Por El Sol de Las Américas
En pleno corazón de Río San Juan, provincia María Trinidad Sánchez, existe un lugar donde el agua dulce, los manglares y el océano Atlántico parecen haberse puesto de acuerdo para crear uno de los paisajes naturales más singulares de la República Dominicana.
Es la Laguna Gri-Gri, una formación natural que no solamente constituye uno de los grandes atractivos turísticos de la costa norte, sino también un área protegida, refugio de aves, fuente de trabajo para numerosas familias y parte fundamental de la identidad de Río San Juan.
Visitarla significa comenzar navegando bajo un espeso techo de manglares y terminar frente al inmenso Atlántico, descubriendo en el trayecto cuevas, aguas cristalinas, aves y algunos de los paisajes más hermosos de esta parte del país.
En el mismo corazón de Río San Juan
Una de las particularidades de Gri-Gri es su ubicación. No hay que internarse durante horas en una montaña ni recorrer caminos apartados para encontrarla.
La laguna se encuentra prácticamente integrada al pueblo pesquero de Río San Juan, aproximadamente a 100 kilómetros al este de Puerto Plata. El acceso se realiza desde la propia comunidad y allí se encuentran las embarcaciones que realizan los recorridos.
Esa relación tan estrecha entre el pueblo y la laguna explica por qué Gri-Gri es mucho más que un atractivo para visitantes: forma parte de la vida cotidiana de Río San Juan.

¿Por qué se llama Gri-Gri?
Su curioso nombre proviene de los árboles de gri-gri presentes en la abundante vegetación de sus orillas, de acuerdo con la información histórica y turística recogida por el Ayuntamiento de Río San Juan.
Los árboles y manglares que bordean sus aguas crean buena parte de la imagen característica de la laguna: un corredor verde que envuelve las pequeñas embarcaciones mientras avanzan hacia el océano.
Una laguna vinculada a un gran río subterráneo
La importancia natural del lugar va mucho más allá de su belleza.
El decreto que estableció su protección describe la zona como un sistema donde un gran río subterráneo emerge junto al pueblo de Río San Juan, rodeado por manglares y bosque de galería, para posteriormente continuar por un caño navegable hasta desembocar en el océano Atlántico.
Esta combinación de aguas subterráneas, vegetación, canal y conexión directa con el mar constituye una de las características naturales más interesantes de Gri-Gri.
La historia del terremoto de 1958
Una de las historias más difundidas sobre la formación de la laguna sostiene que originalmente existía en el lugar un manantial que alimentaba un pequeño curso de agua y que un terremoto ocurrido en 1958 habría provocado cambios en el terreno y una mayor salida de las aguas subterráneas, dando origen a la laguna tal como se conoce actualmente.
La versión forma parte de la memoria histórica difundida sobre Río San Juan. Sin embargo, ante la ausencia de un estudio geológico concluyente que permita atribuir exclusivamente al terremoto la formación actual de Gri-Gri, debe entenderse como una versión histórica tradicional sobre su origen, y no como una conclusión científica definitiva.

Monumento Natural protegido por el Estado
Gri-Gri posee una categoría que muchas personas que la visitan probablemente desconocen.
Mediante el Decreto 571-09, de 2009, fue creado oficialmente el Monumento Natural Laguna Gri-Grí.
El objetivo establecido por el Estado fue proteger la integridad del manglar, los manantiales, el bosque, las aves, el canal navegable y su conexión con el océano.
El área protegida comprende aproximadamente 16.15 kilómetros cuadrados, de acuerdo con la cartografía oficial del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales.
Por eso, Gri-Gri debe entenderse como patrimonio natural que requiere conservación y uso responsable.
Navegar bajo los manglares
La mejor manera de conocer la laguna es desde el agua.
Pequeñas embarcaciones conducidas por guías locales parten desde el embarcadero y penetran lentamente por el canal natural.
Los manglares forman verdaderos túneles verdes sobre determinados puntos del recorrido. Sus raíces sirven de refugio para pequeños organismos acuáticos y contribuyen a mantener uno de los ecosistemas costeros más importantes de la región.
El Ministerio de Turismo considera a Gri-Gri uno de los principales santuarios de aves del país. Garcetas y otras especies pueden observarse sobre la vegetación, especialmente durante determinadas horas del día.
De la tranquilidad de la laguna al océano Atlántico
Uno de los momentos más interesantes del paseo ocurre cuando el estrecho corredor de manglares comienza a abrirse.
Después de navegar entre árboles y aguas tranquilas, las embarcaciones alcanzan la desembocadura y aparece repentinamente el océano Atlántico.
Es una transición extraordinaria: en pocos minutos se pasa de un ambiente cerrado, protegido por vegetación, a un horizonte completamente abierto dominado por el mar.
Pero el recorrido todavía continúa.

