Por Hermógenes L. Mora
La diversidad lingüística de América antes de la llegada del hombre blanco era excepcionalmente rica. Hoy en día no solo son reliquias del pasado, son agentes vivos que merecen protección como patrimonio ya que han dotado al español de América de una identidad única y una cosmovisión que no se puede reemplazar; ellos, nuestros ancestros, mantuvieron vivo el legado de sus lenguas, influyendo en su forma de entender el tiempo la naturaleza y la sociedad misma.
En los anales de la historia se registra un hecho que el calendario guarda con sentimientos encontrados, un continente virgen, con sus propias costumbres, tradiciones y religiones, con su manera grandiosa de amar a la naturaleza, respetar a los ríos, abrazar a los árboles, pedir perdón a las presas cazadas, dar gracias al sol por cada salida y la añoranza al mismo cada vez que este se ocultaba, sentir registrado en el Canto al sol de los nicaraguas que fuese escrito en lengua náhuatl:
«Cuando se mete el sol mi señor
me duele, me duele el corazón».
Este canto se mantuvo vivo hasta la época colonial. Su influencia fue tan grande que la tradición oral lo contó y lo cantó en su idioma hasta llegar a nosotros traducido al español. Este lamento prehispánico cuenta la conexión de las culturas no solo con el sol, sino también con el cosmos.
No pretendo referirme exclusivamente a la tradición lingüística de los pueblos indígenas nicaragüenses, sino que a manera de introducción y tan orgulloso estoy de mis raíces que he iniciado este escrito refiriéndome a mi patria, la tierra de lagos y volcanes y poetas.
El náhuatl es la lengua que los mexicas hablaban y que se propagó por los pueblos de Mesoamérica. Para adentrarnos en este texto que pretende demostrar la influencia de las lenguas indígenas en nuestro español, su relevancia e importancia hasta nuestros días, es preciso conocer la historia de este pueblo.
Los pueblos ancestrales enriquecen su historia a través de relatos míticos y es este que cuenta que Huitzilopochtli guía a los mexicas desde Aztlán hacia tierras desconocidas en el año 1064-1065 d. C. el dios ordena que cambien de identidad y pasan de ser aztecas a mexicas. Huitzilopochtli ofrece una señal divina, un águila devorando una serpiente en un nopal. Pero sería hasta 1325 después de casi dos siglos de peregrinaje que llegaron al lago Texcoco y en una de sus Islas fundaron Tenochtitlán, capital del futuro imperio que se convirtió en el centro del poder de Mesoamérica.
Es desde esta majestuosa ciudad que el gran imperio expandiría no solo su poderío, sino que legaría un idioma para los pueblos y su legado sería tan colosal que marcarían el futuro, no solo con sus costumbres también lo hicieron con su idioma, el náhuatl, lengua que acompaña nuestro léxico en la cotidianeidad.
Según estudios su impacto ha sido enorme puesto que son más de 4000 nahualismos los que abraza el español y que se han adoptado para nombrar alimentos, animales, objetos y plantas, por ejemplo:
- Jícara del náhuatl xicali que significa vaso de calabaza.
- Papalote = Mariposa
- Tianguis = Tiyãnquistli = mercado
- Topoto = Totopochtli = Tostado
- Tlacoyo = Tlacoyo = Empanada de maíz
- Wey = huey = honorable, venerado
- Cuate = Koatli = mellizo
- Comal = Comalli (objeto para cocer tortillas)
- Atoll =Atol
Su influencia permanece intacta en la toponimia ya que los nombres de lugares conservan la raíz del idioma náhuatl. Por ejemplo Xochimilco, Mixcoat, Querétaro, Chinandega, Nagarote, Xolotlán, Tipitapa…
La literatura y la música no escapan a la influencia de las lenguas ancestrales. Rubén Darío, el gran maestro del modernismo no estuvo excepto a esta influencia y en su poema Tutecotzimí (escrito en 1890 e incluido en el Canto errante, 1907) hace un paso por las palabras del náhuatl:
un zenzontle. ¿Qué canta? ¿Un canto nunca oído?
