilson Rogelio Enciso, muestra su mas reciente novela publicada, obra disponible en Amazon y Autoreseditores. Foto cortesía de Wilson Rogelio.

Como editor que acompañó el alumbramiento de la antología y testigo privilegiado de la gestación de este relato, sé que ambos volúmenes comparten una pulsión estética: la «nostalgia social» latinoamericana que Enciso esgrime como herramienta de denuncia. Esa nostalgia —esa herida abierta que transfiere cada desigualdad, cada bosque talado, cada selva destruida— se cuela en la cadencia de sus párrafos, donde la exuberancia verbal convive con la melancolía, como el verde selvático convive con la cicatriz de un deslizamiento. He aquí, entonces, un libro que no escatima en imágenes ni en verbos —porque sabe que la mesura es patrimonio de la burocracia, no de la poesía cuando alza la voz— y que, al mismo tiempo, se deja atravesar por una pregunta tan simple como incómoda: ¿seremos capaces de escuchar el clamor del planeta antes de que la ficción se vuelva crónica?

El lector encontrará guiños explícitos a los pasillos de Canto Planetario: el Comando de Protección Cibernética que custodia los originales; los casi ochenta idiomas convocados; la certeza de que una voz, por pequeña que sea, gana alcance cuando se entreteje con otras, dondequiera sea. Pero notará algo más: la reivindicación del acto de contar historias como motor de cambio. Enciso no propone soluciones técnicas —para eso están los informes científicos—; propone conmovernos, desestabilizar la comodidad desde la emoción, obligarnos a imaginar un futuro distinto, como si cada diálogo de Icardo y Mirka invitara a un pacto íntimo con la Tierra, casi como una promesa de ser «guardianes del planeta».

Llegados a este punto, caben varias advertencias. La primera: no tome usted, amigo lector, amiga lectora, estas páginas con prisa, no lo haga; lo importante no es llegar al punto final, sino disfrutar del contenido de cada una de ellas; cada capítulo es un puerto distinto, un acento nuevo, un lente que reajusta el sentido de la travesía. La segunda: no se deje engañar por el ropaje de aventura; bajo la capa de exotismo late un ensayo urgente sobre el poder —y el riesgo— de la cultura cuando decide plantarse frente al extractivismo, esa práctica extendida por todo el planeta para saquear la Naturaleza y monetizarla. La tercera: prepárese para un final que reescribe el viaje con la obstinación de los sueños que duelen.

¿Por qué, entonces, leer Viaje de ensueño por el mundo si ya se ha navegado por Canto Planetario? Porque la utopía necesita repetirse, mutar, ensayar nuevos formatos hasta hacerse oír. Porque donde un poema apela a la fibra sensible, una novela puede seducir al lector que rehúye la lírica. Porque si la Hermandad en la Tierra es nuestra única tabla de salvación, nada mejor que acercarse a ella desde todos los géneros posibles. Y porque, al final, la literatura siempre ha sido eso: un modo de imaginar otras realidades para que la nuestra no sea la única a mano.

Quisiera, a modo de cierre, volver a la imagen del eco con la que empecé. En las montañas de mi Grecia natal (Grecia, la de América) —al igual que en las selvas húmedas que el autor tanto invoca— el eco no es mera repetición; es un fenómeno que amplifica, que distorsiona lo suficiente para que uno vuelva sobre sus pasos y escuche de nuevo el sonido original, esta vez más nítido. Así ocurre con estas dos obras hermanas: la antología lanza el grito, la novela lo expande, lo dramatiza y nos obliga a detenernos a mitad del camino para verificar adónde apunta.

Y si usted aún no ha recorrido las páginas de Canto Planetario, esta novela puede ser el umbral perfecto para adentrarse en aquella obra monumental.

Si algo deseo para usted, amigo lector, amiga lectora, es que, al ver el punto final en la última página, ese eco todavía resuene y le acompañe más allá de las aguas tranquilas de la ficción, allí donde cada gesto cotidiano —la compra consciente, el reciclaje, la defensa de un manglar, de una especie en peligro de extinción, de un paso de fauna en la carretera, la liberación de un ave enjaulada, la siembra de árboles, por decir algo— se convierten en estrofas adicionales de este Canto Planetario que, a fuerza de libros, quiere convertirse en acción.

Y si usted aún no ha recorrido las páginas de Canto Planetario, esta novela puede ser el umbral perfecto para adentrarse en aquella obra monumental. Allí encontrará la semilla que dio origen a esta historia y una constelación de voces que, desde todos los rincones del planeta, alzan un clamor por la vida, por la justicia ambiental y por una paz que hoy se ve amenazada por el avance de conflictos bélicos cada vez más feroces. En un mundo donde la guerra no solo siega vidas humanas, sino que también arrasa bosques y selvas, envenena ríos y desata desplazamientos masivos, leer Canto Planetario es más urgente que nunca. Es permitir que la poesía y la palabra se levanten como escudos frente al desastre, y que nos recuerden que, sin hermandad entre los pueblos, no habrá planeta que nos sostenga. Después de este Viaje de ensueño…, quizá sienta usted la necesidad de escuchar también aquel coro global.

Los invito a ver en YouTube un video en el que Carlos Jarquín habla, en síntesis, sobre la novela Viaje de ensueño por el mundo:

https://youtu.be/LDvCRxslpII?si=0oEBKNQ6wcURDOBX

Sobre el autor

Hámer Salazar. Biólogo, profesor jubilado de la Universidad de Costa Rica. Investigador, escritor y columnista. Presidente de la Fundación para el Desarrollo Ecológico y del Medio Ambiente y de Los Potreros de Puax (FUNDEMA-PP) y miembro de Primates de Grecia.

Contacto: info@hamersalazar.com

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