Por Ana Anka
Como si cada beso
fuera de despedida,
Cloé, besémonos, amando.
Tal vez ya nos toque
en el hombro la mano que llama
a la barca que no viene sino vacía;
y que en el mismo haz
ata lo que fuimos mutuamente
y la ajena suma universal de la vida.
Fernando Pessoa
Anoche la lluvia fue fina y el viento racheado; un sueño profundo…
Li Qingzhao
La película china Linterna Roja, dirigida por Zhang Yimou y estrenada en 1991, tiene como protagonista principal a la bella Gong Li. Está ambientada en la China de los años veinte y narra la historia de un rico terrateniente, sus concubinas y la cuarta esposa, Songlian, de 19 años, quien llega a la “cárcel de cristal” del señor feudal que le triplica la edad. Ella trata de rebelarse y huir…
Ver la película, de gran belleza visual, nos atrapa por su goce estético: el ritual de encender los faroles rojos en medio de una arquitectura distante, con espacios decorados que contrastan con los apartamentos de cada concubina al gusto oriental y el rojo de la vida y la buena suerte. Causan atracción las grandes linternas que iluminan la noche en el apartamento elegido por el señor feudal. Es la mano y el gusto del amo: conoce a cada amante y ordena la preparación de la cuarta esposa, con masajes y limpieza de pies por sus sirvientas. Las ropas y cortinas del aposento crean esa sensualidad erótica, lenta y sutil, acompañada por una música apenas perceptible.
Las tres concubinas están celosas de la joven que dejó sus estudios universitarios tras la muerte de su padre. Cada una genera estrategias para pasar tiempo con el amo, alimentando chismes y competencias para ser la elegida. Incluso la sirvienta destinada a atender a la nueva esposa siente celos y envidia por la recién llegada.
La número cuatro, como así la llaman, se da cuenta de la pérdida de libertad y trata de “cumplir” con sus obligaciones de esposa, aunque casi siempre la pareja es interrumpida. Muy poco se ve al señor feudal, ocupado en sus gestiones; ya entrada la tarde o la noche acude al palacio amurallado y al lecho de la cuarta esposa, pero es interrumpido por los cantos de ópera de la tercera esposa, que llenan los altos del palacio. En medio de la niebla canta despechada, mientras el palacio transmite un frío tenebroso. Luego, ambas mujeres logran compartir y la cantante pone al tanto a Songlian sobre las anteriores concubinas y el cuarto que permanece siempre cerrado.
Al principio trata de compartir con las tres esposas, pero se ve envuelta en competencias. En sus primeras noches nupciales es interrumpida por supuestas enfermedades de la tercera esposa, quien siente celos por la juventud y belleza de Songlian y por la posibilidad de que dé descendencia a ese hombre mayor. Él las incita a pelear, pues aquello le divierte, mientras utiliza a la sirvienta que le practica sexo oral. Esta joven sueña con convertirse en una de ellas y es manipulada por la número dos, quien solo desea acostarse con el amo para procrear. La número uno, una mujer mayor, impone las reglas y tiene un hijo adulto que la visita. El joven conoce y dialoga con la cuarta esposa, creando entre ambos un extraño vínculo de atracción…
Siempre la número uno inicia el ritual de la alimentación. Está al tanto de los gustos de cada una y de las normas que deben cumplirse. Es una mujer adusta que conoce bien la vida del palacio y al señor feudal.
A pesar de la distancia emocional y la frialdad del castillo, se transmite una sensualidad abierta que se enciende en las noches en los lugares elegidos. La número dos intenta convertirse en la amiga íntima de la recién llegada y le habla de los caprichos de la cantante, aunque en realidad le teme. Durante un almuerzo, Songlian manifiesta que es vegetariana y que prefiere comer con su esposo, algo mal visto por las otras, pues todas deben compartir las mismas normas. La número uno se lo recuerda con firmeza, aunque la joven logra convencer al marido y comienza a idear cómo atraerlo.
