Al Salcedo de los eternos recuerdos

Fecha de publicación

POR JUAN CRUZ TRIFFOLIO

Hace unos días, con el ímpetu de un volcán activo, fruto de una catarsis sentimental alejada de ser calificada como parte consustancial del ejercicio de un aspirante a poeta, aunque arropado por indelebles vivencias de nuestro lar nativo, quisimos plasmar en el papel hermosos recuerdos de una infancia que alimentan el orgullo de ser salcedense.

Se trata de una especie de viaje imaginario por la impresionante geografía, la historia y el registro del paradigmático compromiso y sacrificio patrio, salpicado de dignidad y decoro, por inmortales y pundonorosos compueblanos.

Es un modesto intento de evocación y reconocimiento en justicia que debió se engendrado con la belleza, frescura y profundidad de un brillante bardo para quien la poesía es el instrumento ideal para preservar méritos y resaltar la grandeza del alma humana a favor de un pueblo heroico y laborioso donde el coraje ha sido una de sus normas de existencia.

Bajo ese criterio, a continuación, procedemos a compartir las siguientes reflexiones y apuntes, salidos de la espontaneidad, dedicados al Salcedo de los eternos recuerdos, a los hombres y mujeres que con su ejemplo de vida lo convirtieron en un terreno inmenso y hospitalario, veamos:

Salcedo, La Flor de la Patria,

brotas entre valles y memorias

con el nombre grabado en la voz del tiempo.

Del Juana Núñez vienen tus recuerdos,

eternos como el río que no olvida su cauce,

testigos callados de historia y de entrega.

Tierra de hombres y mujeres de nombres sonoros,

que no necesitan monumentos

porque su eco vive en la patria entera.

Tu entrega no fue grito vacío:

fue sacrificio, fue sudor, fue sangre por la libertad,

y en cada sacrificio, hay una muestra de amor a esta tierra que duele,

que une, que no se abandona.

Por tu coraje te llevo en el alma,

como se confía en un escapulario,

como se recuerda la primera canción que te enseñó tu madre.

Por tu valentía no me cabe en el pecho,

porque en ti aprendí que ser pequeño en el mapa

no te hace diminuto en dignidad.

Terruño de fértil campiña,

donde la tierra responde al trabajo con cosecha,

y el aire baja limpio desde la montaña

para lavar el cansancio y dejarte el aliento nuevo.

Frescor encantador que acaricia la frente,

que te dice sin palabras: aquí estás en casa.

Eres La Flor de la Patria, Salcedo,

la que bendice mi existir sin pedir permiso.

No te adorno, te reconozco.

No te canto, te llevo.

Porque quien nace de ti, aunque camine lejos,

lleva tu olor a café, tu verde eterno,

y el orgullo manso de saberse hijo tuyo.

Salcedo, Flor que no se marchita,

te guardo donde no llega el olvido:

en el alma.

Screenshot

Sociólogo – Comunicador Dominicano

triffolio@gmail.com

Populares

Podría interesarle
Relacionadas

Siempre el amor

Una reflexión de Ana Anka sobre el amor, el deseo, la pérdida y la imposibilidad de poseer completamente al otro, a partir de Cumbres Borrascosas y La agonía del Eros.

¿Por qué cada vez es más difícil comprar una vivienda en la República Dominicana?

El aumento de los costos de construcción, los terrenos, el financiamiento y la brecha entre ingresos y precios plantea nuevos desafíos para quienes buscan adquirir una vivienda.

La traición que mató al presidente

Por: Frank Hernández La historia política dominicana está marcada por...

Día de la Restauración

A propósito del 163 aniversario de la Restauración, María Hernández recuerda a sus protagonistas y reflexiona sobre la vigencia de la defensa de la soberanía nacional.

¿Es Trump el hombre correcto para gobernar a Estados Unidos? (2 de 3)

En la segunda entrega de su serie, Miguel Espaillat Grullón aborda la gestión de Donald Trump desde la perspectiva crítica del senador estadounidense Bernie Sanders.

Cuando muere un diputado, ¿a quién pertenece la curul?

El fallecimiento de un diputado abre un debate sobre quién debe ocupar su curul. Pablo Vicente cuestiona que el parentesco pueda convertirse en criterio de sustitución y propone fortalecer la legitimidad democrática del mecanismo.