Por Hermógenes L. Mora
Heiner Bryan Rodríguez Berríos es un joven poeta, abogado y notario público, e ingeniero civil nacido en la ciudad de Chinandega, Nicaragua. Desde muy joven se trasladó a León, ciudad donde creció el Príncipe de las Letras Castellanas.
En el año 2024 publicó en Nicaragua el libro Bazofias y otras carroñas. En la plataforma digital de El Libro Total publicó A vos, Lirios y Palomas, golfas ruiseñores rastreros.

Dinosaurio
Un dinosaurio camina entre la multitud.
Intenta hablar con los transeúntes,
pero todos lo esquivan,
apurados por llegar al trabajo.
El dinosaurio se sienta en la banqueta.
¿Cuándo se volvió todo así?
El dinosaurio observa.
Su rostro es un espejo.
El dinosaurio llora.
Nadie lo socorre.
Está solo.
El dinosaurio cuenta el tiempo con el sol.
Se levanta.
Saca un traje de la basura
y se lo pone.
El dinosaurio ya no está.
Análisis del poema
Dinosaurio es un poema urbano de marcado existencialismo que utiliza la ciudad bulliciosa y acelerada como escenario. A través de una narrativa sencilla, casi infantil en su superficie, el autor construye una alegoría demoledora sobre la alienación moderna, la deshumanización de las ciudades y la pérdida de la autenticidad.
Heiner utiliza al dinosaurio como el símbolo perfecto del anacronismo, representa lo viejo, lo extinguido, lo que ya no pertenece al tiempo presente. Retrata al individuo que se siente inadaptado, fuera de época, desconectado de los códigos de la sociedad hipermoderna. Una multitud está «apurada por llegar al trabajo» (el utilitarismo), el dinosaurio intenta entablar comunicación, busca la conexión humana, pero la masa busca la productividad. Retrata la indiferencia urbana con una dura frialdad. La banqueta se convierte en el escenario de la intemperie social, es desde esa banca que nace una pregunta existencial: ¿Cuándo se volvió todo así? No es una pregunta del dinosaurio sobre sí mismo, sino sobre el entorno. Es la perplejidad ante un mundo que ha mecanizado sus emociones.
En el verso número ocho cita: «Su rostro es un espejo». Nos afirma que el dinosaurio no es un monstruo ajeno; el dinosaurio somos nosotros. Al mirarlo a él, deberíamos ver nuestra propia humanidad perdida, pero la multitud prefiere no mirar.
«El dinosaurio llora. / Nadie lo socorre», el autor denuncia la muerte de la solidaridad en las grandes urbes, donde el dolor ajeno se vuelve invisible.
Un punto de inflexión clave ocurre cuando el personaje cuenta el tiempo con el sol. Esto lo vincula a un orden natural, cósmico y ancestral. Sin embargo, para sobrevivir en el entorno urbano, el personaje se ve obligado a renunciar a ese tiempo natural para someterse a la triste realidad del tiempo del reloj y las tarjetas de marcaje laboral.
El desenlace del poema es trágico: «Saca un traje de la basura / y se lo pone. / El dinosaurio ya no está». Al provenir de la basura, el traje sugiere que las convenciones sociales que adoptamos para encajar son desechos, carentes de valor real. Al ponerse el traje, el dinosaurio se camufla, se vuelve idéntico a los transeúntes que antes lo esquivaban. La frase «El dinosaurio ya no está» no significa que se haya ido o haya muerto físicamente; significa que ha sido asimilado por el sistema. Su singularidad ha sido destruida en favor de la homogeneidad urbana. Se torna autómata dentro de un sistema que te absorbe hacia su amarga trayectoria. Heiner, con su poema Dinosaurio, intenta huir de la poética que ahoga a esta era.


Análisis del poema