Por Víctor Manuel Grimaldi Céspedes
Golpe de Estado es una expresión que los dominicanos de mi generación escuchamos con frecuencia durante los años transcurridos entre 1961 y 1976.
Entonces sabíamos que un golpe de Estado era algo serio y tenebroso. Significaba el derrocamiento de un gobierno por vías ilegítimas, mediante el uso de la fuerza armada, seguido generalmente de represión, persecuciones y violaciones de los derechos humanos.
En Argentina fue derrocado Arturo Frondizi en 1962. En la República Dominicana, las Fuerzas Armadas depusieron a Juan Bosch el 25 de septiembre de 1963. En Brasil cayó João Goulart en 1964; en Uruguay la democracia fue quebrada el 27 de junio de 1973; en Chile, Augusto Pinochet derrocó al presidente Salvador Allende el 11 de septiembre de ese mismo año; y en marzo de 1976 los militares argentinos desalojaron del poder a Isabel Perón.
La Guerra Fría fue el gran escenario internacional de esos acontecimientos. El temor de Washington a la expansión de la Revolución cubana sirvió para justificar golpes militares, programas de contrainsurgencia y operaciones encubiertas en América Latina.
Ese contexto resulta indispensable para comprender el golpe contra Bosch. Ahora, documentos divulgados dentro del paquete sobre el asesinato del presidente John F. Kennedy permiten completar una investigación que inicié hace aproximadamente cuarenta años: los planes de Washington y de la CIA contra la dictadura haitiana de François Duvalier, las actividades clandestinas de militares dominicanos y la negativa de Bosch a permitir que nuestro territorio fuera utilizado para una guerra secreta.
Una investigación de hace cuarenta años
El documento central de esta historia no llegó por primera vez a mis manos ahora. Lo obtuve hace cuatro décadas durante las investigaciones que realicé en archivos norteamericanos para reconstruir el golpe contra Bosch y la Revolución de Abril de 1965.
Las solicitudes de acceso y desclasificación eran formalizadas por mi amigo Esteban “Steve” Abrecht, ciudadano norteamericano. Pero yo seleccionaba los asuntos, orientaba las búsquedas, estudiaba los expedientes y relacionaba cada documento con los acontecimientos dominicanos.
Conservo esa documentación. Muchos papeles llegaron parcialmente censurados: nombres, párrafos y páginas enteras permanecían cubiertos. Otros fueron entregados íntegramente.
Entre estos últimos figura un cable confidencial del embajador John Bartlow Martin, reproducido en la página 470 de mi libro Golpe y Revolución. El telegrama fue enviado desde la Embajada de los Estados Unidos en Santo Domingo al Departamento de Estado, con distribución al Consejo de Seguridad Nacional y otros organismos de Washington.
El cable fue recibido en Washington durante la madrugada del 27 de septiembre de 1963, menos de cuarenta y ocho horas después del golpe. Martin informó sobre su larga conversación con Bosch en el Palacio Nacional durante la mañana del día 25, cuando todavía intentaba encontrar una salida a la crisis.
Bosch le dijo que ya no podía trabajar con los oficiales que habían desconocido su autoridad. Toda confianza había desaparecido. Entonces reveló algo más grave: solamente durante aquella última y dramática entrevista había descubierto que los militares estaban trabajando con el general haitiano exiliado León Cantave y que le habían prestado apoyo durante el enfrentamiento ocurrido el lunes anterior entre fuerzas de Duvalier y rebeldes haitianos en la zona de Dajabón.
Martin agregó que Bosch no había precisado la naturaleza ni el alcance de la participación militar dominicana, pero consideraba probable que la denunciara públicamente después de ser deportado.
El embajador conocía, por tanto, que la cuestión haitiana estuvo presente en la reunión decisiva del 25 de septiembre. Sin embargo, no desarrolló este episodio en Overtaken by Events, su libro de 1966, donde presentó a Bosch como un gobernante débil, desbordado por los acontecimientos y demasiado tolerante frente a la izquierda.
Kennedy dio luz verde
Los documentos oficiales permiten reconstruir paso a paso lo ocurrido.
El 18 de junio de 1963, el presidente Kennedy se reunió en Washington con Ralph Dungan, el embajador Raymond Thurston y Edwin M. Martin, secretario adjunto de Estado para Asuntos Interamericanos. No debe confundirse a este funcionario con John Bartlow Martin, el embajador en Santo Domingo.
Según el memorando oficial de aquella conversación, Edwin Martin afirmó que Bosch estaba reuniendo militares haitianos exiliados en la República Dominicana y que los gobiernos norteamericano y dominicano los sostenían. Kennedy respondió que debía darse a Bosch “luz verde completa” para organizar una fuerza haitiana y proporcionarle el dinero y los equipos necesarios.
