El verdadero prójimo es quien transforma la compasión en acciones
"Ama a tu prójimo como a ti mismo."
Lucas 10:27
Entre todas las parábolas enseñadas por Jesucristo, pocas han dejado una huella tan profunda como la del buen samaritano. Aunque fue pronunciada hace casi dos mil años, su mensaje conserva una sorprendente actualidad y plantea una pregunta que sigue desafiando nuestra conciencia: ¿Quién es realmente mi prójimo?
Vivimos en una sociedad donde es común hablar de solidaridad, amor y servicio. Sin embargo, también observamos personas que sufren la soledad, el abandono, la pobreza, la enfermedad o la indiferencia. En medio de esta realidad, la parábola del buen samaritano nos recuerda que la fe no se demuestra únicamente con palabras, sino con obras de misericordia.
Una pregunta que dio origen a la parábola
El relato comienza cuando un intérprete de la Ley preguntó a Jesús qué debía hacer para heredar la vida eterna.
Jesús respondió recordándole los dos grandes mandamientos:
- Amar a Dios con todo el corazón.
- Amar al prójimo como a uno mismo.
Entonces aquel hombre quiso justificarse y preguntó:
"¿Y quién es mi prójimo?"
En lugar de ofrecer una definición, Jesús respondió con una historia que cambió para siempre la manera de entender el amor al prójimo.
El hombre que quedó al borde del camino
Un hombre viajaba de Jerusalén a Jericó cuando fue asaltado por ladrones.
Lo golpearon, le quitaron sus pertenencias y lo dejaron gravemente herido al borde del camino.
Representa a tantas personas que hoy sufren distintas formas de dolor:
- Enfermedad.
- Pobreza.
- Violencia.
- Soledad.
- Rechazo.
- Desesperanza.
Muchas veces están muy cerca de nosotros, aunque no siempre las vemos.
La indiferencia también hace daño
Por aquel camino pasó primero un sacerdote.
Vio al hombre herido.
Pero siguió de largo.
Después pasó un levita.
También lo vio.
Y continuó su camino.
No fueron quienes golpearon al hombre, pero tampoco hicieron nada por ayudarlo.
Esta parte de la parábola nos invita a reflexionar sobre una realidad muy actual: la indiferencia.
A veces creemos que basta con no hacer daño. Sin embargo, Jesús enseña que también somos responsables cuando pudiendo ayudar, elegimos mirar hacia otro lado.
El ejemplo del buen samaritano
Después pasó un samaritano.
En aquella época existía una profunda enemistad entre judíos y samaritanos.
Sin embargo, fue precisamente él quien decidió detenerse.
Vendó las heridas del hombre.
Lo montó sobre su cabalgadura.
Lo llevó a un lugar seguro.
Pagó por su cuidado.
Y prometió regresar.
El samaritano no preguntó quién era el herido, cuál era su origen, su religión o su condición social.
Simplemente vio a una persona necesitada y decidió ayudarla.
¿Quién es hoy nuestro prójimo?
La enseñanza de Jesús rompe todas las barreras.
Nuestro prójimo no es únicamente quien pertenece a nuestra familia, nuestro grupo social o nuestra comunidad de fe.
También lo es:
- El vecino que necesita apoyo.
- El anciano que vive solo.
- El enfermo olvidado.
- El niño que requiere orientación.
- La persona que atraviesa una crisis.
- Quien espera una palabra de ánimo.
Ser prójimo significa acercarse al dolor del otro con un corazón dispuesto a servir.
Amar también es actuar
Muchas veces pensamos que amar consiste únicamente en sentir afecto.
Jesús nos muestra algo diferente.
El buen samaritano no pronunció un discurso.
Actuó.
La compasión verdadera siempre encuentra una manera de convertirse en ayuda concreta.
A veces bastará una visita.
Otras veces una llamada telefónica.
Una palabra de aliento.
Una oración.
Un plato de comida.
O simplemente escuchar a quien necesita ser escuchado.
Una sociedad necesita más buenos samaritanos
Vivimos tiempos donde abundan la prisa, el individualismo y la indiferencia.
Cada día encontramos personas heridas emocionalmente, familias atravesando dificultades y comunidades que necesitan solidaridad.
La parábola del buen samaritano sigue siendo una invitación permanente a construir una sociedad más humana.
Cada acto de bondad, por pequeño que parezca, puede transformar la vida de alguien.
Reflexión final
Cuando terminó la parábola, Jesús no preguntó quién pertenecía al grupo correcto ni quién conocía mejor la Ley.
Preguntó:
"¿Cuál de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?"
La respuesta fue evidente.
El que tuvo misericordia.
Entonces Jesús concluyó con una invitación que sigue resonando hasta nuestros días:
"Ve y haz tú lo mismo."
Ese llamado continúa vigente. Cada día encontramos oportunidades para practicar la misericordia, tender una mano al necesitado y demostrar que el amor al prójimo es mucho más que un principio: es una forma de vivir el Evangelio.
Hablemos en Jesús es un espacio de reflexión cristiana de El Sol de Las Américas, inspirado en las enseñanzas de la Biblia y dedicado a promover la fe, la esperanza, el amor al prójimo y los valores del Evangelio, con respeto hacia la diversidad de las comunidades cristianas.

