Por: Lic. César Fragoso
Asesor inmobiliario
Hace algunos meses escribí sobre Boca Chica y las señales que comenzaban a colocar nuevamente esta zona en el radar inmobiliario de la República Dominicana. En aquel momento hablábamos principalmente de expectativas, proyectos y posibilidades. Hoy regreso al tema para observar qué está ocurriendo realmente y qué puede significar para quienes tienen o piensan comprar una propiedad allí.
En bienes raíces una cosa es anunciar un proyecto y otra muy diferente transformar un territorio. El valor de una propiedad no depende solamente del apartamento, casa o terreno que compramos. También depende de lo que ocurre alrededor: calles, saneamiento, servicios, conectividad, espacios públicos, turismo, comercio y nuevas inversiones.

Eso es precisamente lo interesante de Boca Chica en este momento. En mayo de 2026 el Gobierno anunció un programa de transformación integral con inversiones públicas y privadas superiores a RD$20,000 millones. El plan contempla infraestructura vial, saneamiento, iluminación, turismo, educación, salud, espacios recreativos y titulación.
Desde mi punto de vista, una de las inversiones que debemos observar con mayor atención no es necesariamente la más vistosa. Me refiero al alcantarillado sanitario. En julio de este año INAPA inició formalmente una obra destinada a mejorar el saneamiento y crear mejores condiciones para el crecimiento sostenible de Boca Chica.
¿Por qué debe interesarle esto a un propietario o inversionista? Porque ningún destino turístico puede sostener un crecimiento importante solamente construyendo apartamentos. Para recibir más residentes, visitantes y negocios necesita agua, saneamiento, calles, drenaje y servicios capaces de soportar ese crecimiento.
También está cambiando el frente turístico. El Ministerio de Turismo anunció una inversión de RD$600 millones para intervenir la playa, el malecón y otros espacios de Boca Chica. A esto se suman trabajos en áreas públicas, iluminación, paisajismo, estacionamientos y facilidades destinadas a mejorar la experiencia de residentes y visitantes.
Esto tiene relación directa con los bienes raíces. Una propiedad puede permanecer exactamente en el mismo lugar y cambiar significativamente el entorno que la rodea. Cuando mejoran los espacios públicos, la movilidad, la iluminación y la organización del destino, también puede cambiar la percepción que compradores e inversionistas tienen de la zona.
Boca Chica posee además una ventaja que ningún desarrollador necesita construir: su ubicación. Está próxima a Santo Domingo, conectada por la autopista Las Américas y situada cerca de uno de los principales aeropuertos del país. Esa combinación permite pensar en una demanda que no necesariamente tiene que depender solamente del turista tradicional.
Precisamente el Aeropuerto Internacional de Las Américas atraviesa su propia transformación. Aerodom desarrolla una nueva terminal de aproximadamente 35,000 metros cuadrados, dentro de una inversión cercana a US$400 millones, con capacidad proyectada para atender unos cuatro millones de pasajeros al año y cuya apertura está prevista para 2028.
Cuando juntamos todas estas piezas, la perspectiva cambia. Ya no hablamos solamente de una playa próxima a Santo Domingo. Estamos observando un corredor donde coinciden turismo, aeropuerto, actividad portuaria y logística, infraestructura vial, saneamiento y nuevos desarrollos residenciales.
Esa combinación puede generar diferentes tipos de demanda inmobiliaria: vivienda permanente, segunda residencia, alquiler tradicional, alojamiento temporal y propiedades destinadas a personas vinculadas con las actividades económicas de la zona. Precisamente esa diversidad de compradores puede ser uno de los aspectos que debemos seguir observando.
He tenido la oportunidad de trabajar directamente el mercado inmobiliario de Boca Chica, incluyendo proyectos como Trino Mar. Algunos compradores buscan disfrutar una propiedad próxima al mar; otros piensan en alquiler; y algunos dominicanos residentes en el exterior valoran especialmente estar cerca de Santo Domingo y del aeropuerto.
Sin embargo, debemos hacer una advertencia. Que una zona reciba importantes inversiones no significa que todas sus propiedades aumentarán automáticamente de valor. Dentro de Boca Chica pueden existir grandes diferencias dependiendo de ubicación, precio, construcción, mantenimiento, administración, acceso, documentación y características particulares de cada proyecto.
Por eso, más que preguntar cuánto aumentará de precio Boca Chica, debemos preguntarnos qué sectores recibirán directamente el impacto de las obras, qué proyectos están mejor ubicados, qué propiedades tendrán mayor demanda y, especialmente, si el precio que estamos pagando hoy corresponde a su realidad o ya incorpora expectativas futuras.
Existe una diferencia importante entre invertir porque una zona está de moda e invertir porque comprendemos hacia dónde se está desarrollando. El inversionista debe observar infraestructura, conectividad, demanda y planificación urbana. Muchas veces una parte importante del futuro valor de una propiedad se está construyendo fuera de los límites del proyecto.
Por eso regreso hoy a Boca Chica. No para repetir que tiene potencial, sino porque algunas expectativas comienzan a convertirse en obras. ¿Estamos ante el comienzo de un nuevo ciclo inmobiliario? ¿Qué sectores se beneficiarán primero? ¿Dentro de algunos años veremos este período como el momento en que comenzó a cambiar el valor inmobiliario de Boca Chica? Me gustaría conocer su opinión.

