Por: Dr. Bienvenido Segura
Gran consternación ha provocado la muerte de varios niños recién nacidos que estaban internos en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales (UCIN) del Hospital de Maternidad Nuestra Señora de La Altagracia de la República Dominicana.
Los medios de comunicación se han hecho eco de esta desgarradora información y las sociedades médicas especializadas han planteado la necesidad de esclarecer las verdaderas causas de estos decesos que han escandalizado a todo el cuerpo social del país.
Pero las autoridades gubernamentales deben actuar con serenidad y rigor, porque la muerte, aun sea de un solo recién nacido, no admite indiferencia, mucho menos cuando ocurre en una unidad de cuidados intensivos donde la medicina moderna concentra tecnología, conocimientos y recursos para preservar vidas extremadamente vulnerables.
La investigación de este hecho debe ser objetiva, transparente y técnicamente impecable, porque la aparición de microorganismos multirresistentes en una UCIN constituye una señal de máxima importancia. Esto obliga a determinar si estamos ante casos aislados, colonización, infección asociada a la atención sanitaria o un verdadero brote. Estos elementos deben ser analizados desde el punto de vista de la neonatología, la infectología clínica y la epidemiología hospitalaria.
En pocas palabras, la causalidad exige correlacionar todas las variables. Aunque la prematuridad extrema y las malformaciones congénitas pueden explicar algunas de estas defunciones, como señalan las autoridades gubernamentales, ninguna condición clínica debe utilizarse para cerrar anticipadamente las indagaciones que se exigen.
Ahora bien, una investigación científicamente sólida debe analizar la edad gestacional, el peso al nacer, el Apgar, las comorbilidades, los procedimientos invasivos, la ventilación mecánica, los catéteres vasculares, la nutrición parenteral, los resultados seriados de laboratorio, los hemocultivos, los antibiogramas, la evolución clínica y las tasas de infección y mortalidad ajustadas por riesgo.
Estos datos deben compararse, a su vez, con períodos anteriores y con estándares correspondientes a unidades neonatales de similar complejidad.
Ante la gravedad de estas muertes neonatales, la ciencia debe estar por encima de la especulación, la transparencia por encima de la defensa institucional y la vida del recién nacido por encima de cualquier consideración o interés particular.
De acuerdo con la Ley General de Salud No. 42-01, las autoridades sanitarias tienen competencias para investigar las infracciones sanitarias dentro de sus respectivas jurisdicciones. La propia legislación establece mecanismos de investigación y control sanitario.
El Colegio Médico Dominicano, junto con las sociedades de Pediatría, Neonatología, Perinatología e Infectología, se han ofrecido a colaborar.
Pero como pediatra clínico sostengo que, en este y en otros casos, investigar no significa acusar, sino honrar a cada neonato fallecido y proteger a los próximos recién nacidos que elijan como su patria a la República Dominicana.
Por lo tanto, prevenir no es una opción: es sencillamente una obligación estatal, médica, ética y social.
El autor es Pediatra Clínico, Gerente de Salud y Abogado.

