Por: Dr. Carlos Díaz «Picasso»
Primer poema del ciclo «Poemas a la mujer que nunca supo que la amé».
I. LA DISTANCIA DE MIS LABIOS
Lo sublime
La tarde mostraba sus párpados dorados,
cuando el viento, embriagado de azahares,
se demoró en la orilla de tu pelo
y sembró mi silencio en tus andares.
Tus ojos tenían la quietud de la lluvia,
esa que cae sin pedir permiso;
tu sonrisa, un perfume sin jardines,
me hizo imaginar caminos nunca vistos.
Quise acercarme. No encontré palabras.
Las tuve entre los labios, sin nacer;
temí que el roce de mis ilusiones
marchitara el capullo al florecer.
Inventé conversaciones con la brisa,
preguntas que jamás te formularía;
un simple saludo temblaba en mis labios
mientras tú, sin saberlo, te alejabas.
No hubo promesas, ni siquiera un roce,
solo aquel instante suspendido;
yo regresé llevando entre mis manos
la fragancia de algo no vivido.
Aquella noche volví a cerrar los ojos
y allí estabas, tan cerca todavía;
al despertar, con el alma perfumada,
comprendí lo que el silencio me decía:
¡Te quedaste en mí!

