El 27 de agosto de 1896, el Reino Unido y el Sultanato de Zanzíbar protagonizaron una guerra que terminó en menos tiempo del que dura una película. El enfrentamiento se extendió durante aproximadamente 38 minutos y es reconocido como la guerra más corta registrada en la historia, según la revista especializada History Today.
Su brevedad, sin embargo, no significa que fuera una guerra simbólica o inofensiva. Hubo un ultimátum, movilización de tropas, bombardeos navales, centenares de víctimas y la imposición de un nuevo gobernante.
Una sucesión disputada
El conflicto comenzó tras la muerte del sultán Hamad bin Thuwaini, ocurrida el 25 de agosto de 1896. Su primo, Khalid bin Barghash, ocupó inmediatamente el palacio y se proclamó nuevo sultán.
Zanzíbar, situado frente a la costa oriental de África y actualmente integrado en Tanzania, se encontraba bajo una fuerte influencia británica. Los acuerdos vigentes exigían que cualquier sucesor recibiera la aprobación del representante británico.
Khalid no solicitó ese consentimiento. Londres prefería como gobernante a Hamoud bin Mohammed, considerado más favorable a sus intereses coloniales.
El ultimátum británico
Las autoridades británicas ordenaron a Khalid abandonar el palacio, retirar sus fuerzas y renunciar al trono antes de las nueve de la mañana del 27 de agosto.
El nuevo sultán rechazó la exigencia y reunió cerca de 2,800 hombres para defender el complejo real. También disponía de piezas de artillería y del yate real Glasgow.
Frente al puerto, los británicos desplegaron dos cruceros, tres cañoneras, marineros, infantes de marina y soldados zanzibaríes. La diferencia militar era abrumadora.
Treinta y ocho minutos de bombardeo
Cuando venció el ultimátum, la flota británica abrió fuego contra el palacio. Los proyectiles destruyeron rápidamente las defensas, incendiaron parte del complejo y silenciaron la artillería de Khalid.
El Glasgow intentó responder, pero fue alcanzado y hundido en las aguas poco profundas del puerto. La bandera del palacio fue derribada y la resistencia terminó aproximadamente a las 9:40 de la mañana.
La guerra había durado alrededor de 38 minutos. La brevedad no fue consecuencia de una negociación, sino de la enorme desigualdad entre las fuerzas enfrentadas.
Una guerra breve, pero sangrienta
Alrededor de 500 zanzibaríes murieron o resultaron heridos durante el bombardeo, incluidos combatientes y civiles. Del lado británico solamente se registró un marinero herido, de acuerdo con los datos recopilados por British Online Archives.
La diferencia entre las bajas confirma que no fue una batalla equilibrada. Fue una intervención militar colonial destinada a eliminar una sucesión que Londres no aceptaba e imponer un gobierno favorable a sus intereses.
¿Qué pasó con el sultán Khalid?
Khalid bin Barghash escapó del palacio y se refugió en el consulado alemán. Aunque el Reino Unido exigió su entrega, Alemania le concedió protección y lo trasladó a su colonia de África Oriental.
Durante la Primera Guerra Mundial fue capturado por fuerzas británicas. En 1917 fue enviado al exilio en la isla de Santa Elena, el mismo lugar donde había muerto Napoleón Bonaparte casi un siglo antes. Posteriormente fue trasladado a Seychelles.
Un estudio histórico publicado por la Universidad Complutense de Madrid señala que en 1925 Khalid se comprometió a no reclamar nuevamente el trono y recibió autorización para residir en Mombasa, Kenia.
Nunca regresó a Zanzíbar. Murió en Mombasa en 1927, después de permanecer aproximadamente 31 años alejado de su tierra.
Un gobernante bajo control británico
Después de la victoria, el Reino Unido colocó en el trono a Hamoud bin Mohammed. Aunque conservó formalmente el título de sultán, ejerció el poder bajo una estricta supervisión británica.
La guerra consolidó el dominio de Londres sobre Zanzíbar y dejó una advertencia clara: ningún gobernante podía ocupar el trono sin la aprobación del imperio.
Por eso, la guerra anglo-zanzibariana no debe recordarse solamente como una curiosidad histórica de 38 minutos. También fue una demostración de fuerza colonial que dejó centenares de víctimas, expulsó a un gobernante y decidió el futuro político de un territorio africano.

