Por Becker Márquez Bautista
Hace poco sostuve una conversación con un amigo sobre las recientes denuncias de Francisco Javier García acerca del medio millón de militantes que la CONAP pretende excluir del padrón electoral para la consulta que se celebrará el 18 de octubre.
Esto inevitablemente trae a la memoria los fantasmas del pasado: en 2019 se habló de un algoritmo, y hoy parece gestarse un gran fraude montado internamente para beneficiar a Gonzalo y perjudicar a los demás aspirantes.
Para entender la magnitud de esta crisis, es necesario mirar en retrospectiva. El fallecido líder peledeísta y entonces secretario general, Reinaldo Pared Pérez, cuestionó en su momento las condiciones internas que rodearon el surgimiento de la candidatura de Gonzalo Castillo y denunció que una parte del Estado favorecía sus aspiraciones.
La crisis de 2019 no fue producto de la casualidad, sino de la violación sistemática de los pactos internos:
Ruptura del acuerdo: Pared Pérez criticó que Gonzalo Castillo no formaba parte originalmente del pacto entre seis precandidatos del danilismo, quienes habían acordado medirse mediante encuestas. Posteriormente, Castillo manifestó que aceptaba someterse al mecanismo establecido por los demás aspirantes.
Retiro de precandidaturas: Reinaldo Pared Pérez y Carlos Amarante Baret retiraron sus aspiraciones cuestionando las condiciones de la competencia interna y denunciando ventajas en favor de Castillo.
Impacto electoral: Aquella confrontación terminó profundizando las diferencias internas del PLD, que posteriormente enfrentaría la salida de Leonel Fernández y una división que transformó el escenario político nacional.
En una entrevista concedida en aquel momento, Reinaldo explicó que el acuerdo había sido suscrito originalmente por seis precandidatos y que Gonzalo Castillo no formaba parte de este.
La salida de Leonel Fernández
Las primarias simultáneas del 6 de octubre de 2019 terminaron de consolidar la crisis. Gonzalo Castillo resultó ganador del proceso interno del PLD, mientras el equipo del expresidente Leonel Fernández denunció irregularidades y un supuesto fraude electrónico en el conteo de los votos.
Tras rechazar los resultados, Fernández renunció a la presidencia y militancia del PLD el 20 de octubre de 2019. El PLD rechazó posteriormente las acusaciones de fraude formuladas por Fernández.
Los caballos de Troya y el llamado a la dirigencia
Hoy, la historia parece repetirse. Hay que reconocer que Gonzalo está siendo apoyado por unos “caballos de Troya” dirigidos estratégicamente para desmoronar lo que queda del PLD, llevándolo a acudir a los comicios de 2028 sumido en una profunda crisis, lo cual solo beneficiaría a otros partidos.
Ante este sombrío panorama, la alta dirigencia tiene que asumir su responsabilidad histórica. El expresidente Danilo Medina está en la obligación ineludible de garantizar que el PLD acuda unido y fortalecido a las elecciones de 2028; permitir que las ambiciones desmedidas sigan marcando la pauta es firmar la sentencia de muerte de la organización.
Por su parte, Gonzalo Castillo debe hacer un acto de profunda autocrítica frente a la pésima imagen que proyecta ante las bases. Su comportamiento divisor y su insistencia en ser un obstáculo han dejado cicatrices imborrables. Si realmente le duele el partido, debe comprender que, en la política actual, su figura resta más de lo que suma y que empujar al PLD a una nueva fractura es un error que la historia no le perdonará.
Finalmente, la dirigencia peledeísta debe entender que la organización tiene la obligación absoluta de mantener su crecimiento y consolidar sus fuerzas de cara a 2028. Si no logra blindar la unidad y frenar estas agendas divisoras, corre el riesgo de llegar debilitada a las próximas elecciones.
Hoy, la unidad y la sensatez no son una simple opción, sino que constituyen, a juicio de quien escribe, la principal garantía de supervivencia política del PLD frente a la maquinaria del oficialismo.