El presidente norteamericano quería trabajar estrechamente con Bosch, pero también mantener el control sobre el momento en que se iniciara cualquier acción. El embajador Thurston calculó que 500 haitianos bien entrenados podrían derribar a Duvalier, con un batallón norteamericano situado mar adentro como respaldo.
Dos días después, el 20 de junio, el Grupo Especial encargado de supervisar las operaciones encubiertas aprobó buscar un entendimiento secreto con Bosch para utilizar a los exiliados haitianos establecidos en nuestro país.
Washington hablaba como si Bosch dirigiera o aceptara aquella operación. Pero los informes posteriores de la propia CIA contradicen esa suposición.
El campamento de Cantave
Un informe de la CIA fechado el 2 de julio de 1963 recoge las afirmaciones de León Cantave. El general haitiano decía preparar una invasión desde la República Dominicana y contar con el respaldo del general Víctor Elby Viñas Román.
Cantave afirmaba que se le había proporcionado un campamento en San Cristóbal con capacidad para 300 hombres. Entre 150 y 200 exiliados se encontraban allí recibiendo entrenamiento, con armas y municiones, bajo control del Ejército dominicano. También aseguraba que tendría facilidades aéreas y colaboración militar en la frontera.
Pero el propio informe advertía que existían contradicciones entre el relato de Cantave y las informaciones procedentes de la República Dominicana. El documento no prueba que Bosch autorizara el campamento: solamente registra que Cantave suponía que el presidente conocía los planes.
La aclaración aparece en otro reporte de la CIA, fechado el 3 de julio. Allí se informa que Bosch acababa de conocer que miembros del Ejército dominicano apoyaban y entrenaban exiliados haitianos. El 28 de junio, en ausencia de Viñas Román, llamó al general Renato Hungría Morel y ordenó que esas actividades terminaran inmediatamente.
El informe señala que el campamento había sido establecido sin conocimiento del presidente y que Bosch no quería participar en las actividades de los exiliados.
Esta pieza es fundamental: Bosch era enemigo de la dictadura de Duvalier, pero no aceptaba que militares dominicanos organizaran por su cuenta una invasión contra Haití ni que comprometieran al país sin autorización constitucional.
La CIA admite la negativa de Bosch
El 23 de enero de 2025, el presidente Donald Trump ordenó publicar los documentos todavía retenidos sobre los asesinatos de John F. Kennedy, Robert F. Kennedy y Martin Luther King Jr. Los Archivos Nacionales comenzaron a divulgar el nuevo conjunto de documentos sobre Kennedy el 18 de marzo de 2025.
Dentro de ese paquete apareció el acta secreta de la reunión del Grupo Especial celebrada el 18 de julio de 1963. Participaron, entre otros, el director de la CIA, John McCone; el asesor de Seguridad Nacional, McGeorge Bundy; el subsecretario de Defensa, Roswell Gilpatric; U. Alexis Johnson y el coronel J. C. King, responsable de las operaciones de la CIA en el hemisferio occidental.
McCone y King informaron que el plan aprobado el 20 de junio había tropezado con obstáculos. Los exiliados haitianos disponibles eran considerados poco confiables por su falta de seguridad, cohesión y liderazgo. Pero el impedimento político principal era otro: Bosch había decidido que no permitiría que aquella fuerza utilizara la República Dominicana como base para operaciones militares contra Duvalier.
La CIA consideró inviable el proyecto original y propuso entrenar exiliados seleccionados en Estados Unidos o Puerto Rico en inteligencia, comunicaciones y operaciones fronterizas. El objetivo sería construir dentro de Haití una organización clandestina antiduvalierista y anticomunista. Ya se habían aprobado 200,000 dólares para el entrenamiento.
El acta del 18 de julio de 1963, documento 104-10306-10024, le pone la tapa al pomo: prueba que la CIA quiso utilizar territorio dominicano, que buscó un acuerdo encubierto con Bosch y que el presidente se negó.
El descubrimiento final
La secuencia documental es precisa.
El 18 de junio, Kennedy dio luz verde para fortalecer a los exiliados haitianos. El 20 de junio, el Grupo Especial aprobó buscar un entendimiento secreto con Bosch. El 28 de junio, Bosch, al descubrir el campamento organizado por militares dominicanos, ordenó cerrarlo. El 18 de julio, la CIA admitió que el presidente no permitiría utilizar nuestro país contra Duvalier.
Sin embargo, el 25 de septiembre Bosch descubrió que oficiales dominicanos habían continuado trabajando con Cantave y que lo habían ayudado durante los combates ocurridos en la frontera.
No se trataba de una simple diferencia política. Mandos militares subordinados al Poder Ejecutivo habían desarrollado relaciones clandestinas con fuerzas extranjeras, comprometido recursos nacionales y participado en acciones contra otro Estado sin autorización del presidente de la República.
Horas después de que Bosch descubriera esa desobediencia, esos mismos militares derrocaron su gobierno.