En realidad, estas mujeres están presas y vigiladas por guardias. La película nos lleva a reflexionar sobre la vida de cuatro mujeres que tienen resueltas sus necesidades materiales, excepto la compañía del esposo y el apoyo espiritual. Son solo concubinas; es la voz del poder patriarcal, dueño de sus vidas. Ha comprado e invertido en ellas, y quien no obedece las reglas de fidelidad paga con su vida, como ocurre con la cantante de ópera, que mantenía una relación con el médico de la familia. También muere la joven sirvienta, descubierta por Songlian al encontrar en su habitación las linternas rojas que tenía prohibidas. Muere en pleno invierno.
La ropa interior manchada de sangre era la prueba del falso embarazo que fingía Songlian. La número dos la muestra al señor feudal y este la invisibiliza mientras se acuesta con la segunda esposa y, sin una nueva descendencia, prepara la llegada de la quinta concubina.
En formas diferentes, esto también ocurre en nuestros tiempos. Recuerdo a una paciente que, ante la infidelidad de su marido, decía: “Soy la catedral y las otras son iglesias”; “yo soy la principal y no me importa que tenga distracciones con jóvenes; mejor, porque descanso”. También recuerdo a una pareja: ella, una joven de 20 años que quedó embarazada de un hombre de casi 60. Al nacer el niño se separaron y él regresó a su matrimonio de casi cuarenta años.
La muchacha señalaba: “Le dio el apellido y paga la pensión alimentaria. Se puso muy viejo y celoso; prefiero trabajar en casa y salir con mis amistades”.
La poligamia, el poliamor —“felices los cuatro”—, la poliandria —una mujer con varios esposos— y la bigamia son formas de amar, desear, convivir y compartir. Existen diversas maneras de preguntarnos: ¿cómo se ama hoy?
Todos tenemos límites y existen normas, aunque cada vez más porosas. La estructura familiar y su concepto están en crisis, y se percibe el deterioro del patrón patriarcal, que muchas veces se torna más violento. Al vivir en sociedad todos tenemos límites; hay cosas que no se pueden hacer y eso no significa necesariamente que no exista amor.
El filósofo Darío Sztajnszrajber sostiene que el amor es imposible en los términos en que la sociedad lo ha institucionalizado. La monogamia obligatoria, la idea de la “mujer de mi vida”, del “alma gemela” y el mito del amor romántico son dispositivos que restringen y mercantilizan el sentimiento. El amor funciona como una búsqueda utópica e inalcanzable que nos mueve y nos transforma.
El desafío lo enfrenta cada quien, poniendo límites a la época en la que vivimos y revisando constantemente nuestras creencias sobre el amor.
Ya no somos los de veinte años; cambiamos continuamente, aunque conservemos nuestra esencia. “Me he vuelto tolerante con el amor y descubro cómo vivo el amor”. No es poca cosa que alguien ame o sea amado, que abrace y acompañe para estar menos solo. Sin embargo, los vínculos infelices, la idealización y la creencia de que el ser amado cambiará solo porque se le ama, o de que todo se puede por amor, son construcciones perversas.
Recordemos a Madame Bovary, Lolita o Penélope. No todos los amores merecen ser vividos, y el arte, junto con la escritura terapéutica, ayuda a comprenderlo.
“Todo vínculo tiene un costo. Aprender a vivir en soledad, ser autocrítico y perdonarse mucho…”. No idealicemos el amor ni la felicidad. Nada dura para siempre; existe el amor del instante, del vuelo, sin ataduras.
Mi corazón salta de alegría
cuando contemplo un arcoíris en el cielo;
así era cuando comenzó mi vida;
así será cuando envejezca,
¡o que muera!
El niño es padre del hombre,
y desearía que mis días estén
unidos cada uno al otro por piedad natural.
William Wordsworth

