Chile: ¡La trinchera de Pericles!

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Por: Homero Luciano

En los años cuarenta del pasado siglo, Rafael Leónidas Trujillo inició profundas transformaciones en la diplomacia dominicana, muy especialmente en el Cono Sur. Esa mutación diplomática que experimentaba el régimen dictatorial se reflejó puntualmente en Chile, donde el embajador de ese momento don Tulio M. Cestero, ya agobiado por la salud y el peso de los años, indicaba que había llegado el ocaso de su carrera diplomática. Esta realidad, fue dando paso a una diplomacia estructurada en contrainteligencia y persecución ideológica que lógicamente imponían los albores de la Guerra Fría.

En este escenario, llega a la capital chilena el joven dominicano Pericles Franco Ornes, con la finalidad de estudiar medicina en la Universidad Nacional de Chile. A muy temprana edad había manifestado sus desafectos al régimen tiránico de Trujillo, razón que lo motivó a integrarse rápidamente con la juventud de vanguardia socialista de la Federación de Estudiantes de Chile (FECh), liderada por jóvenes como Felipe Herrera y Oscar Cifuentes; quienes de manera solidaria le acompañaron en las denuncias contra el régimen dictatorial que imperaba en República Dominicana.

En poco tiempo, Pericles forjó una amistad fundamental con el escritor y político Pablo Neruda, quien en esos momentos se desempeñaba como senador de la República. Para el futuro Premio Nobel, el joven dominicano no era solo un estudiante extranjero, sino el testimonio vivo de la tragedia caribeña. El clímax de este vínculo quedo sellado para siempre cuando Neruda prologó la obra “La tragedia dominicana”, de la autoría del inquieto estudiante quisqueyano.

No fue aquel prologo nerudiano un gesto de cortesía literaria, sino un pacto de compromiso público y un acto de profunda solidaridad. Al poner su firma y su prestigio mundial en el libro de un exiliado, Neruda internacionalizó la lucha contra Trujillo. En sus líneas, el poeta chileno denunciaba la opresión que sufría la República Dominicana, convirtiendo el texto de Pericles en un proyectil contra la tiranía y sellando, de este modo, una alianza inquebrantable con el pueblo dominicano.

Mientras Pericles articulaba las denuncias en Santiago, bajo el ala portentosa de Neruda, mantenía de manera simultánea un contacto vital en Buenos Aires con Pedro Henríquez Ureña. A pesar de la distancia geográfica, el "Sócrates dominicano" alentó también su labor revolucionaria, validando su lucha no solo como un acto de rebeldía, sino como un compromiso con la cultura y con la libertad. Este vínculo aparece sustentado en dos cartas anexadas en el Tomo X de las obras completas del humanista dominicano, compiladas por don Jacobo de Lara para la UNPHU, alta casa de estudios que honra su memoria.

Esta conexión demuestra que el exilio de Pericles no fue un aislamiento, sino su plena integración en la "inteligencia democrática americana", donde Argentina, Chile y México funcionaban como los pulmones de la resistencia antitrujillista. Ante esta realidad, mientras la embajada dominicana en Chile se convertía en un centro de espionaje para vigilar sus pasos, Pericles Franco Ornes respondía construyendo una "diplomacia de los pueblos". Sus contactos con la FECh, su hermandad con Neruda y el respaldo intelectual de Henríquez Ureña crearon un cerco de solidaridad que el régimen nunca pudo romper. Lamentablemente, pocos meses después don Pedro falleció en Buenos Aires el 11 de mayo del 1946.

Más allá de cualquier disidencia que por cuestiones ideológicas se pueda tener con Pericles Franco Ornes, resaltar su lucha y su impronta es un acto de justicia. Ahí está estampada su huella: en la resistencia del exilio y la lucha anti trujillista. No se pueden escribir ese episodio triste de nuestra historia sin resaltar y colocar en un plateado pedestal el nombre de Pericles; quien no solo fue un hombre escapando de un tirano, sino un dominicano que a mi juicio, adquirió una connotación continental. Entre la poesía y el análisis político, supo organizar y construir la esperanza de una nación, encontrando una resonancia de suma importancia en Chile, el último rincón del continente, donde se acaba la tierra.

 

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