Por: Frank Hernández
Han transcurrido más de dos décadas desde la entrada en vigencia de la Ley 87-01, una normativa que transformó el sistema de seguridad social de la República Dominicana con el objetivo de garantizar protección en salud, riesgos laborales y pensiones para los trabajadores.
Sin embargo, la realidad actual demuestra que uno de sus pilares más importantes, el sistema de pensiones administrado por las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), enfrenta serios cuestionamientos que demandan una revisión profunda.
Miles de trabajadores dominicanos cotizan durante décadas con la esperanza de disfrutar una jubilación digna al finalizar su vida laboral.
No obstante, las condiciones establecidas para acceder a una pensión continúan siendo motivo de preocupación.
Actualmente, la edad requerida para obtener una pensión por vejez es considerada por muchos sectores como excesivamente alta, especialmente tomando en cuenta las condiciones económicas, de salud y de empleo que enfrentan los ciudadanos en el país.
Una edad que no responde con la realidad social
La esperanza de vida ha aumentado en los últimos años, pero también lo han hecho las enfermedades crónicas, el desempleo en edades avanzadas y las dificultades económicas que afectan a los adultos mayores.
Muchos trabajadores llegan a los 60 años con problemas de salud que les impiden continuar laborando, pero todavía no cumplen con todos los requisitos para recibir una pensión adecuada.
Esta situación provoca que una gran cantidad de personas se encuentren en una especie de limbo económico: ya no tienen capacidad para generar ingresos estables, pero tampoco pueden acceder plenamente a los recursos acumulados durante años de trabajo.
El debate sobre las AFP
Otro aspecto que genera inquietud es el papel de las AFP dentro del sistema. Los trabajadores observan cómo sus aportes son administrados durante décadas, mientras las administradoras obtienen beneficios financieros significativos.
Sin embargo, cuando llega el momento de la jubilación, muchos descubren que el monto proyectado de su pensión resulta insuficiente para cubrir sus necesidades básicas.
Diversos sectores sociales, sindicales y profesionales han planteado la necesidad de revisar el modelo actual para garantizar una distribución más justa de los beneficios generados por los fondos de pensiones y asegurar mayores niveles de protección para los afiliados.
Las ARS y la protección de los envejecientes
La discusión sobre la reforma de la seguridad social también involucra a las Administradoras de Riesgos de Salud (ARS).
Los adultos mayores requieren una atención médica más frecuente y especializada, por lo que resulta indispensable fortalecer las coberturas y reducir las barreras económicas que limitan el acceso a servicios de salud de calidad.
La protección integral de los envejecientes no puede limitarse únicamente al pago de una pensión; debe incluir también garantías efectivas en materia de salud, medicamentos y asistencia médica.
Propuesta para una reforma necesaria
Entre las principales modificaciones que diversos sectores consideran necesarias se encuentran:
- Reducir gradualmente la edad requerida para acceder a la pensión por vejez.
- Permitir modalidades de retiro más flexibles para trabajadores con problemas de salud o empleos de alta exigencia física.
- Aumentar la transparencia en la administración de los fondos de pensiones.
- Revisar las comisiones cobradas por las AFP.
- Garantizar pensiones mínimas que permitan una vida digna.
- Fortalecer las coberturas de salud para los adultos mayores afiliados a las ARS.
- Impulsar mecanismos de participación ciudadana en las decisiones relacionadas con la seguridad social.
Una propuesta satisfactoria
La seguridad social debe ser un instrumento de protección y tranquilidad para quienes dedicaron gran parte de su vida al trabajo productivo.
Cuando los ciudadanos perciben que las condiciones para acceder a sus pensiones son excesivamente restrictivas o que los beneficios resultan insuficientes, surge la necesidad de revisar las reglas del sistema.
La República Dominicana enfrenta el desafío de adaptar la Ley 87-01 a las nuevas realidades demográficas, económicas y sociales del país.
Una reforma equilibrada podría fortalecer la confianza de los trabajadores, garantizar una vejez más digna y asegurar que los recursos acumulados durante años de esfuerzo cumplan verdaderamente con el propósito para el que fueron creados: proteger a quienes los generaron.

