Por Víctor Manuel Grimaldi Céspedes
Europa conserva en su bandera una imagen que un cristiano reconoce de inmediato: doce estrellas dispuestas en círculo sobre un fondo azul.
La semejanza con la iconografía mariana permite formular una pregunta que va mucho más allá de la historia de un emblema: ¿qué sucede cuando una civilización sigue utilizando símbolos vinculados a una tradición espiritual que parte de su cultura pública considera superada?
Andrea Gagliarducci planteó esta paradoja el 13 de octubre de 2012 en Korazym, en su artículo «La bandiera europea e le dodici stelle di Maria».
Ahora la ha recuperado al contar su participación como moderador en la conferencia «Raíces que construyen el futuro: san Benito y los valores que han dado forma a Europa», celebrada en Estrasburgo.
El programa del Grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos confirma el encuentro del 20 de octubre, vinculado a la denominación de su sala WIC 200 del Parlamento Europeo como Sala Benito de Nursia.
Incluía a Antonella Sberna, Nicola Procaccini, Marco Squarta, el nuncio Bernardito Auza, el abad primado Jeremias Schröder, los alcaldes de Nursia, Subiaco y Cassino, y Rod Dreher por videoconferencia. En su relato, Gagliarducci menciona también a Carlo Fidanza. [1]
La reunión reúne dos preguntas inseparables: qué recibió Europa del cristianismo y qué quiere hacer con esa herencia.
En su publicación personal, Gagliarducci recuerda Montecassino, visible desde el balcón de su casa en Pontecorvo, y el vínculo benedictino de su localidad.
Es una imagen reveladora: la historia europea también puede contemplarse desde una ventana. Antes de aparecer en los tratados, Europa se fue formando en comunidades, monasterios, escuelas, caminos y lugares de oración.
El argumento central de su artículo de 2012 se refiere a Arsène Heitz y a la inspiración mariana de su propuesta para la bandera.
Según ese relato, la Medalla Milagrosa que llevaba el diseñador y su devoción a la Inmaculada explican la corona de estrellas sobre el azul.
El referente es la mujer del capítulo duodécimo del Apocalipsis, cuya corona tiene doce estrellas y en quien la tradición católica reconoce una imagen de María, además de sus dimensiones simbólicas relacionadas con el pueblo de Dios. [2]
Conviene distinguir aquí la inspiración religiosa atribuida al creador del significado que una institución adopta oficialmente.
El Consejo de Europa presenta las doce estrellas como expresión de perfección y plenitud, y el círculo como símbolo de unión. Su explicación admite resonancias bíblicas —los apóstoles y los hijos de Jacob— junto con otras referencias culturales. La bandera tiene una significación institucional abierta a todos los europeos. [3]
Reconocer esa diferencia fortalece el argumento histórico. Una inspiración cristiana puede contribuir a un símbolo común sin imponer una profesión de fe a quienes lo utilizan.
También importa recordar que la bandera nació en el Consejo de Europa en 1955, antes de su adopción por las Comunidades Europeas en la década de 1980. Por eso, la referencia del artículo de Gagliarducci a los seis Estados mezcla dos procesos institucionales distintos. El número doce no expresa la cantidad de miembros. [3]
La cuestión de fondo permanece: ¿por qué resulta tan difícil reconocer una herencia religiosa cuando sus huellas están presentes en el paisaje, el arte, el lenguaje y la memoria colectiva?
Gagliarducci evocaba la controversia sobre las raíces cristianas durante la elaboración de la Constitución europea. El tratado firmado en 2004 sí mencionó la herencia cultural, religiosa y humanista de Europa, aunque evitó nombrar expresamente al cristianismo.
La disputa concernía, por tanto, a la identificación concreta de una tradición histórica, y no a la ausencia absoluta de toda referencia religiosa. [4]

Desde una perspectiva cristiana, esa omisión puede interpretarse como síntoma de una dificultad más amplia: disfrutar de una herencia y sentirse incómodo ante el nombre de quienes ayudaron a transmitirla.
Durante las últimas dos décadas, la secularización ha seguido transformando sociedades europeas. Los datos permiten medir parte de ese cambio. Pew Research Center calcula que, entre 2010 y 2020, la proporción de cristianos en Europa descendió del 75 % al 67 %, mientras la población sin afiliación religiosa aumentó del 18 % al 25 %. Son cifras del conjunto de Europa, no exclusivamente de la Unión Europea, y miden identificación religiosa, no intensidad de la fe. [5]
Estos datos muestran un retroceso importante, pero también impiden describir a todos los europeos como ateos. Además, ateísmo, agnosticismo y nihilismo no son equivalentes.
