Por: Víctor Manuel Grimaldi Céspedes
El automóvil atraviesa una transformación que modifica mucho más que la manera de mover sus ruedas.
Cambian las fuentes de energía, los sistemas de conducción y la distribución del poder industrial.

La batería y los programas informáticos adquieren una importancia comparable a la que durante décadas tuvieron el motor y la transmisión.
Para entender este proceso conviene apartarse de los anuncios que proclaman una victoria definitiva de los eléctricos o su supuesto fracaso.
La realidad es más compleja: la electrificación avanza, los híbridos conservan una función importante y los fabricantes continúan perfeccionando los motores de combustión. Cada mercado recorre esa transición a su propio ritmo.
Según la Agencia Internacional de Energía, en 2025 se vendieron más de veinte millones de automóviles eléctricos y de híbridos enchufables, aproximadamente una cuarta parte de las ventas mundiales.
Para 2026, el organismo proyecta unos veintitrés millones, equivalentes al 28 % del mercado. Esta última cifra es una previsión, no un balance definitivo.
Las diferencias regionales explican muchas noticias aparentemente contradictorias.
En 2025, esos vehículos representaron cerca del 55 % de las ventas en China, el 28 % en Europa y algo menos del 10 % en Estados Unidos.
Una desaceleración en un país puede coincidir con una expansión en otros. Confundir una experiencia nacional con el comportamiento mundial conduce a conclusiones equivocadas.
La coexistencia de tecnologías responde también a necesidades distintas.
El híbrido convencional combina combustible y electricidad sin requerir conexión a un cargador.
Recupera energía durante el frenado y puede reducir el consumo, especialmente en el tránsito urbano.
El híbrido enchufable dispone de una batería mayor y puede cubrir recorridos cotidianos con electricidad, aunque ese beneficio depende de que se recargue regularmente.

El eléctrico de batería elimina el consumo de gasolina durante la conducción y las emisiones por el escape. Su utilización exige acceso adecuado a la recarga. Su balance ambiental completo, por otra parte, debe considerar la fabricación del vehículo y de la batería, además de cómo se produce la electricidad que consume.
Toyota ilustra la diversidad de estrategias. Colabora con BYD en vehículos eléctricos y, simultáneamente, desarrolla motores destinados a integrarse mejor con sistemas híbridos.
En mayo de 2024, Toyota, Subaru y Mazda anunciaron sus respectivos proyectos de motores para la era de la electrificación. Buscan unidades más compactas que permitan mejorar el diseño, la aerodinámica y la eficiencia del vehículo.
La batería ocupa una posición decisiva en esta competencia. De ella dependen buena parte del costo, la autonomía y el peso del automóvil eléctrico.
El desafío industrial consiste en conseguir mejores prestaciones con materiales accesibles, procesos fiables y precios que permitan llegar a más compradores.
Las baterías de fosfato de hierro y litio, conocidas como LFP, superaron el 55 % de la capacidad instalada en vehículos eléctricos nuevos en 2025. Su menor costo de materiales favorece su expansión.
China posee una posición especialmente fuerte en esa tecnología, que ayuda a explicar la influencia creciente de sus fabricantes.
Las baterías de estado sólido representan otra expectativa. Toyota ha señalado 2027–2028 como objetivo para introducir vehículos que las utilicen.
Sin embargo, entre un avance técnico y su incorporación masiva al mercado deben resolverse problemas de fabricación, costos y durabilidad. Una fecha anunciada debe leerse como una meta cuyo cumplimiento habrá que comprobar.
Mientras cambia la energía, también cambia la conducción.
Los sistemas de frenado automático, control adaptativo de velocidad y asistencia de carril ya ofrecen funciones concretas.
Pero la conducción asistida exige distinguir capacidades y responsabilidades: un sistema que controla dirección y velocidad puede seguir requiriendo vigilancia permanente del conductor. La autonomía para circular en cualquier carretera y bajo cualquier condición permanece fuera del alcance del automóvil de consumo.
Para la República Dominicana, esta transformación plantea decisiones sobre infraestructura y formación.
Importar vehículos modernos debe acompañarse de técnicos capacitados, repuestos, garantías claras, diagnóstico de baterías y puntos de recarga fiables.
La calidad del servicio durante años importa tanto como las prestaciones anunciadas al vender el automóvil.
También conviene evaluar el costo completo: compra, energía, mantenimiento, seguro y eventual reventa. Una tecnología adquiere valor cuando responde a las condiciones reales del usuario y del país.
La industria automotriz se reorganiza alrededor de nuevas capacidades. Nuestra tarea es comprenderlas y preparar las condiciones para aprovecharlas.
El progreso llegará plenamente cuando la innovación permita transportarnos con mayor seguridad, menor consumo y un costo sostenible para las familias.
Fuentes:
- Agencia Internacional de Energía, Global EV Outlook 2026, resumen ejecutivo: https://www.iea.org/reports/global-ev-outlook-2026/executive-summary
- Agencia Internacional de Energía, baterías: https://www.iea.org/reports/global-ev-outlook-2026/electric-vehicle-batteries
- Toyota, Subaru y Mazda, anuncio del 28 de mayo de 2024: https://global.toyota/en/newsroom/corporate/40850156.html
- Toyota y Sumitomo Metal Mining, 8 de octubre de 2025: https://global.toyota/en/newsroom/corporate/43380876.html
- NHTSA, seguridad y automatización: https://www.nhtsa.gov/vehicle-safety/automated-vehicle-safety

