Por: Araceli Aguilar Salgado
“La tecnología abre puertas al desarrollo, pero solo las naciones que invierten en conocimiento logran cruzarlas.”
Mientras el comercio mundial avanza hacia una revolución impulsada por plataformas digitales, inteligencia artificial y servicios transfronterizos en línea, América Latina y el Caribe viven una paradoja inquietante: la región crece, innova y multiplica sus exportaciones digitales, pero continúa ocupando un lugar marginal dentro del nuevo mapa económico global.
Un reciente informe conjunto del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Organización Mundial del Comercio (OMC) y el Banco Mundial revela una realidad tan prometedora como preocupante. Entre 2005 y 2024, las exportaciones de servicios prestados digitalmente en América Latina y el Caribe se quintuplicaron, pasando de 18,500 millones a 87,700 millones de dólares. Sin embargo, a pesar de este notable avance, la región representa apenas el 2 % de las exportaciones mundiales de servicios digitales.
La cifra refleja una contradicción que obliga a una reflexión profunda: el mundo avanza hacia la economía digital, pero América Latina continúa rezagada en la captura de las oportunidades que ella misma está ayudando a crear.
La nueva riqueza del siglo XXI
Durante décadas, las economías latinoamericanas dependieron de materias primas, manufacturas y recursos naturales para integrarse al comercio internacional.
Hoy, la riqueza global se está desplazando hacia los datos, el conocimiento, la innovación y los servicios digitales.
Las exportaciones mundiales de servicios prestados digitalmente alcanzaron cerca de 4.8 billones de dólares en 2024, convirtiéndose en uno de los sectores más dinámicos del comercio internacional.
Desde servicios financieros hasta programación informática, educación virtual, telemedicina, marketing digital, inteligencia artificial y procesamiento de datos, la nueva economía ya no depende exclusivamente de puertos, carreteras o fábricas.
Depende de conectividad, infraestructura tecnológica y capital humano altamente especializado.
En teoría, esta transformación debería beneficiar especialmente a América Latina.
La digitalización elimina muchas de las barreras geográficas que históricamente limitaron el acceso de la región a los grandes mercados internacionales.
Sin embargo, la realidad demuestra que aprovechar una oportunidad y poseer la capacidad para convertirla en desarrollo no son necesariamente la misma cosa.
Un crecimiento insuficiente frente al potencial
Las cifras del informe son contundentes.
Brasil, México, Argentina y Costa Rica encabezan las exportaciones regionales de servicios digitales, mientras varias economías pequeñas han encontrado nichos competitivos importantes.
Sin embargo, el avance continúa siendo insuficiente frente al potencial existente.
La región representa el 6.4 % del comercio mundial de bienes, pero apenas el 2 % del comercio global de servicios digitales.
La brecha evidencia un problema estructural.
No se trata únicamente de acceso a internet o disponibilidad tecnológica.
Se trata de productividad, educación, innovación y capacidad institucional para competir en un entorno global cada vez más sofisticado.
La economía digital premia el talento, la creatividad y la velocidad de adaptación.
Y precisamente en esos campos persisten importantes desafíos regionales.
La gran deuda: educación y talento digital
Uno de los hallazgos más preocupantes del estudio está relacionado con la formación profesional.
Los graduados en áreas STEM, es decir, ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, representan apenas el 17 % de los egresados de educación superior en América Latina y el Caribe.
Esta cifra se encuentra por debajo de otras regiones con las que compite por atraer inversión tecnológica y desarrollar industrias digitales avanzadas.
La situación plantea una interrogante crítica.
¿Cómo competir en la economía del conocimiento sin suficientes especialistas en tecnología?
La inteligencia artificial, la automatización y la digitalización requieren profesionales altamente capacitados.
Sin talento humano preparado, las plataformas, la conectividad y las inversiones tecnológicas pierden gran parte de su potencial transformador.
La revolución digital exige algo más que computadoras.
Exige educación de calidad.

La paradoja de la conectividad
Aunque el acceso a internet se ha expandido considerablemente durante las últimas dos décadas, la conectividad sigue siendo desigual.
En numerosas economías de Centroamérica, la región andina y el Caribe, el uso de internet permanece por debajo del 80 %, lejos del promedio del 91 % registrado en los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Pero incluso donde existe conectividad, los costos elevados continúan limitando las oportunidades.