Hay no creyentes con profundas convicciones morales. El nihilismo plantea otra cuestión: la pérdida de confianza en que existan verdades, bienes o deberes capaces de orientar la vida más allá del interés inmediato.
La crítica cristiana más fecunda se dirige a esa reducción del horizonte humano: una sociedad que aprende a producir, consumir y administrar, pero pierde razones para sacrificarse por algo que la trascienda. Esa es una interpretación cultural que debe argumentarse; ninguna estadística sobre asistencia religiosa la demuestra por sí sola.
En este punto adquieren relevancia las intervenciones del vicepresidente estadounidense J. D. Vance. En la Conferencia de Seguridad de Múnich, el 14 de febrero de 2025, situó el peligro principal que percibía para Europa en su interior: el retroceso de valores compartidos, la restricción de la expresión y el debilitamiento de la libertad de conciencia. Su intervención provocó fuertes objeciones entre dirigentes europeos. [6]
Sería inexacto presentar aquel discurso como una exposición sistemática contra el ateísmo, el agnosticismo y el nihilismo. Su eje fue político: la relación entre libertad, democracia y legitimidad. Sin embargo, abre una pregunta pertinente para este debate: ¿puede una sociedad defender sus libertades si pierde confianza en los fundamentos que las sostienen?
Vance desarrolló más explícitamente su interpretación cristiana en una intervención en Mississippi, el 29 de octubre de 2025. Allí vinculó la libertad religiosa y el respeto a la persona con la idea de que cada ser humano está creado a imagen de Dios, y rechazó que la fe debiera imponerse.
Esa es su tesis sobre la genealogía de los derechos; la historia efectiva de su reconocimiento incluye también conflictos, reformas y aportaciones de distintas corrientes. [7]
Hay una consecuencia exigente de esa defensa: la libertad de conciencia debe proteger igualmente al creyente, al ateo y al agnóstico. Reconocer las raíces cristianas de Europa exige respetar la dignidad de quienes no comparten la fe.
La conferencia sobre san Benito aporta una dimensión que el debate político necesita. Benedicto XVI la expresó en París, en el Collège des Bernardins, el 12 de septiembre de 2008: la búsqueda de Dios de los monjes estuvo vinculada al desarrollo de la cultura europea. El estudio de la palabra, la lectura y el trabajo formaban parte de una vida orientada hacia un sentido que excedía la utilidad inmediata. [8]
Recuperar esa enseñanza significa preguntarse qué formación del ser humano sostiene nuestras instituciones. La técnica puede multiplicar los medios disponibles; por sí sola no decide para qué merece la pena vivir.
Las doce estrellas siguen sobre el azul. Para las instituciones representan la unidad europea; para muchos cristianos evocan también a María. Ambas lecturas pueden convivir sin que ninguna persona pierda sus derechos.
La exigencia decisiva es que Europa pueda mirar su pasado sin mutilarlo. Una civilización capaz de reconocer lo que recibió estará mejor preparada para decidir lo que quiere transmitir.
San Benito vuelve así al centro de la pregunta. Europa necesita saber qué está construyendo y con qué esperanza. Sus estrellas pueden seguir iluminando una memoria viva, siempre que quienes las contemplan quieran preguntarse de dónde procede su luz.
Fuentes:
1. Programa del Grupo ECR, conferencia y denominación de la Sala Benito de Nursia; complementado con el testimonio de Gagliarducci facilitado por el lector: https://ecrgroup.eu/2022/
2. Andrea Gagliarducci, Korazym, 13 de octubre de 2012: https://www.korazym.org/4917/
3. Consejo de Europa, historia y simbolismo de la bandera: https://www.coe.int/en/web/
4. Tratado por el que se establece una Constitución para Europa, 2004: https://eur-lex.europa.eu/
5. Pew Research Center, Religion in Europe, 9 de junio de 2025: https://www.pewresearch.org/
6. Discurso de Múnich, registro de la Casa Blanca: https://www.whitehouse.gov/
7. Intervención de Vance del 29 de octubre de 2025, transcripción publicada por RealClearPolitics: https://www.realclearpolitics.
8. Benedicto XVI, Collège des Bernardins, 12 de septiembre de 2008: https://www.vatican.va/

