Las pronunciamos a diario, forman parte de nuestra identidad y cualquier dominicano entiende inmediatamente su significado. Desde “quillao” hasta “keloké”, estas diez palabras demuestran que el español dominicano tiene vida propia.
SANTO DOMINGO.- Si un dominicano dice que está quillao, que alguien es allantoso, que anoche hubo un teteo y que hoy está rulay, probablemente otro dominicano entenderá perfectamente lo que quiere decir.
Pero para una persona que no conozca nuestra manera de hablar, la conversación podría necesitar traducción.
El español que se habla en República Dominicana tiene personalidad propia. A través de generaciones hemos creado palabras, transformado otras y construido expresiones capaces de explicar situaciones completas con apenas unas sílabas.
Algunas nacieron hace décadas y otras pertenecen a generaciones mucho más recientes. Muchas han pasado de los barrios a la música, las redes sociales y los medios de comunicación.
Y aunque forman parte de nuestra conversación cotidiana, estas diez palabras o sus acepciones dominicanas no figuran en el Diccionario de la lengua española (DLE).
Vamos a conocerlas.
1. Quillao
Comenzamos con una que cualquier dominicano conoce.
Estar quillao significa estar enojado, molesto o disgustado.
No hace falta explicar demasiado cuando alguien llega a un lugar con el rostro serio y dice:
—Estoy quillao.
Todos entendemos que algo pasó.
La palabra también refleja una característica de nuestra manera de hablar: con frecuencia eliminamos la d cuando se encuentra entre vocales.
Así, cansado se convierte en cansao, acabado en acabao y quillado termina convertido en quillao.
Ejemplo:
“Estoy quillao porque llevo dos horas esperando.”
Una sola palabra puede resumir todo un estado de ánimo.
2. Allantoso
El allantoso es todo un personaje de nuestra sociedad.
Es la persona que presume, aparenta, exagera lo que tiene o intenta impresionar constantemente a los demás.
Puede hablar del dinero que supuestamente posee, de las personas importantes que conoce, de sus viajes, negocios o conquistas.
El problema es que muchas veces detrás del espectáculo hay más apariencia que realidad.
Por eso también tenemos otra palabra estrechamente relacionada: allante.
Ejemplo:
“No le hagas mucho caso; ese hombre es muy allantoso.”
Y prácticamente cualquier dominicano sabe exactamente qué tipo de persona acabamos de describir.
3. Chapiadora
Esta es mucho más reciente, pero alcanzó una enorme popularidad.
En el lenguaje popular dominicano, una chapiadora es una mujer que procura obtener dinero, regalos, viajes u otros beneficios materiales de los hombres con quienes establece o intenta establecer una relación.
Es una expresión generalmente utilizada con sentido despectivo y cuyo significado se hizo especialmente conocido a través de la música urbana, las redes sociales y la conversación popular.
Ejemplo:
“Dicen que ella solamente anda buscando hombres con dinero; es una chapiadora.”
Lo interesante es que chapiar originalmente puede relacionarse con cortar o limpiar maleza.
La creatividad popular dominicana tomó el término y terminó dándole otro significado completamente diferente.
4. Ratatá
Si alguien dice:
“Ese carro está ratatá.”
probablemente ningún dominicano imaginará que estamos hablando de un ruido.
Ratatá se utiliza popularmente para expresar que algo está muy bien, impresionante, llamativo, fuerte o fuera de serie.
También puede utilizarse para describir personas o situaciones y su significado puede cambiar ligeramente dependiendo del contexto.
Una fiesta puede estar ratatá.
Un vehículo puede estar ratatá.
Hasta una persona puede andar ratatá.
Ejemplo:
“Te quedó ratatá ese traje.”
Es una de esas expresiones donde la entonación ayuda tanto como la propia palabra.
5. Desacatao
El desacatao es aquel que anda sin muchos frenos.
Puede referirse a alguien rebelde, atrevido, descontrolado o dispuesto a hacer lo que le venga en gana.
Pero existe una particularidad: no siempre tiene una connotación negativa.
Un dominicano puede decir:
“Anoche me desacaté.”
Y eso no necesariamente significa que cometió algo malo.
Puede querer decir que salió de fiesta, bailó, bebió, gastó más dinero de lo acostumbrado o simplemente hizo algo fuera de su rutina habitual.
Ejemplo:
“Ese muchacho anda desacatao últimamente.”
El contexto determinará si debemos preocuparnos… o si simplemente estuvo de fiesta.
6. Yaniqueque
Esta palabra no solamente se habla: también se come.
