El arzobispo coadjutor de la Arquidiócesis de Santo Domingo exhortó a la población a asumir el compromiso de cuidar la creación y combatir la contaminación
SANTIAGO DE LOS CABALLEROS. – El arzobispo coadjutor de la Arquidiócesis de Santo Domingo, monseñor Carlos Tomás Morel Diplán, llamó a la población a asumir con responsabilidad el cuidado de la creación y a tomar conciencia sobre las consecuencias de la crisis ecológica, al afirmar que muchos de los problemas ambientales que afectan al país son consecuencia directa de la acción humana.
Durante la homilía pronunciada en la misa de las Fiestas Patronales en honor a Santiago Apóstol el Mayor, el prelado expresó que, aunque los medios de comunicación informan sobre la situación ambiental, en muchas ocasiones el tema no se aborda con la profundidad necesaria debido a diversos intereses.
Un llamado a cuidar la creación
Monseñor Morel recordó que todos los bautizados están llamados a cuidar la obra de Dios y proteger la "casa común", advirtiendo que la creciente contaminación es una realidad que exige acciones concretas.
Señaló que el deterioro ambiental se refleja en la acumulación de basura en las calles, la contaminación de los ríos por aguas residuales, el exceso de ruido y otras prácticas que degradan el entorno.
"La creación, que Dios hizo pura, sana y santa, ha sido contaminada por la conducta y las acciones de las personas", expresó.
Consecuencias del desequilibrio ambiental
El arzobispo afirmó que el deterioro de los ecosistemas también se manifiesta en fenómenos como las altas temperaturas, la presencia del polvo del Sahara, la llegada masiva de sargazo a las playas, así como en terremotos, ciclones, lluvias e inundaciones.
Indicó que estos acontecimientos evidencian un desequilibrio provocado por la alteración del orden natural establecido por Dios.
Una responsabilidad compartida
Durante su reflexión, monseñor Morel comparó el planeta con una casa entregada en perfectas condiciones que termina deteriorándose por falta de cuidado y responsabilidad de quienes la habitan.
Lamentó que muchas personas contribuyan a destruir la creación, pese a haber recibido el compromiso cristiano de protegerla.
Finalmente, recordó que los recursos naturales no pertenecen a una sola persona, sino a toda la humanidad.
"El aire, los ríos, el mar, los bosques y las montañas pertenecen a todos", afirmó, al advertir que una de las consecuencias más graves de la crisis ecológica es la destrucción irreversible del medio ambiente.
El arzobispo concluyó haciendo un llamado a preservar la obra de Dios para garantizar un entorno sano a las presentes y futuras generaciones.


