De la revolución de Nebrija a la amnesia digital

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La gramática como estructura, identidad y un «habla bonito»

Hermógenes L. Mora

Antonio de Nebrija dotó de una cédula de identidad formal al español. 1492 es un año que marcó la historia; previo a este año el latín ejercía un monopolio casi criminal, la crudeza de la Edad Media solo permitía que fuesen reconocidas y estudiadas las tres lenguas que marchitaban al resto,  esos tres idiomas, por mucho tiempo, no permitieron el avance de las demás, el latín el griego y el hebreo aplastaban y marginaban  al castellano, al francés, al italiano y a otras lenguas  por considerarlas vulgares o dialectos que cambiaban constantemente. Cabe señalar que ninguna de esas lenguas poseía un manual de reglas que validara su estudio.

Nebrija tuvo una visión revolucionaria: utilizar y aplicar las herramientas de análisis del latín en el español. Él entendía que el castellano necesitaba una estructura, ya que veía que el idioma se iba expandiendo a través de las conquistas y  unificación  de los reinos de España. El 18 de agosto de 1492,  Nebrija publica su Gramática de la lengua castellana dando inicio al estudio profundo del idioma.

Más allá de esta introducción histórica de cómo nuestra lengua llegó a convertirse en un idioma estructurado, nos adentramos en la importancia del buen uso de nuestra gramática.

¿Por qué es importante el  uso correcto de la gramática?

Para responder a esta pregunta utilizaremos un ejemplo sencillo:

«Por favor, note las comas»

«Por favor, no te las comas»

La autora argentina María Cristina Kunsch de Sokoluk en su libro Cómo dar vida a las palabras comenta que no se da a entender quien mal escribe. También refiere que al omitir signos, el mensaje resultará confuso o ambiguo.

Sokoluk, (1992).  Cómo dar vida a las palabras. Editorial Vida.

El mal uso provoca que el mensaje que deseamos transmitir se distorsione o se malinterprete, una coma mal usada o un verbo mal conjugado cambian el sentido de una oración. El tiempo pasa pero seguimos entendiéndonos, ello se debe a que nuestro idioma ha evolucionado y aunque cada territorio hispanohablante conserve sus propias características idiomáticas, nos adaptamos rápidamente porque en sí existe una lengua madre que nos arropa y que conserva su estructura, independientemente del territorio donde se habla.

Grandes pensadores dieron pasos firmes hacia una nueva forma de escribir. En Nicaragua está el caso sublime del gran maestro Rubén Darío. Sin el uso acertado de las reglas de la sintaxis y de la semántica y de estructuras innovadoras en el arte de escribir, el modernismo no se hubiese explayado más allá de Latinoamérica, ni hubiese asegurado la vigencia de obras que retan al tiempo, como es el caso de Azul, Prosas profanas y Cantos de vida y esperanza.

Dependiendo del contexto social el idioma cambia; su importancia va más allá de la escritura, su esencia captura el interés según la estética que se utiliza para hacer llegar el mensaje, una buena escritura genera credibilidad y evidencia alto profesionalismo. En cambio, los vicios y errores pueden generar desconfianza en ciertos aspectos; respetar las reglas convierte a nuestra habla en una expresiva forma que permite que todos nos entiendan perfectamente.

En este cuarto de siglo, la era de la inteligencia artificial y la carrera por poseer los equipos más sofisticados, se ha convertido en una pandemia la generalizada despreocupación hacia el buen escribir, los internautas han llegado a tal extremo que la omisión de letras por sonidos les ha contaminado el oído, provocando que dejen de escribir palabras completas. Al crear una nueva forma de comunicarse están alterando horriblemente el idioma que Nebrija dotó de belleza. Debemos asumir el reto de escribir correctamente, ya sea un nombre cualquiera de cosa alguna hasta la redacción de un correo electrónico, que los mensajes de WhatsApp no carezcan de terminologías precisas, sino que inviten a ser leídos detenidamente como degustando cada palabra, saborearla como se saborea un buen café.

Es menester cuidar la buena escritura, crear el hábito en nuestros hijos, en nuestros alumnos y preocuparse por el manejo de las reglas básicas,  ayudar a muchas personas para que juntos podamos crear el «habla bonito» como identidad propia.

 

 

                   

 

 

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