Entre la continuidad y la incertidumbre: el nuevo tablero político dominicano

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Por: Frank Hernández

Aunque las elecciones presidenciales están pautadas para mayo de 2028, en la República Dominicana el escenario político comenzó a moverse con bastante anticipación.

Los principales partidos, dirigentes y posibles aspirantes empiezan a medir fuerzas, evaluar alianzas y estudiar el comportamiento de un electorado que, cada vez más, parece menos dispuesto a entregar su voto únicamente por tradición partidaria.

La carrera hacia 2028 todavía no ha comenzado formalmente, pero el tablero ya está siendo colocado sobre la mesa.

Las decisiones que hoy toman los partidos pueden terminar definiendo el resultado de unas elecciones que, más que una simple competencia entre candidaturas, podrían convertirse en una evaluación de la gestión gubernamental, de la oposición y de la confianza que la sociedad deposita en sus instituciones.

El PRM ante el desafío de la continuidad

El Partido Revolucionario Moderno, actualmente en el poder, enfrenta uno de sus principales desafíos políticos: garantizar la continuidad de su proyecto sin contar con la posibilidad de una nueva candidatura presidencial de Luis Abinader, debido a los límites constitucionales establecidos para la reelección.

Esto obliga al oficialismo a trabajar desde temprano en la construcción de un liderazgo capaz de mantener la unidad interna y, al mismo tiempo, conectar con una población que evaluará los resultados de la actual administración.

La transición hacia un nuevo liderazgo no será sencilla. En política, sustituir a una figura que ha encabezado dos períodos presidenciales implica mucho más que escoger un candidato. Significa preservar una estructura, mantener cohesionadas las distintas corrientes internas y convencer al electorado de que el proyecto puede continuar más allá de su principal figura.

Leonel Fernández y la Fuerza del Pueblo

En el principal espacio opositor, la Fuerza del Pueblo mantiene como figura central al expresidente Leonel Fernández, quien conserva una estructura política nacional y una base electoral propia.

Fernández conoce profundamente el funcionamiento del Estado y de las campañas electorales. Su experiencia constituye una fortaleza, pero también representa un desafío: deberá presentar una propuesta capaz de conectar con un electorado que ha cambiado considerablemente en los últimos años.

La Fuerza del Pueblo tendrá que ampliar su capacidad de penetración más allá de su núcleo tradicional y convencer a sectores jóvenes, independientes y ciudadanos que no necesariamente se identifican de manera permanente con una organización política.

El PLD frente a la reconstrucción

El Partido de la Liberación Dominicana atraviesa uno de los procesos de reorganización más importantes de su historia reciente.

Después de haber gobernado durante largos períodos y de haber sufrido una considerable reducción de su peso electoral, el PLD tiene por delante la tarea de recuperar confianza y reconstruir su conexión con amplios sectores de la sociedad.

La organización conserva una estructura territorial, experiencia de gobierno y dirigentes con conocimiento de la administración pública. Sin embargo, esos elementos deberán combinarse con una renovación capaz de responder a las nuevas demandas sociales.

Frank Hernández

El voto independiente puede volver a ser decisivo

Uno de los factores más importantes de cara a 2028 será el comportamiento de los electores que no mantienen una identificación permanente con ningún partido.

Ese segmento puede convertirse nuevamente en el gran árbitro electoral. Son ciudadanos que pueden votar por una organización en una elección y cambiar su preferencia en la siguiente, dependiendo de la situación económica, la percepción sobre la gestión gubernamental y las propuestas de los candidatos.

La política dominicana ha entrado en una etapa en la que las redes sociales, los medios digitales, los influencers y las nuevas formas de comunicación tienen una influencia cada vez mayor en la formación de opinión.

Por eso, los partidos ya no compiten únicamente por controlar estructuras territoriales. También compiten por la atención, la confianza y la credibilidad de una ciudadanía que recibe información permanentemente desde múltiples plataformas.