Las nuevas minutas no demuestran, por sí solas, que la negativa de Bosch ante la CIA fuera la causa única del golpe.
Un acontecimiento de esa magnitud tuvo numerosos actores y motivos: la oposición empresarial, las campañas religiosas, las conspiraciones militares, el conflicto constitucional, las presiones de la derecha, la agitación de la izquierda insurreccional y la doctrina anticomunista de Washington.
Pero los documentos prueban que el problema haitiano formó parte de la crisis y llegó hasta la entrevista final del 25 de septiembre.
Bosch entre varios fuegos
En 1962, Manolo Tavárez Justo había advertido que el Movimiento Revolucionario 14 de Junio podía recurrir a la lucha guerrillera. Sin embargo, la insurrección comenzó después del golpe, no durante el gobierno constitucional. Tavárez Justo y varios de sus compañeros fueron fusilados en Las Manaclas el 21 de diciembre de 1963.
Bosch no era partidario del terrorismo ni de la aventura guerrillera. En 1959 se había negado a comprometer al Partido Revolucionario Dominicano con la expedición de Constanza, Maimón y Estero Hondo porque entendía que las condiciones dominicanas eran diferentes de las cubanas.
Esto no impidió que sus enemigos lo acusaran de tolerar el comunismo. Quedó atrapado entre una izquierda que lo consideraba demasiado moderado y una derecha que lo presentaba como un peligroso revolucionario. Washington le exigía medidas más severas contra los grupos izquierdistas y, simultáneamente, pretendía involucrarlo en una operación encubierta contra Haití.
En 2008 conversé con el general retirado Ramón Benito Monción Leonardo. Me aseguró que Anthony Ruiz, asesor de Seguridad Pública de la Embajada norteamericana, tuvo una actuación determinante durante las discusiones de la madrugada del 25 de septiembre. Monción insistió en que Ruiz y Dan Mitrione eran personas diferentes, aunque ambos estuvieron vinculados al Programa de Seguridad Pública de la Agencia Internacional para el Desarrollo, USAID.
Ese relato constituye un testimonio que debe confrontarse con los documentos. Las minutas y telegramas oficiales ahora disponibles no prueban todos sus detalles, pero confirman el ambiente de operaciones clandestinas, presiones extranjeras e intervención de organismos de seguridad dentro del cual se produjo el golpe.
Una verdad que aparece completa
Bosch ganó las elecciones del 20 de diciembre de 1962 con cerca del 60 por ciento de los votos y tomó posesión el 27 de febrero de 1963. Siete meses después fue derrocado y enviado al exilio.
En 1965, el Gobierno de los Estados Unidos autorizó a John Bartlow Martin a consultar documentos secretos para preparar Overtaken by Events, publicado por Doubleday en 1966. En mi libro Golpe y Revolución presenté pruebas del esfuerzo desarrollado para desacreditar a Bosch y responsabilizarlo por su propio derrocamiento.
Los documentos que obtuve hace cuarenta años mostraban lo que Bosch descubrió el día del golpe. Los expedientes publicados en 2025 muestran lo que la CIA y los altos funcionarios norteamericanos discutían secretamente en Washington.
Unos y otros encajan.
Bosch intentaba construir una democracia después de treinta y un años de dictadura trujillista. También trataba de defender la autoridad civil frente a unos mandos acostumbrados a actuar sin control y de proteger la soberanía nacional frente a operaciones concebidas desde el exterior.
Cuando ordenó cerrar el campamento de los exiliados haitianos y se negó a convertir la República Dominicana en plataforma de una operación clandestina contra Duvalier, Bosch actuó como presidente constitucional de un Estado soberano.
No fue derrocado por falta de autoridad.
Fue derrocado, entre otras razones, porque intentó ejercerla.
Fuentes documentales
- Víctor Manuel Grimaldi Céspedes, Golpe y Revolución, p. 470: telegrama confidencial de la Embajada de los Estados Unidos en Santo Domingo, septiembre de 1963.
- John Bartlow Martin, Overtaken by Events: The Dominican Crisis from the Fall of Trujillo to the Civil War, Doubleday, 1966.
- Departamento de Estado de los Estados Unidos, Foreign Relations of the United States, 1961–1963, volumen XII, documento 389, memorando del 18 de junio de 1963.
- Archivos Nacionales de los Estados Unidos, ISCAP 2012-081, documento 4, informe del 2 de julio de 1963 sobre los planes de León Cantave.
- Archivos Nacionales de los Estados Unidos, ISCAP 2012-081, documento 5, informe del 3 de julio de 1963 sobre el cierre del campamento y la posición de Bosch.
- CIA, Minutes of Special Group Meeting, 18 de julio de 1963, documento 104-10306-10024.
- Víctor Manuel Grimaldi Céspedes, “El golpe de Estado a Juan Bosch”, Listín Diario, 22 de abril de 2016.