Millones de pequeñas empresas carecen de acceso a infraestructura digital competitiva, redes avanzadas y servicios de procesamiento de datos.
En consecuencia, la brecha digital ya no consiste solamente en estar conectado o desconectado.
Se trata de la calidad de la conexión, la velocidad, la asequibilidad y la capacidad para convertir el acceso digital en productividad económica.
Una región que comercia más con el mundo que consigo misma
Quizá uno de los aspectos más reveladores del informe radica en el débil comercio digital intrarregional.
Mientras Europa realiza más del 62 % de sus exportaciones digitales dentro de su propio mercado regional y Asia supera el 41 %, América Latina apenas alcanza el 8.4 %.
El dato refleja una vieja debilidad regional.
Las economías latinoamericanas mantienen una histórica dificultad para integrarse entre sí.
Paradójicamente, muchas empresas encuentran más fácil hacer negocios con Estados Unidos, Europa o Asia que con países vecinos.
Las barreras regulatorias, la falta de armonización normativa, los sistemas de pago incompatibles y las deficiencias logísticas continúan fragmentando el mercado regional.
La consecuencia es evidente: América Latina opera como un conjunto de mercados dispersos en lugar de consolidarse como una potencia digital integrada.
Inteligencia artificial: oportunidad o nueva forma de dependencia
La expansión de la inteligencia artificial está redefiniendo nuevamente las reglas del comercio mundial.
Los expertos consideran que la IA puede reducir costos logísticos, optimizar procesos aduaneros, facilitar operaciones transfronterizas y aumentar la productividad empresarial.
Sin embargo, también existe una dimensión crítica que merece atención.
La mayoría de las plataformas, infraestructuras y tecnologías avanzadas continúan concentradas en Estados Unidos, China y algunas economías asiáticas y europeas.
Si América Latina no fortalece rápidamente sus capacidades tecnológicas, corre el riesgo de convertirse únicamente en consumidora de innovaciones desarrolladas en otras regiones.
La dependencia tecnológica podría sustituir a antiguas formas de dependencia económica.
Y esa posibilidad representa uno de los mayores desafíos estratégicos para el futuro regional.
Más allá del diagnóstico
El informe del BID, la OMC y el Banco Mundial no se limita a describir problemas.
También plantea rutas concretas para avanzar.
Entre ellas destacan la modernización regulatoria, la expansión de infraestructura digital, la mejora de los sistemas de pago transfronterizos, la reducción de costos logísticos, el fortalecimiento de la ciberseguridad y la inversión en formación tecnológica.
Asimismo, resalta la importancia de construir mercados digitales regionales más integrados que permitan a pequeñas y medianas empresas escalar hacia mercados globales.
La pregunta ya no es si América Latina debe incorporarse plenamente a la economía digital.
La transformación ya está ocurriendo.
La verdadera pregunta es si los gobiernos, las empresas y las instituciones educativas actuarán con la velocidad necesaria para evitar que la región vuelva a perder una revolución económica.
La carrera ya comenzó
A diferencia de revoluciones industriales anteriores, la economía digital ofrece una ventaja inédita: permite que países con menor infraestructura física compitan a través del talento, la innovación y el conocimiento.
América Latina posee creatividad empresarial, una población joven y una creciente adopción tecnológica.
Pero también enfrenta desigualdad educativa, fragmentación regulatoria y limitaciones estructurales que amenazan con reducir su competitividad.
La historia demuestra que las grandes transformaciones económicas no esperan a quienes dudan demasiado.
Mientras otras regiones consolidan ecosistemas digitales robustos, América Latina se encuentra ante una decisión histórica: convertirse en protagonista de la nueva economía global o continuar observándola desde los márgenes.
Porque el futuro ya no pertenece exclusivamente a quienes producen más bienes.
Pertenece a quienes generan más conocimiento, procesan más información y transforman la innovación en desarrollo sostenible.
Y en esa carrera, el tiempo de actuar es ahora.
En el siglo XXI, la riqueza de las naciones no se medirá por lo que extraen de la tierra, sino por lo que son capaces de crear con la inteligencia de su gente.
“La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo.” — Nelson Mandela