Seguridad, economía y costo de la vida

De aquí a 2028, algunos temas parecen destinados a ocupar el centro del debate nacional.

La seguridad ciudadana será uno de ellos. La población quiere vivir, trabajar y desplazarse con tranquilidad, y cualquier candidato que aspire a la Presidencia tendrá que presentar una política clara frente a la delincuencia, el crimen organizado y la prevención del delito.

El costo de la vida será otro factor determinante. La inflación, los precios de los alimentos, los combustibles, los medicamentos, la vivienda y los servicios básicos forman parte de las preocupaciones cotidianas de las familias dominicanas.

En las elecciones, las grandes estadísticas económicas pueden tener menos peso que la percepción de una madre cuando llega al supermercado, de un trabajador cuando recibe su salario o de un joven cuando busca su primer empleo.

La economía, finalmente, se mide también desde la experiencia cotidiana.

El tema haitiano y la migración

La situación haitiana continuará siendo uno de los asuntos más delicados de la agenda nacional.

La República Dominicana tendrá que mantener el equilibrio entre la defensa de su soberanía, el control de sus fronteras y el cumplimiento de sus responsabilidades internacionales, en medio de una crisis haitiana que ha adquirido dimensiones regionales.

El debate migratorio puede tener una fuerte incidencia electoral, pero requerirá de propuestas responsables. El tema no puede reducirse únicamente a consignas políticas. Deberá abordarse desde la seguridad fronteriza, el mercado laboral, la salud, la educación, la economía y las relaciones internacionales.

Quien aspire a gobernar el país en 2028 tendrá que presentar una política migratoria clara, ejecutable y compatible con los intereses nacionales.

La corrupción y la confianza institucional

Otro de los grandes desafíos será la percepción ciudadana sobre la corrupción y la transparencia.

Los dominicanos no solamente esperan obras públicas. También demandan instituciones eficientes, justicia, transparencia y funcionarios capaces de rendir cuentas.

La confianza institucional será, por tanto, uno de los principales capitales electorales de 2028.

Las alianzas pueden cambiar el escenario

Las alianzas políticas volverán a desempeñar un papel importante.

En un sistema electoral donde varios partidos pueden competir por espacios de poder, los acuerdos entre organizaciones pueden modificar considerablemente el panorama. Una candidatura fuerte puede necesitar aliados para ampliar su base electoral, mientras que partidos pequeños pueden encontrar en las alianzas una vía para mantener representación.

Sin embargo, las alianzas también tienen riesgos. Cuando los acuerdos parecen responder únicamente a intereses electorales, pueden generar rechazo entre los ciudadanos.

El desafío estará en construir acuerdos que tengan sentido político y programático, y no solamente electoral.

Una política que ya no se decide únicamente en los partidos

El escenario dominicano de cara a 2028 también estará marcado por una transformación profunda de la comunicación política.

La televisión y la radio siguen teniendo influencia, pero las redes sociales han cambiado la manera de hacer campaña. Una declaración de un dirigente puede convertirse en tendencia nacional en cuestión de minutos, mientras una figura sin trayectoria partidaria puede alcanzar una enorme capacidad de movilización.

Esto obliga a los partidos tradicionales a competir en un terreno donde ya no tienen el monopolio de la comunicación política.

El ciudadano puede recibir directamente el mensaje de un candidato, cuestionarlo, compartirlo o rechazarlo sin necesidad de pasar por las estructuras tradicionales de los partidos.

2028: más que una elección de nombres

La próxima elección presidencial no debería analizarse únicamente desde la perspectiva de quién será candidato.

La verdadera discusión será qué modelo de país quiere la sociedad dominicana.

El electorado tendrá que decidir entre continuidad y cambio, experiencia y renovación, estabilidad y transformación.

Pero, sobre todo, tendrá que evaluar quién presenta mayor capacidad para gobernar un país que enfrenta desafíos económicos, sociales, institucionales, migratorios y de seguridad cada vez más complejos.

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