Por José Luis Ortiz Güell
Un encuentro con el alma indomable de una artista que transformó el dolor en la más alta de las artes.
Imaginen por un momento la voz. Esa que brota del centro de la tierra y se eleva hasta estremecer las vigas del cielo. Es la voz de Jana Hurková. Pero Jana, conocida artísticamente como Belle De Z, no es una cantante al uso; su vida parece uno de esos guiones que nadie se atrevería a escribir por inverosímil. Una emigrante eslovaca afincada en Vila-real, una madre superviviente de una relación violenta, una mujer cuyo cerebro almacena siete amenazas de muerte en forma de aneurismas.

Y, sin embargo, hoy, desde los escenarios más prestigiosos de Europa, nos regala la lección más hermosa y aterradora: que se puede estar roto por dentro y, aun así, sonreír, cantar y vencer.
En un rincón íntimo de Madrid, con una taza de té humeante entre sus manos —manos que tiemblan apenas un instante, como el recuerdo de un terremoto interior—, Belle De Z recibe a este cronista. No hay distancia en su mirada; hay una intensidad que quema.
Porque ella no ha venido a hablar de discos de oro, sino de segundos de vida, de cómo una mujer puede estar al borde del abismo y decidir, por pura voluntad, mirar hacia arriba y empezar a andar.
Déjense cautivar por esta entrevista, porque no es todos los días que uno se sienta frente a la mejor versión de la resiliencia humana.
1. Belle De Z, hablemos primero de los orígenes. Usted fue esa niña que cantaba en el coro de la iglesia de Rimavská Sobota y que, con tan solo 14 años, fue seleccionada para actuar ante el mismísimo presidente de la entonces Checoslovaquia. ¿Qué queda de aquella niña de voz impecable en la mujer indómita que escuchamos hoy en el Got Talent checoslovaco?
Queda absolutamente todo. Esa niña sigue viviendo dentro de mí, aunque la vida la obligó a convertirse en una mujer mucho más fuerte, más consciente y más valiente.
Recuerdo perfectamente aquellos años en Rimavská Sobota. El coro de la iglesia fue mi primer escenario, aparte de la ducha y las escaleras de mi casa, el lugar donde descubrí que cantar no era solo interpretar notas, sino transmitir emociones. Allí aprendí disciplina, sensibilidad y respeto por la música.
Y sí, actuar con apenas 14 años ante el presidente de Checoslovaquia fue algo enorme para una niña de provincia. En aquel momento sentí, quizás por primera vez, que la música podía abrir puertas imposibles.
Pero la vida después me llevó por caminos muy duros. Los aneurismas cerebrales, los ictus, las operaciones, la recuperación… todo eso cambia a una persona para siempre. Ya no cantas igual después de mirar tantas veces a la muerte de frente.
La voz cambia porque cambia el alma.
En Got Talent la gente vio fuerza, rabia, energía, incluso una especie de rebeldía. Y tienen razón. Hoy ya no soy aquella niña tímida que solo quería cantar bonito. Hoy soy una mujer que canta porque sobrevivió. Porque sigue aquí. Porque entendió que la vida es demasiado frágil como para vivir con miedo.
Pero la esencia sigue siendo la misma: la emoción verdadera.
La diferencia es que ahora cada canción tiene cicatrices detrás.
Y eso no se aprende en ninguna escuela de música.
2. En 1999 cruzó Europa casi por casualidad: unas vacaciones, una playa, un flechazo que le cambió todo. El cuento de hadas duró poco y derivó en una realidad muy dura: malos tratos psicológicos y físicos. Usted logró escapar de ese infierno y criar sola a su hija en un país extranjero. ¿De dónde sacó la fuerza para no pedir la maleta de vuelta y quedarse, precisamente, para sanar?
Fue una etapa muy dura, pero creo que cuando eres madre descubres una fuerza que ni siquiera sabías que existía dentro de ti. Muchas veces pensé en volver, en rendirme, pero algo dentro de mí me decía que tenía que seguir adelante.
España terminó convirtiéndose en el lugar donde reconstruí mi vida desde cero. No fue fácil: estaba sola, en un país extranjero y con mucho miedo, pero también entendí que si quería darle una vida mejor a mi hija, primero tenía que salvarme a mí misma.
Con el tiempo comprendí que quedarse no fue una derrota, fue mi forma de sanar y volver a encontrarme como mujer y como artista.
3. En 2018 lanza "You Belong", una balada blues que le valió la medalla de bronce en los Global Music Awards de California. La crítica alabó su fuerza vocal. Pero, ¿qué significó para usted ponerle título y melodía a la palabra "pertenencia" cuando usted misma ha vivido siempre al límite entre dos patrias (Eslovaquia y España)?
"You Belong" no nació desde el amor a una patria, sino desde una herida emocional muy profunda. La canción habla de esas relaciones tóxicas de las que muchas veces cuesta muchísimo salir, donde una persona termina perdiéndose a sí misma, sufriendo y olvidando su propio valor.
En aquella época yo estaba nuevamente enamorada y tenía ilusión por volver a creer en el amor, pero también llevaba dentro mucho miedo por todo lo vivido anteriormente.
Y justo entonces ocurrió un caso muy grave de maltrato en Vila-real, la ciudad que considero mi casa. Fue algo que me impactó muchísimo y que marcó un antes y un después en mi vida.
Por eso la frase “You wanna be free now” es tan importante. Habla de la necesidad de liberarse, de volver a respirar, de recuperar la dignidad y aprender a amarse a uno mismo de verdad. Porque el amor nunca debería doler ni destruirte.
A partir de ahí empecé también a colaborar y hacer trabajo voluntario con mujeres y hombres maltratados, porque el sufrimiento no entiende de género.
Creo que es muy importante perder el miedo a hablar. Nunca sabemos a quién le puede pasar: puede ser alguien muy cercano.
Y aunque nací en la antigua Checoslovaquia y llevo en el alma tanto a la República Checa como a Eslovaquia, España fue el lugar donde realmente renací como mujer y como artista. Aquí nació mi hija, aquí nació mi música y aquí volvió a latir mi alma.
[Continúa…]

