SAN CRISTÓBAL, República Dominicana.— A pocos kilómetros de la ciudad de San Cristóbal existe otro mundo. Basta internarse en la roca para que la luz disminuya, el ruido exterior desaparezca y las paredes comiencen a contar una historia anterior a la República Dominicana, a la colonia y a la llegada de los europeos.
Son las Cuevas de Borbón o del Pomier, uno de los conjuntos arqueológicos y naturales más importantes del país y una extraordinaria concentración de arte rupestre del Caribe.
En sus paredes permanecen pictografías y petroglifos que representan figuras humanas, aves, peces, reptiles y símbolos cuyo significado conduce directamente hacia las culturas precolombinas que habitaron la isla.
La documentación oficial ha manejado históricamente la existencia de 55 cuevas y alrededor de 6,000 manifestaciones de arte rupestre. Sin embargo, exploraciones realizadas en 2024 por el especialista estadounidense George Veni determinaron que algunas cavidades previamente contabilizadas estaban conectadas entre sí y localizaron otras no registradas, elevando entonces el inventario a 57 cuevas.

Un museo escondido en la roca
Pomier no fue simplemente un lugar donde los antiguos habitantes de la isla buscaron refugio.
Las cavernas estuvieron vinculadas a diferentes actividades humanas y espirituales. El arte encontrado en ellas permite aproximarse a la forma en que aquellos pueblos interpretaban su entorno, los animales con los que convivían y parte de su universo simbólico.
La propia UNESCO destaca que el arte rupestre dominicano permite estudiar manifestaciones culturales de los antiguos habitantes del Caribe y distingue diferentes escuelas estilísticas, entre ellas precisamente la denominada Escuela de Borbón. La Cueva No. 2 de Borbón forma parte de los sitios incluidos por República Dominicana en su candidatura de arte rupestre prehispánico ante la Lista Indicativa del Patrimonio Mundial.
La importancia de Pomier, por tanto, no reside solamente en la cantidad de imágenes conservadas.
Cada pared puede ser un documento.
Cada dibujo puede contener información que sobrevivió durante siglos sin necesidad de papel.
Y cada cavidad constituye una pieza de un enorme rompecabezas sobre quienes ocuparon este territorio antes que nosotros.

Un patrimonio que estuvo bajo amenaza
Pero mientras las cuevas preservaban bajo tierra una parte de la memoria más antigua de la isla, en la superficie ocurría otra historia.
Durante años, la explotación de piedra caliza en los alrededores provocó preocupación por los posibles daños al sistema cavernario.
La evaluación realizada en 2024 por George Veni confirmó la ubicación y entrada de 24 cuevas. De ellas, nueve presentaban afectaciones vinculadas a actividad minera y otras siete habían sido impactadas por operaciones de canteras, según el informe preliminar divulgado por las autoridades ambientales.
La situación terminó provocando una intervención estatal de mayor alcance.
En febrero de 2025, el Ministerio de Medio Ambiente ordenó detener la extracción de materiales, la dinamitación y otras actividades mineras dentro del núcleo protegido y su zona de amortiguamiento. Al mismo tiempo, el Gobierno anunció un programa de rescate con la intención de convertir el complejo en un espacio protegido de investigación, cultura y ecoturismo.
Posteriormente fue creada una comisión presidencial integrada por instituciones públicas para coordinar el desarrollo sostenible y ecoturístico de Pomier, manteniendo su vocación científica, educativa, cultural y ambiental.
Cerradas para poder conservarlas
El proceso todavía está en marcha.
Desde diciembre de 2025, Medio Ambiente dispuso un cierre temporal del monumento para desarrollar trabajos de conservación, adecuación de senderos, señalización interpretativa, mejoras de acceso, vigilancia e infraestructura destinada a ordenar posteriormente las visitas.
En esa comunicación, el Ministerio contabilizó 54 cuevas y más de 4,000 pictografías y petroglifos, cifras diferentes de inventarios anteriores. Las variaciones evidencian que la identificación y clasificación del sistema cavernario ha cambiado conforme avanzan los estudios.
Durante 2026 continuaron las labores de remediación ambiental y estabilización de terrenos anteriormente impactados. Medio Ambiente informó en mayo que los mineros artesanales habían sido reubicados entre tres y cinco kilómetros fuera del polígono protegido y que el SENPA mantenía vigilancia sobre el área.

Una nueva protección en 2026
El proceso dio otro paso el 15 de junio de 2026, cuando mediante el Decreto 393-26 fueron declarados de utilidad pública e interés social terrenos situados dentro del Monumento Natural Reserva Antropológica Cuevas de Borbón o del Pomier.
La disposición busca facilitar trabajos de manejo, monitoreo, restauración ambiental, conservación y preservación del patrimonio natural, arqueológico y cultural del complejo.
El desafío ahora será conseguir que conservación y aprovechamiento turístico puedan coexistir.
Porque abrir Pomier al visitante puede convertirlo en una extraordinaria herramienta educativa y en una fuente de oportunidades para las comunidades cercanas, pero una cueva que ha conservado durante siglos manifestaciones rupestres también puede resultar vulnerable ante una explotación turística descontrolada.
Lo que permanece en la oscuridad
Quizás esa sea precisamente la dimensión más impresionante de Pomier.
Mientras arriba surgieron ciudades, carreteras y generaciones completas de dominicanos, debajo de la tierra permanecieron aquellas figuras.
No conocen nuestras fronteras provinciales ni nuestros nombres actuales. Fueron trazadas cuando el territorio era otro y sus habitantes entendían el mundo de una manera que apenas comenzamos a reconstruir.
Hoy República Dominicana intenta preservar esas cavernas mientras procura proyectarlas internacionalmente. El Gobierno ha anunciado su intención de impulsar, una vez concluida la restauración, su reconocimiento como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO.
Pomier puede convertirse en destino turístico, centro científico y espacio educativo.
Pero antes que cualquiera de esas cosas es memoria.
Una memoria que no está guardada en una biblioteca ni escrita en un libro.
Está grabada en las entrañas de la República Dominicana.

