Sobre el Canto de Hachas

Fecha de publicación

POR JUAN CRUZ TRIFFOLIO

Sociólogo – Comunicador Dominicano

triffolio@gmail.com

Se trata de un canto de trabajo similar al que se registra en el proceso de apaleo de habichuelas, con la marcada diferencia de que la ceremonia gira en torno a un frondoso árbol que se desea derribar y que el número de participantes generalmente se reduce a cuatro, seis o más hacheros, siempre en pares, conforme al diámetro del objeto a tumbar.

El ritmo de los pareados, la cuarteta o la décima vocalizada durante la ceremonia que motiva el canto en referencia lo marcan las hachas al momento de penetrar en la corteza del árbol, el cual asume mayor velocidad y sonoridad en la medida en que se acerca el momento de la caída final.

Esta actividad tuvo mayor presencia en los campos de Salcedo durante la postrimería del siglo XIX y principios del siglo XX, cuando muchos campesinos, organizados en los denominados convites y juntas, dedicaban su fuerza de trabajo en el desmonte para dar paso a los conucos donde sembraban las plantaciones que consideraban imprescindibles para su alimentación familiar básica o el intercambio comercial a corta escala.

Las tonadas de los hacheros resaltan, al momento de realizarse el trabajo cooperativo o de ayuda mutua, la expresión viva de las espontáneas sociedades campesinas conocidas como juntas o convites, que proyectan un contenido tan variado como la vida misma.

En su interesante obra De Llano y de La Loma, el folclorista santiaguense don Tomás Morel recoge las letras de algunas tonadas de hacheros o picadores que han calado profundamente en el alma nacional, entre las cuales vale exponer la siguiente:

“Tan guen piquero

Jo, jo

como era yo

Jo, jo

y aguá no puedo

Jo, jo

aisai la bó

Jo, jo”

Tal como ya ha sido referido, las tonadas de los hacheros siguen el ritmo del golpe de las hachas.

Algo parecido todavía ocurre con algunos otros cantos de trabajo en el campo dominicano y zonas suburbanas, entre ellos: las tonadas del apaleo de habichuelas y la recolección de café, conocida como Palomas, al igual que en las labores de desyerbe y los cantos de pilón con el café y el cacao, entre otras manifestaciones productivas, folclóricas y artísticas.

Conforme a lo expresado por el inolvidable don Tomás Morel, hay una armonía isócrona “entre las hachas que caen, los que hacen de primo llevando las cuartetas y el coro que acompasa”.

Como ejemplo de lo expresado, el acucioso costumbrista resalta la siguiente muestra:

“Subí la loma

Jo, jo

boibí y bajé

Jo, jo

me echan lo perro

Jo, jo

den casa André


Dolore,

ay hombre,

no llore má,

ay hombre,

que yo te doi,

ay hombre,

amoi por amoi,

ay hombre”

Es importante subrayar que, tan pronto como se fueron aplicando las atinadas medidas para enfrentar la deforestación en todo el país y que algunos elementos propios de la considerada modernidad empezaron a tener presencia en el campo dominicano, tal es el caso de la radio, por solo citar un ejemplo, el canto de hachas empezó a desaparecer del escenario rural dominicano.

Como precedente de la realidad expuesta, vale recordar que muchos campesinos dejaron de cantar al momento de trabajar, pues prefirieron escuchar, en alto volumen, los programas radiales de merengues de güira, tambora y acordeón, además de bachatas con mensajes trágico-melancólicos que difundían importantes estaciones radiofónicas por todo el territorio nacional.

En el presente y gracias al valor dado por muchos de nuestros campesinos al ejemplarizante y dignificante proceso de preservación del ecosistema nacional, evitando a cualquier precio la deforestación, el canto de hachas forma parte de la memoria folclórica dominicana y, por tanto, cuando se suele representar, no obstante su riqueza literal y sonora, además de su espectacularidad escénica que envuelve, tiene como noble propósito didáctico hacer conciencia sobre el porqué no estamos llamados a herir con el filo cortante de un instrumento de labranza los recursos forestales de la madre naturaleza.

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Juan Cruz Triffolio
Juan Cruz Triffolio
Juan Cruz Triffolio es periodista y sociólogo dominicano, con una trayectoria en los medios de comunicación iniciada a mediados de la década de 1970. Ha desarrollado su labor en radio y prensa escrita, abordando temas políticos, económicos y sociales de la República Dominicana. Es columnista de El Sol de Las Américas y presidente de la Fundación Dominicana por la Vida, Inc. (FundoVida), desde donde desarrolla iniciativas de carácter social dirigidas a comunidades vulnerables.

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