Los indicadores muestran una recuperación de la economía dominicana durante 2026, pero crecimiento económico y bienestar familiar no son necesariamente lo mismo. El costo acumulado de la vida, los alimentos, combustibles, vivienda y crédito ayudan a explicar por qué las cifras macroeconómicas pueden sentirse diferentes en los hogares.
SANTO DOMINGO.– La economía dominicana volvió a mostrar señales importantes de crecimiento. En junio de 2026, el Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE) registró una expansión interanual de 6.4 %, mientras que durante el primer semestre el crecimiento acumulado alcanzó 4.5 %, según datos del Banco Central de la República Dominicana.
Son cifras positivas. Sin embargo, cuando se habla de crecimiento económico surge una pregunta frecuente entre ciudadanos que continúan enfrentándose diariamente al costo de los alimentos, transporte, vivienda, servicios y financiamientos:
Si la economía está creciendo, ¿por qué no necesariamente se siente de la misma manera en los bolsillos?
La explicación comienza por comprender que crecimiento económico y bienestar individual están relacionados, pero no significan exactamente lo mismo.
Crecimiento económico no significa que todos los ingresos crezcan igual
Cuando se informa que la economía creció 4 %, 5 % o 6 %, no significa que el ingreso de cada dominicano haya aumentado en esa proporción.
El crecimiento mide fundamentalmente el aumento de la producción de bienes y servicios del país. Algunos sectores pueden expandirse considerablemente mientras otros permanecen estancados y determinados trabajadores pueden beneficiarse mucho más que otros.
Por eso una economía puede presentar buenos indicadores generales sin que sus resultados sean percibidos inmediatamente por todos los hogares.
El ciudadano compara su salario con lo que puede comprar
Para una familia, probablemente el indicador económico más importante no sea el crecimiento del PIB.
Es cuánto puede comprar con sus ingresos.
Ahí aparece uno de los principales elementos que explican la diferencia entre las estadísticas económicas y la percepción cotidiana: los precios.
La inflación interanual alcanzó 5.67 % en junio de 2026, superando temporalmente el límite superior del rango meta establecido por el Banco Central. Entre los componentes que incidieron estuvieron combustibles, pollo y determinados servicios.
Estos productos tienen una característica importante: forman parte de gastos que las familias encuentran constantemente.
El ciudadano no experimenta la inflación como un porcentaje. La experimenta cuando compra alimentos, llena el tanque de combustible, paga transporte o cubre los servicios del hogar.
Menor inflación no significa precios más bajos
Este punto suele generar confusión.
Cuando la inflación disminuye, no necesariamente significa que los precios están bajando.
Puede significar simplemente que continúan aumentando, pero a menor velocidad.
Por ejemplo, un producto que pasó de RD$100 a RD$120 durante un período inflacionario no vuelve automáticamente a RD$100 cuando la inflación comienza a moderarse.
Puede pasar posteriormente a RD$123 en lugar de RD$130.
La inflación bajó, pero para el consumidor el producto continúa considerablemente más caro que antes.
Ese efecto acumulativo es fundamental para entender por qué la percepción de los hogares puede tardar mucho más en mejorar que determinados indicadores macroeconómicos.
La canasta familiar sigue ejerciendo presión
Otro elemento importante es el costo de mantener un hogar.
El costo promedio nacional de la canasta familiar alcanzó aproximadamente RD$49,268 en mayo de 2026, aunque existe una diferencia considerable dependiendo del nivel de ingresos de cada grupo familiar.
Para los hogares de menores ingresos, alimentos y transporte representan una proporción especialmente importante de sus gastos.
Esto significa que aumentos relativamente pequeños en productos esenciales pueden tener un impacto mucho mayor sobre estas familias que sobre aquellas con ingresos elevados.
El crédito también pesa en los hogares
No todo depende de los precios.
El costo del dinero también influye.
La tasa activa promedio de los bancos múltiples se encontraba alrededor de 13.6 % en junio, lo que mantiene elevados los costos asociados al financiamiento.
Una familia que paga préstamos, tarjetas de crédito, financiamiento de vehículos o vivienda puede experimentar una realidad económica muy diferente a la que reflejan las cifras generales de crecimiento.
Lo mismo ocurre con pequeñas empresas que necesitan crédito para mantener inventarios, adquirir equipos o ampliar sus operaciones.
Pero los datos también muestran mejoras
Sería incorrecto concluir que el crecimiento económico dominicano no está produciendo beneficios sociales.
Los datos disponibles muestran justamente lo contrario en algunos indicadores.
Durante 2025, el salario promedio nominal aumentó 8.8 %, mientras el salario real —descontando el efecto de la inflación— creció 4.9 %. El ingreso real per cápita de los hogares también aumentó 6.5 %, según el Boletín de Pobreza Monetaria elaborado por las autoridades.
Además, durante el primer trimestre de 2026 la tasa de pobreza monetaria disminuyó de 18.1 % a 15.4 %, una reducción significativa atribuida, entre otros factores, al incremento de los ingresos laborales y los ajustes salariales.
Por tanto, afirmar que el crecimiento no está llegando a la población sería demasiado absoluto.
Los datos muestran que sí existen mejoras.
La cuestión es que no necesariamente llegan con la misma intensidad a todos los ciudadanos ni compensan inmediatamente el incremento acumulado del costo de vida de los últimos años.
Dos realidades pueden coexistir
Esta es probablemente la clave para comprender el fenómeno.
Puede ser cierto que República Dominicana esté creciendo económicamente y, simultáneamente, que una familia continúe sintiendo dificultades para cubrir sus gastos.
No existe necesariamente una contradicción.
El país puede producir más, generar más empleos y reducir la pobreza mientras determinados hogares continúan enfrentando dificultades por el costo de los alimentos, alquileres, transporte, servicios o endeudamiento.
Las estadísticas nacionales representan el comportamiento promedio de millones de personas y empresas. La economía doméstica representa una realidad individual.
Y ambas pueden evolucionar a velocidades diferentes.
El verdadero desafío: convertir crecimiento en bienestar perceptible
República Dominicana tiene una larga trayectoria de crecimiento económico que la ha colocado entre las economías más dinámicas de América Latina y el Caribe.
El desafío ya no consiste únicamente en crecer.
Consiste en lograr que ese crecimiento produzca mejoras suficientemente amplias y sostenidas en salarios reales, productividad, empleo formal, vivienda, servicios públicos y poder adquisitivo.
Porque para el ciudadano el éxito económico no se mide únicamente en porcentajes publicados por las instituciones.
Se mide en algo mucho más sencillo: cuánto gana, cuánto paga y cuánto dinero le queda después de cubrir las necesidades de su familia.
Y mientras exista una distancia importante entre los indicadores macroeconómicos y esa experiencia cotidiana, seguirá apareciendo la misma pregunta:
Si la economía dominicana crece, ¿por qué yo todavía no lo siento?

