El extraño juego de Trump en Irán

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Los medios de comunicación independientes, o que se comportan más o menos como tales, le han señalado al presidente de los Estados Unidos, Donald J. Trump, una interminable cadena de contradicciones de hora a hora con el manejo de la estrategia de Washington respecto de la guerra que su país e Israel libran contra la República Islámica de Irán.

Pero analistas más suspicaces concuerdan en que las supuestas contradicciones no son tales, sino juegos tácticos para impactar en los mercados y de pasada poner a que sus amigos que incursionan en las bolsas y en otros mecanismos de transacción de papeles ganen cientos de millones de dólares en rápidos movimientos bursátiles.

Por ejemplo, el analista bursátil y geopolítico Shanaka Anslem Perera hizo un escaneo del impacto que tuvo en los mercados la información del presidente de que había entrado en negociaciones con el Gobierno iraní.

Ese día, lunes por la mañana cuando debía cumplirse el plazo de las 48 horas, los precios del petróleo bajaron alrededor de un 10%, mientras hubo una importante recuperación de las bolsas de valores.

En pocas horas se movieron más de 3,000 millones de dólares en transacciones que, lógicamente, fueron a los bolsillos de los especuladores amigos de Trump y del lobby financiero israelí en los Estados Unidos.

Es decir, al mandatario estadounidense se le ha ido descubriendo que sus declaraciones, aparentemente contradictorias, obedecen en realidad a una estrategia de comercio, aunque está claro que su administración ha demostrado que el ataque al país persa no contaba con una ruta precisa de entrada y salida.

Por consiguiente, al carecer de dicha estrategia, Trump se ve obligado a un tira y afloja con nulo resultado en los términos más duros del conflicto, que han sido, en primer lugar, no conseguir la caída del gobierno iraní, en sustancia porque no han analizado con frialdad la composición estructural del tipo de régimen que manda en ese país, donde no manda un dictador sin continuidad garantiza como sí funciona en Irán.

Y el fracaso concreto ha sido no lograr que el adversario abra el vital paso marítimo que controla, generando el problema petrolero global, más cuando Trump—al menos todavía—tampoco ha podido chantajear a sus aliados de la Unión Europea para que se unan al esfuerzo de apertura del estrecho.

Al intentar, primero como pedido, luego en forma denigrante llamándolos cobardes, el mandatario volvió a dar otra nota de contradicción extrema al afirmar que su país no necesita la ruta, sino que es Europa la que depende de esa vía para abastecerse de petróleo.

Mientras Trump juega como un novato, Irán le sigue demostrando que está dispuesto a llegar con el conflicto hasta el nivel que Washington pretenda, sabiendo que mientras más se prolonga, más se erosiona la imagen del presidente en la sociedad estadounidense.

 

Nelsonencar10@gmail.com

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