La Cueva de las Golondrinas
Una de las paradas tradicionales es la Cueva de las Golondrinas, localizada frente a una pequeña ensenada de aguas turquesas.
Los recorridos guiados suelen detenerse en este punto, donde los visitantes pueden contemplar la formación rocosa y, cuando las condiciones lo permiten, disfrutar de las aguas poco profundas de la ensenada.
La cueva, el color del agua y las formaciones costeras aportan una dimensión completamente diferente a la experiencia iniciada minutos antes entre los manglares.
Piscina natural y Playa Caletón
El recorrido tradicional también pasa por una piscina natural antes de dirigirse hacia Playa Caletón, otro de los atractivos emblemáticos de Río San Juan.
El propio Ayuntamiento señala que existen excursiones en embarcaciones convencionales y otras con fondo de cristal, además de recorridos que pueden incluir actividades como snorkel.
De esta manera, una excursión que comienza como un paseo por una laguna puede convertirse en una experiencia que combina manglares, observación de aves, cuevas, navegación marítima y playa.
Una fuente de trabajo para la comunidad
Gri-Gri también tiene una dimensión económica que no debe quedar fuera de su historia.
Guías, boteros, vendedores de alimentos, restaurantes y otros pequeños negocios dependen directa o indirectamente del flujo de visitantes.
En 2024, el Gobierno dominicano entregó un proyecto de mejoramiento de la laguna y su entorno cuya inversión fue cercana a los RD$77 millones.
Según el Comité Ejecutor de Infraestructuras de Zonas Turísticas, la intervención beneficia directamente a más de 70 familias cuyo sustento está relacionado con las embarcaciones, la venta de alimentos y los restaurantes establecidos alrededor de la laguna.
Este dato demuestra que conservar Gri-Gri no representa únicamente proteger la naturaleza: también significa preservar una actividad económica comunitaria.

Carnavarengue: cuando la cultura llega hasta la laguna
La relación de Río San Juan con el agua también ha generado expresiones culturales propias.
Desde finales de la década de 1990 se celebra el Carnavarengue, una manifestación carnavalesca estrechamente vinculada con la identidad marítima de la comunidad.
Las embarcaciones y el ambiente de la laguna se convierten en parte del escenario, mientras aparecen personajes y representaciones inspiradas en peces, crustáceos y otras criaturas marinas.
Es una expresión que une carnaval, naturaleza e identidad local y que diferencia culturalmente a Río San Juan de otros destinos turísticos dominicanos.
Un lugar para observar, pero también para conservar
La belleza de Gri-Gri depende precisamente del equilibrio de su ecosistema.
Los manglares no deben verse como simples árboles alrededor del agua. Protegen las costas, sirven de refugio a numerosas especies y constituyen zonas esenciales para diferentes etapas de la vida marina.
La contaminación, los residuos sólidos, las intervenciones inadecuadas y cualquier deterioro del manglar podrían afectar directamente aquello que convierte a la laguna en un atractivo excepcional.
Su condición de Monumento Natural obliga a pensar el turismo desde una perspectiva responsable: visitar, disfrutar y generar actividad económica sin destruir el patrimonio que hace posible esa actividad.

Mucho más que una excursión en bote
Quizás el mayor encanto de Gri-Gri sea que reúne muchos mundos en un espacio relativamente pequeño.
Es laguna y es río subterráneo.
Es manglar y es mar.
Es refugio de aves y fuente de trabajo.
Es naturaleza y también cultura.
Es tranquilidad bajo los árboles y, pocos minutos después, la inmensidad del océano Atlántico.
Por eso, reducir Gri-Gri a un simple paseo en bote sería quedarse únicamente con una parte de su historia.
La Laguna Gri-Gri es uno de los grandes patrimonios naturales de Río San Juan y de la República Dominicana, un lugar donde la naturaleza ha construido un camino de agua que comienza prácticamente dentro del pueblo, atraviesa un bosque de manglares y termina abriéndose al mar.
Y allí, entre las raíces de los mangles, el vuelo de las aves, las cuevas y las pequeñas embarcaciones de sus habitantes, Río San Juan conserva uno de esos rincones que explican por qué todavía quedan tantas cosas por descubrir cuando recorremos la Dominicana por Dentro.

