Por: Víctor Manuel Grimaldi Céspedes
Una fotografía publicada en Facebook por el ministro José Ignacio Paliza muestra una imagen de Nuestra Señora de la Altagracia en la iglesia de San Marcello al Corso, en Roma.
La imagen de la Virgen reproducida por Paliza fue acompañada por la frase «Un pedacito de nuestra fe y de nuestra tierra».
La expresión resume una experiencia familiar para quienes viven lejos de la República Dominicana: encontrar un símbolo propio puede hacer que un lugar extranjero se sienta, por un instante, cercano al hogar.
Para mí, la fotografía tiene además el valor de un recuerdo personal.
Durante nuestra misión ante la Santa Sede trabajamos para que la Madre Protectora del pueblo dominicano tuviera una presencia visible en Roma.
Esa imagen de San Marcello fue parte de aquellas gestiones.
La historia se vincula con una fotografía que tomé en agosto de 2009 al cuadro original de la Virgen de la Altagracia, en la basílica de Higüey, sin el vidrio protector.

Esa imagen sirvió de referencia para un mosaico realizado por el taller del artista Albano Poli, en Verona, y que fue colocado en los Jardines Vaticanos el 20 de mayo de 2016.
La bendición tuvo lugar el 17 de noviembre de ese año, con la participación del cardenal Giuseppe Bertello, autoridades eclesiásticas dominicanas y miembros del cuerpo diplomático.
La reproducción conservada en San Marcello es una réplica en tela del mosaico.
El 15 de marzo de 2020, Vatican News también informó sobre la visita del papa Francisco a Santa María la Mayor y a San Marcello al Corso, cuando rezó por el fin de la pandemia. En San Marcello acudió ante el Crucifijo venerado en esa iglesia. La relación de ese crucifijo con la peste de 1522 forma parte de la tradición del templo.
El archivo del Servicio Fotográfico Vaticano incluye, según la referencia disponible, una imagen identificada como 00537_15032020 y acreditada a Vatican Media.
La fotografía muestra a Francisco pasando frente a una capilla en la que se encuentra la imagen de la Altagracia.
Para mí, la presencia de la Altagracia en San Marcello tiene un significado especial.
La imagen puede ofrecer a los dominicanos residentes o de paso por Roma un punto de encuentro con sus recuerdos familiares, su fe y su país de origen.
Considero también que esta historia muestra una dimensión de la diplomacia cultural y religiosa.

Representar a la República Dominicana no consiste únicamente en promover intereses políticos o económicos; también puede incluir la difusión de su historia, su cultura y sus expresiones espirituales.
Una obra de arte sacro puede despertar interés por el país y ofrecer a la diáspora un espacio de pertenencia.
Me alegra que José Ignacio Paliza haya visitado la iglesia y compartido la fotografía.

