Por La Redacción
Pocas cosas son tan comunes en la cocina como cortar una cebolla. Sin embargo, casi todos hemos experimentado el mismo efecto: lágrimas involuntarias que aparecen apenas el cuchillo atraviesa sus capas. Pero, ¿por qué ocurre esto?
La respuesta está en la química natural de la cebolla. Cuando la cortamos, rompemos miles de células microscópicas que contienen compuestos de azufre. Al entrar en contacto con el aire, estas sustancias reaccionan y producen un gas irritante conocido como factor lacrimógeno.
Ese gas asciende rápidamente y llega a nuestros ojos. Allí se mezcla con la humedad natural de la superficie ocular y forma una sustancia ligeramente irritante. Como mecanismo de defensa, el cerebro ordena a las glándulas lagrimales producir más lágrimas para eliminar el irritante y proteger los ojos.
Curiosamente, este sistema no fue creado para molestar a los cocineros. Se trata de una estrategia de defensa desarrollada por la planta para protegerse de animales y organismos que podrían dañarla o consumirla.
Los científicos han estudiado este fenómeno durante décadas y han logrado identificar las sustancias responsables. Incluso se han desarrollado variedades de cebolla que producen menos compuestos irritantes y, por lo tanto, provocan menos lágrimas al ser cortadas.
La próxima vez que una cebolla te haga llorar, recuerda que no es una casualidad. Es el resultado de un sofisticado mecanismo de defensa que la naturaleza perfeccionó durante millones de años.
Dato curioso: Enfriar la cebolla antes de cortarla puede reducir la cantidad de gas liberado y disminuir el lagrimeo. Esto ocurre porque las reacciones químicas se vuelven más lentas a bajas temperaturas.