El yaniqueque es una masa de harina frita, normalmente redonda y crujiente, muy popular en las calles y especialmente en las zonas de playa de República Dominicana.
Y su historia es particularmente curiosa.
Su nombre se relaciona con la expresión inglesa Johnny cake, que con el tiempo fue adaptándose a nuestra pronunciación hasta convertirse en yaniqueque.
Hoy la palabra está tan integrada a nuestra cultura que pocos piensan en su posible origen cuando la utilizan.
Ejemplo:
“Dame dos yaniqueques con pescado.”
En lugares como Boca Chica, esa frase prácticamente forma parte del paisaje.
7. Brigandina
Esta palabra puede resultar menos conocida entre las generaciones jóvenes, pero continúa siendo una expresión muy dominicana.
Decir que algo fue hecho “a la brigandina” significa que se hizo rápidamente, sin suficiente cuidado, improvisadamente o de cualquier manera.
Y hay una diferencia importante.
No significa simplemente hacer algo rápido.
La expresión normalmente implica que, por hacerlo deprisa, el resultado terminó siendo deficiente.
Ejemplo:
“Mira cómo quedó eso; hicieron el trabajo a la brigandina.”
Todos hemos visto alguna reparación, construcción o trabajo que merece perfectamente esa descripción.
8. Rulay
Aquí regresamos al vocabulario de generaciones más recientes.
Rulay puede utilizarse para expresar que una persona está bien, tranquila, activa, disfrutando o pasándola bien.
Alguien pregunta:
—¿Cómo tú estás?
Y la respuesta puede ser simplemente:
—Estamos rulay.
No hacen falta mayores explicaciones.
También puede aparecer asociado a fiestas y ambientes de diversión.
Ejemplo:
“Aquí estamos rulay, disfrutando con los muchachos.”
Es una palabra corta, sonora y adaptable, tres características que ayudan a explicar por qué determinadas expresiones se propagan rápidamente.
9. Teteo
Esta probablemente sea una de las palabras dominicanas contemporáneas que mayor difusión ha conseguido.
El teteo es fiesta, rumba, baile, música y diversión.
Podemos decir:
“Esta noche hay teteo.”
O:
“Se armó el teteo.”
La música urbana tuvo un papel fundamental en su popularización y las redes sociales hicieron el resto.
Pero teteo también demuestra algo importante: los dominicanismos no pertenecen solamente al pasado.
Nuestro vocabulario continúa desarrollándose delante de nosotros.
Las nuevas generaciones también están creando palabras que quizás dentro de cincuenta o cien años continúen formando parte de nuestra manera de hablar.
10. Keloké
Y terminamos con una expresión capaz de demostrar hasta dónde puede llegar la economía lingüística dominicana:
Keloké.
Su origen está en una expresión mucho más larga:
¿Qué es lo que es?
Con el uso cotidiano fue reduciéndose:
¿Qué lo qué?
Y finalmente encontramos la representación gráfica popular:
Keloké.
Puede funcionar como saludo, pregunta o forma de iniciar una conversación.
Dependiendo del momento puede significar:
“¿Cómo estás?”, “¿qué pasa?”, “¿qué hay?”, “¿qué hacemos?” o simplemente “¿qué lo qué?”.
Ejemplo:
“¡Keloké, hermano!”
Y probablemente la otra persona responderá sin preguntarse absolutamente nada sobre gramática.
El dominicano también construye el español
Estas diez palabras cuentan una historia mucho mayor que la de simples expresiones populares.
El idioma no nació terminado.
La lengua cambia porque quienes la hablan cambian.
Cada generación recibe palabras de la anterior, conserva algunas, transforma otras y crea las suyas.
República Dominicana no es una excepción.
Nuestro español ha recibido influencias españolas, africanas, indígenas, inglesas y caribeñas, pero también ha desarrollado una extraordinaria capacidad propia para transformar el lenguaje.
Por eso podemos estar quillao, conocer un allantoso, hablar de una chapiadora, decir que algo está ratatá, andar desacatao, comernos un yaniqueque, criticar algo hecho a la brigandina, sentirnos rulay, irnos de teteo y saludar a un amigo simplemente preguntándole:
“¡Keloké!”
Quizás algunas de estas palabras algún día lleguen al Diccionario de la lengua española.
Quizás otras desaparezcan y sean sustituidas por expresiones que todavía ni siquiera han nacido.
Eso también es parte de la evolución del idioma.
Porque los diccionarios registran las palabras, pero antes de llegar al diccionario, las palabras nacen en la boca de la gente.

