Por Milton Cabrera
Profesor de la Escuela de Mercadotecnia de la UASD
El formato combinaría competencia, debate público, votación digital y evaluación de expertos para seleccionar una fórmula presidencial.
SANTO DOMINGO.– ¿Qué pasaría si un partido político decidiera trasladar la competencia por el liderazgo político al formato de un reality show?
La idea podría parecer provocadora, pero plantea un experimento de comunicación política que combinaría competencia, debate público, participación digital y evaluación especializada para seleccionar a quienes ocuparían las candidaturas a la Presidencia y Vicepresidencia de la República.
El proyecto reuniría a varios aspirantes en una producción de televisión dividida en episodios. Durante la competencia, los participantes enfrentarían diferentes pruebas destinadas a evaluar sus capacidades de comunicación, convivencia, criterio público y toma de decisiones.
El objetivo sería determinar quiénes alcanzan las mejores puntuaciones para conformar una fórmula presidencial.
Política convertida en competencia televisiva
Los concursantes tendrían que enfrentarse a situaciones relacionadas con problemas concretos de la realidad dominicana, entre ellos la inflación, el costo de la vida, los apagones, la crisis energética, los combustibles y la gestión pública.
Las pruebas podrían incluir discursos, debates, elaboración de planes de contingencia, ejercicios de representación ciudadana y actividades sociales.
De esta manera, el público tendría la posibilidad de observar no solamente la capacidad de los aspirantes para hablar frente a una cámara, sino también su manera de analizar problemas, responder ante situaciones difíciles, interactuar con otras personas y plantear soluciones.
La competencia buscaría mostrar tanto las capacidades técnicas como las habilidades interpersonales de cada participante.
Una puntuación combinada
El sistema de evaluación sería acumulativo y combinaría dos componentes: la valoración de un panel de especialistas y la votación de la audiencia digital.
Los episodios de eliminación introducirían un elemento adicional de competencia. Los puntos obtenidos serían descontados del acumulado y abandonaría el programa quien terminara en la última posición.
Para otorgar mayor legitimidad al proceso, las reglas de evaluación tendrían que ser públicas desde el inicio, al igual que los mecanismos de desempate y los controles destinados a verificar las votaciones.
El sistema también contemplaría mecanismos para limitar la participación digital a residentes o ciudadanos de la República Dominicana.
Entre el espectáculo y la democracia
La principal apuesta del proyecto estaría precisamente en combinar entretenimiento y política.
Un formato de esta naturaleza podría acercar el debate público a sectores de la población que normalmente permanecen alejados de los contenidos políticos tradicionales, especialmente audiencias jóvenes acostumbradas a consumir información mediante plataformas digitales.
Sin embargo, ahí estaría también uno de sus mayores riesgos.
La popularidad no necesariamente equivale a capacidad para gobernar.
Un candidato podría tener una enorme capacidad para generar audiencia, dominar las redes sociales o desenvolverse frente a las cámaras y, al mismo tiempo, carecer de los conocimientos, experiencia o criterio necesarios para ejercer una función de Estado.
Por eso, una eventual producción tendría que garantizar que la votación digital no sustituya la evaluación rigurosa de las propuestas y capacidades de los participantes.
También sería indispensable establecer reglas iguales para todos, mecanismos de transparencia y controles que impidan que el espectáculo termine imponiéndose sobre la deliberación ciudadana.
Un experimento político y mediático
De concretarse, el proyecto constituiría un experimento mediático sin precedentes dentro de su contexto.
La competencia reuniría elementos propios de un programa de televisión con herramientas de participación política: desempeño frente a las cámaras, evaluación de especialistas, debates, pruebas de conocimiento y participación de la audiencia mediante plataformas digitales.
La pregunta fundamental sería si un formato concebido para entretener puede convertirse también en una herramienta para identificar liderazgos políticos.
El verdadero desafío no estaría en hacer atractivo el programa, sino en conseguir que detrás del espectáculo exista un proceso serio, transparente y capaz de valorar quiénes están realmente preparados para conducir los destinos del país.
El autor es profesor de la Escuela de Mercadotecnia de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

