El 24 de agosto de 1814, ropas británicas entraron en Washington y prendieron fuego a importantes edificios públicos de Estados Unidos, entre ellos la residencia presidencial y el Capitolio. El episodio constituye uno de los momentos más dramáticos de la historia de la capital estadounidense.
Washington bajo amenaza
El incendio ocurrió durante la Guerra de 1812, conflicto que enfrentó a Estados Unidos y el Reino Unido entre 1812 y 1815.
Las tensiones tenían diferentes causas, entre ellas las restricciones británicas al comercio estadounidense durante las guerras napoleónicas, el reclutamiento forzoso de marineros y las disputas territoriales y políticas relacionadas con Canadá.
En agosto de 1814, una fuerza británica desembarcada en Maryland avanzó hacia Washington. El 24 de agosto derrotó a las fuerzas estadounidenses en la batalla de Bladensburg, dejando prácticamente abierta la ruta hacia la capital.
El presidente abandona Washington
Ante el avance enemigo, el presidente James Madison y miembros de su gobierno tuvieron que abandonar Washington.
Su esposa, Dolley Madison, permaneció durante algunas horas en la residencia presidencial mientras se preparaba la evacuación.
Uno de los episodios más recordados ocurrió cuando se decidió salvar un gran retrato de George Washington, pintado por Gilbert Stuart. El cuadro fue retirado antes de que los británicos llegaran al edificio.
Los británicos entran en la capital
Esa misma noche, las tropas británicas ocuparon Washington.
Los soldados incendiaron varios edificios gubernamentales, entre ellos el Capitolio, instalaciones militares y la residencia presidencial.
Las llamas provocaron enormes daños y dejaron prácticamente destruido el interior de la residencia.
La operación británica fue presentada en parte como represalia por acciones estadounidenses realizadas anteriormente en territorio canadiense, especialmente la destrucción ocurrida en York, actual Toronto, en 1813.
Una tormenta ayudó a detener la destrucción
La ocupación británica de Washington fue breve.
El 25 de agosto una fuerte tormenta golpeó la ciudad. Las lluvias contribuyeron a apagar algunos de los incendios, aunque el temporal también provocó daños.
Poco después, las tropas británicas abandonaron Washington y continuaron sus operaciones militares.
La Casa Blanca fue reconstruida
El edificio presidencial quedó seriamente afectado, pero no fue abandonado definitivamente.
Comenzó posteriormente un proceso de reconstrucción dirigido por el arquitecto James Hoban, responsable también del diseño original de la residencia.
El presidente Madison nunca volvió a vivir allí. La reconstrucción permitió que su sucesor, James Monroe, se instalara nuevamente en la residencia presidencial en 1817, aunque algunas obras todavía continuaban.
Existe una conocida historia según la cual el edificio comenzó a llamarse “Casa Blanca” porque fue pintado de blanco para ocultar las marcas dejadas por el incendio. Sin embargo, esa explicación es considerada un mito: el edificio ya había sido blanqueado antes de 1814.
El nombre White House se utilizó durante décadas de manera informal y fue establecido oficialmente como denominación de la residencia presidencial durante la administración de Theodore Roosevelt, en 1901.
Una capital estadounidense ocupada por el enemigo
El incendio de Washington permanece como un acontecimiento excepcional en la historia de Estados Unidos.
Una fuerza extranjera consiguió derrotar las defensas de la capital, obligar al presidente a evacuarla, ocupar Washington e incendiar algunos de los principales símbolos del gobierno estadounidense.
Más de dos siglos después, cada 24 de agosto se recuerda aquel episodio extraordinario de 1814: el día en que soldados británicos entraron en Washington y prendieron fuego a la residencia que hoy conocemos mundialmente como la Casa Blanca.