El pájaro en un ídolo ha fabricado el nido.
(Ese canto escucharon las mujeres toltecas
y deleitó al soberbio príncipe Moctezuma).
Mientras el puma hace crujir las hojas secas
el quetzal muestra al iris la gloria de su pluma
y los dioses animan de la fuente el acento.
Y Netzahualcoyotl, el poeta, suspira.
Cuaucmichin, el cacique sacerdotal y noble,
viene de caza. Síguele fila apretada y doble
de sus flecheros ágiles. Su aire es bravo y triunfal.
Sobre su frente lleva bruñido cerco de oro;
y vese, al sol que se alza del florestal sonoro,
que en la diadema tiembla la pluma de un quetzal.
Los altos aguacates invade ágil la ardilla,
su cola es un plumero, su ojo pequeño brilla,
sus dientes llueven fruto del árbol productor;
y con su vuelo rápido que espanta el avispero,
pasa el bribón y obscuro sanate-clarinero
llamando al compañero con áspero clamor.

En la música la herencia vive en las canciones que entonan los habitantes de pueblos que se resisten al olvido y la música parece ser el camino de la supervivencia de sus lenguas. Los pueblos indígenas de México y Guatemala cantan sus costumbres y danzan sus tradiciones, la cultura inca es la que más huellas ha dejado y su rastro vive en el aymara, el cauqui, el jacara y las diferentes variedades del quechua. Todas estas culturas y lenguas han realizado préstamos al español de América convirtiéndolo así en una de las lenguas más ricas en cuanto a préstamos lingüísticos. Esta riqueza patrimonial no se limita a las comunidades, sino que se ha filtrado en las estructuras del español cotidiano en la forma de nombrar a las cosas, en la fonética y la entonación, esa música del hablar peculiar de los pueblos con sus acentos y regionalismos. Uno de los grandes representantes de la música andina es el argentino Atahualpa Yupanqui, aunque su producción principal fue en español, su obra está profundamente impregnada de la cosmovisión andina y términos en quechua. En Nicaragua, entre los grandes representantes de la música testimonial folklórica tenemos a Carlos Mejía Godoy, Otto de la Rocha. Ellos colmaron sus canciones con terminologías populares que endulzan el oído.
El español de América no sería lo que es sin todas estas influencias. Nuestro idioma es un idioma que se adapta y que se embellece con el legado de las lenguas ancestrales del continente americano. Sería justo que las nuevas generaciones no dejen morir sus lenguas que hasta hoy han influenciado tanto al español que vive en cada cosa que mencionamos.
Quizás sea utópico soñar que en Nicaragua y en toda la América se creen proyectos que ayuden a mantener vivo el legado de las lenguas que aún permanecen vivas pero que languidecen por no contar con tecnologías que se sumen al cuido de estas tradiciones lingüísticas. Quizás sea utópico pero soñar es preciso.
Las culturas indígenas continúan influenciando en nuestro idioma de forma significativa, un proceso que lleva cinco siglos de adaptación y que permanecerá así porque cada ciclo de la vida lo requiere. Nuestro idioma es tan hermoso, lleno de un colorido crisol de lenguas que no dejarán de influir en nuestra cotidiana forma de nombrar las cosas y de expresarnos para hacernos entender.
El autor es poeta, escritor y profesor de Lengua y Literatura nicaragüense. Nació en Chinandega, Nicaragua el 19 de abril de 1979. Sus obras abarcan la poesía, el ensayo y la narrativa. Entre sus títulos publicados están Tabúes y realidades utopías en versos publicado en Panamá y Entre dos mundos publicado en Nicaragua. Su obra está cargada de realismo y de un gran significado filosófico.
El Viejo, Nicaragua 7 de abril de 2026

