Semana Santa: un llamado urgente a la paz, la reflexión y el perdón

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Por: Amín Cruz

 “La Semana Santa debe ser un momento de reflexión, paz y amor”

 Vivimos tiempos profundamente convulsos. La Semana Santa, que tradicionalmente ha sido una época de recogimiento espiritual, introspección y unión familiar, hoy se presenta como un espejo de la crisis global que atraviesa la humanidad: guerras, muerte, corrupción, inseguridad, injusticia y tragedias naturales.

Pensé que el presidente Donald Trump había reflexionado en el transcurrir de estos días de Semana Santa y nos iba a sorprender en su discurso con la palabra PAZ y el retiro de la fuerza armada en todo el Medio Oriente e iba a llamar a Benjamín Natanyahu, para que hiciera los mismo, pero no fue así, su discurso de anoche tuvo otra retórica. Los millones de estadounidenses, que através de las encuestas del 61% y más, que han marcha en todo el país pidiendo el fin de la guerra, tuvieron que irse a la cama a soñar con pesadilla y pensando ¿hasta cuándo..?

El mundo parece avanzar, pero arrastra heridas abiertas. Los conflictos armados se multiplican y dejan a su paso dolor, desplazamiento y desesperanza. Las tensiones en Medio Oriente —con episodios de violencia en Gaza, Líbano y otras regiones—, la prolongada guerra entre Rusia y Ucrania, así como otros focos de conflicto en Asia, evidencian una humanidad fragmentada, donde la vida humana parece perder valor frente a intereses geopolíticos y económicos.

A esto se suma el deterioro de las condiciones de vida. El aumento del costo de los alimentos, el petróleo, la gasolina, la desigualdad creciente y la incertidumbre social golpean con mayor fuerza a los más vulnerables. En muchos países, incluyendo la República Dominicana, se perciben tensiones sociales que afectan directamente a las clases más humildes, generando angustia, impotencia y desconfianza en las instituciones -SENASA-.

En este contexto, la Semana Santa también ha cambiado. Lo que antes era silencio, oración y recogimiento, hoy se ve muchas veces sustituido por el bullicio, el consumo y la distracción. Playas abarrotadas, hoteles llenos y celebraciones desbordadas opacan, en ocasiones, el verdadero significado de estas fechas sagradas.

Sin embargo, más que una crítica, este es un llamado. Un llamado urgente a detenernos. A hacer una pausa consciente en medio del ruido. A mirar hacia adentro y reconocer la fragilidad de la vida. Porque lo que ocurre en el mundo no es ajeno a nosotros: es reflejo de lo que somos como sociedad.

La humanidad aún está a tiempo. La Semana Santa nos brinda una oportunidad única para reflexionar, para reconectar con lo esencial, para reencontrarnos con nuestra conciencia y con el otro. Es tiempo de exigir, con fe y responsabilidad, que los líderes del mundo prioricen el diálogo sobre la confrontación, la paz sobre la guerra, la vida sobre la muerte o cualquier interés material.

Los profesionales de la salud, educadores, líderes religiosos y sociales tienen un papel fundamental en este proceso. Es necesario abrir espacios de diálogo, promover el valor de la vida humana y fortalecer una cultura de amor, justicia y solidaridad.

La Semana Santa conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, y en ese recorrido espiritual encontramos un mensaje universal: el perdón, la reconciliación y la esperanza. Como expresó el obispo Josu Iriondo:

«La Cuaresma es la oportunidad de mirar nuestras vidas, encontrar las zonas desérticas y crecer en la esperanza de que el desierto pueda florecer.»

Hoy vivimos en una sociedad donde las tragedias se convierten en estadísticas: accidentes, feminicidios, violencia, crímenes impunes. Números que, repetidos a diario, corren el riesgo de anestesiar nuestra sensibilidad. Pero detrás de cada cifra hay una vida, una historia, una familia.

Por ello, este es también un llamado a Donald Trump y Benjamín Netanyahu a parar la guerra en el Medio Oriente y el Caribe. Las Naciones Unidas (ONU) junto a los líderes mundiales deben tomar la vanguardia con todos los gobernantes y organismos internacionales, a redoblar los esfuerzos por la paz. La humanidad necesita menos confrontación y más entendimiento; menos odio y más compasión.

Pero el cambio no comienza únicamente en las altas esferas del poder. Comienza en cada uno de nosotros. Dios es amor, principio y fin de toda existencia. Más allá de credos y religiones, este es un tiempo para regresar a lo esencial: a la humildad, al perdón, a la empatía. La Cuaresma nos invita a despojarnos del ego, del rencor y de la envidia, y a abrirnos a una transformación interior auténtica.

Quisiera cerrar con una reflexión clara y directa: no esperemos que el mundo cambie por sí solo. Cambiemos nosotros. Porque cuando el ser humano transforma su interior, también transforma su entorno.

El mal no es externo: habita en cada uno de nosotros. Y solo cuando lo enfrentamos con honestidad y humildad, podemos construir una sociedad más tolerante,  justa, más humana, más luminosa en paz… NO GUERRA.

Como expresó el poeta Pedro Mir:
«Después no quiero más que paz, un nido de constructiva paz en cada alma, y quizás, a propósito del alma, el enjambre de besos y el olvido.»

Dr. Amín Cruz, CEO, presidente y fundador del Congreso Hispanoamericano de Prensa y del Congreso Mundial de Prensa; Padre Embajador del Periodismo Hispanoamericano y Latinoamericano, diplomático, periodista, historiador, escritor y educador.

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